Katia Cobas, médico estético, explica cómo cambia la piel al perder peso.

Katia Cobas, médico estético, explica cómo cambia la piel al perder peso. Clínica Elysian

Salud y Bienestar

Katia Cobas, médico estético: "Dos pacientes que pierden los mismos kilos pueden necesitar abordajes completamente diferentes"

La cantidad de peso perdido, la velocidad del proceso y el estado previo de la piel influyen en la aparición de flacidez.

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Perder peso puede cambiar algo más que la talla de la ropa. Cuando disminuye el volumen bajo la piel, los tejidos tienen que adaptarse al nuevo contorno. Esa transformación puede hacerse visible tanto en el rostro como en el cuerpo.

La respuesta no es igual en todas las personas. La edad, la genética, la exposición solar acumulada o el tabaquismo pueden influir en el estado de la piel. También importan la cantidad de peso perdido y la velocidad del proceso.

La doctora Katia Cobas, médico estético y directora médica de Clínica Elysian, en Valencia, explica que estas diferencias condicionan cualquier valoración: "Dos pacientes que pierden los mismos kilos pueden necesitar abordajes completamente diferentes".

Por eso, su planteamiento pasa por prestar atención a la piel durante la pérdida de peso, especialmente cuando se prevé una reducción importante. Esto no significa que cualquier persona que quiera adelgazar necesite un tratamiento estético.

Cómo cambia la piel

En el rostro, la pérdida de grasa puede hacer más visibles algunas zonas hundidas o la laxitud de los tejidos. En el cuerpo, los cambios pueden apreciarse en el abdomen, los brazos, los muslos o los glúteos.

El grado de flacidez depende de las características de cada persona. Alcanzar una determinada cifra en la báscula no permite anticipar por sí solo cómo quedará la piel ni qué opciones podrían resultar adecuadas.

"Lo que nos interesa desde el punto de vista de la medicina estética no es solamente cómo se ha perdido el peso, sino cuánto volumen se va a perder, a qué velocidad y cuál es la calidad de la piel de la que partimos", señala Cobas.

La doctora propone valorar el tejido desde el inicio cuando se espera una pérdida significativa. Esa valoración debe acompañar el seguimiento médico y nutricional, sin interferir con él.

"No tenemos por qué esperar a que termine de adelgazar y aparezca una flacidez evidente para empezar a preocuparnos por la calidad del tejido", explica.

El papel del colágeno

El colágeno es una de las principales proteínas estructurales de la piel y contribuye a su firmeza y resistencia. Su producción y organización cambian con la edad y pueden verse afectadas por factores como la exposición solar.

En este contexto, Cobas habla de la bioestimulación: tratamientos que buscan estimular la producción de nuevo colágeno mediante una respuesta del propio tejido. La mejoría se plantea de forma progresiva y requiere una valoración médica previa.

"Cuando hablamos de bioestimulación, el concepto no es rellenar por rellenar. Buscamos trabajar con la propia capacidad del tejido para producir colágeno y mejorar progresivamente su calidad", afirma.

La especialista insiste en que los resultados no son inmediatos: "Necesitamos respetar los tiempos biológicos de la piel". Por ese motivo, plantea estos procedimientos como una posible herramienta durante el proceso, cuando estén indicados.

Los inductores de colágeno pueden emplearse en determinadas zonas faciales y corporales, pero no todos los pacientes son candidatos. Tampoco todas las áreas admiten el mismo tratamiento.

"Hay que valorar la edad del paciente, cómo es su piel, cuánto peso está perdiendo, en qué zonas está perdiendo más volumen y qué grado de flacidez existe", explica Cobas.

Estos procedimientos tienen límites. No pueden evitar por completo la piel sobrante tras una pérdida de peso muy importante, y un exceso cutáneo significativo puede superar las posibilidades de la medicina estética.

Adelgazar con GLP-1

La popularización de los tratamientos basados en GLP-1 ha aumentado la atención sobre los cambios físicos que acompañan a algunas pérdidas de peso. Pero la aparición de flacidez no debe atribuirse automáticamente al medicamento.

Una reducción considerable de volumen puede modificar el aspecto del rostro y del cuerpo con independencia del método empleado para adelgazar. También puede ocurrir después de cambios en la alimentación y el ejercicio o de otras estrategias de pérdida de peso.

Para Cobas, la valoración estética debe atender a la evolución de cada paciente y al estado previo de su piel. El método utilizado para adelgazar es parte de esa información, pero no basta para decidir un abordaje.

Los hábitos cuentan

El cuidado de la piel durante este proceso no se limita a los tratamientos. Cobas recuerda la importancia de una alimentación adecuada, con suficiente aporte proteico, y del ejercicio de fuerza para ayudar a preservar la masa muscular.

Evitar el tabaco y proteger la piel de la radiación ultravioleta forman parte de esos cuidados. La rutina cosmética también puede adaptarse a las necesidades de cada persona.

"Los tratamientos de bioestimulación son una herramienta, pero no sustituyen unos buenos hábitos", recuerda la doctora. "El objetivo debe ser global: perder peso de una manera controlada, preservar la masa muscular y cuidar la calidad de la piel durante todo el proceso".