Mujer haciendo ejercicio.

Mujer haciendo ejercicio. Unsplash

Salud y Bienestar

Cristina Barrous, nutricionista: "No empieces septiembre con una dieta restrictiva: estas son las cinco cosas que evitaría"

Volver a la rutina después de unas merecidas vacaciones no es fácil, pero tampoco debería ser un castigo para tus hábitos.

Más información: Olvídate de la 'operación septiembre': esto es lo que realmente necesita tu cuerpo al volver de vacaciones

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El noveno mes del año llega con una presión curiosa: la sensación de que, de pronto, toca ponerlo todo en orden. La alimentación, el ejercicio, los horarios, el peso, el sueño. Como si el verano hubiese sido una especie de paréntesis del que ahora tuviéramos que rendir cuentas.

Y ahí aparece la palabra que más me preocupa: compensar.

Después de unas semanas de vacaciones, comidas fuera de casa, horarios cambiantes, más vida social, alguna copa de más y menos ejercicio del habitual, nuestro cerebro —muy acostumbrado a pensar en términos de «bien» y «mal» cuando hablamos de alimentación— busca recuperar el equilibrio yéndose justo al extremo contrario.

Pero cuidarse no debería ser la penitencia por haber disfrutado del verano.

Por eso, si tuviera que elegir cinco cosas que no haría para volver a sentirme bien sin entrar en dinámicas de restricción y culpa, serían estas.

Zumo verde.

Zumo verde. iStock

1. Esperar a septiembre

La primera puede parecer obvia, pero quizá sea la más importante: no esperaría a una fecha concreta para comenzar.

El lunes. El día 1. Cuando terminen las vacaciones. Cuando los niños vuelvan al colegio. Cuando tenga menos trabajo.

Nos pasamos media vida esperando ese momento perfecto en el que, por fin, todo encajará y podremos hacerlo «bien». Mientras tanto, vamos aplazando pequeños cambios que podríamos incorporar hoy mismo.

Porque los hábitos no necesitan una fecha de estreno.

Si quieres beber más agua, puedes empezar hoy. Si quieres caminar más, puedes salir esta tarde. Si quieres cocinar con más frecuencia, no necesitas esperar a que empiece septiembre.

Volver a desayunar con calma. Recuperar los paseos. Cocinar un par de días más en casa. Comer verduras a diario. Acostarnos un poco antes. Elige uno.

Y cuando ese cambio deje de exigirnos esfuerzo mental y empiece a formar parte de nuestra vida, podemos incorporar el siguiente.

2. Compensar con un 'detox'

Llegan los zumos verdes, los ayunos, los días a base de purés, la eliminación de los carbohidratos y otros planes destinados —en teoría— a borrar los excesos del verano en tiempo récord.

Pero nuestro organismo no necesita que lo sometamos a una dieta de castigo para volver a funcionar. Ya dispone de sus propios mecanismos para procesar y eliminar aquello que no necesita.

Lo que sí podemos hacer es algo mucho menos espectacular y bastante más útil: volver a una alimentación variada y predecible.

Recuperar las verduras y la fruta. Volver a incluir legumbres, pescado, huevos, frutos secos, aceite de oliva y cereales integrales. Beber agua. Recuperar horarios que nos resulten cómodos. Sentarnos a comer.

No para compensar lo que hemos hecho durante el verano, sino para volver a comer de una manera que nos siente bien.

Y la diferencia no es menor: la compensación nace de la culpa; recuperar hábitos nace del cuidado.

Una mujer en una báscula.

Una mujer en una báscula. iStock

3. Que la báscula sea el juez

Hay otra escena muy típica: subirnos a la báscula después de semanas sin hacerlo y permitir que una cifra decida cómo hemos "hecho las cosas" durante el verano.

En realidad, el peso corporal fluctúa por multitud de razones: la cantidad de sal que hemos consumido, el alcohol, la digestión, los cambios hormonales, el sueño, los horarios, la actividad física o, sencillamente, la cantidad de agua que retiene nuestro organismo.

Por eso, pesarnos el primer día de septiembre y concluir que "todo ha ido mal" porque la cifra es mayor que en junio no nos aporta demasiada información.

El peso de un día no habla de nuestra salud.

Vivimos, además, en una cultura que ha establecido una relación demasiado estrecha entre delgadez y salud. Es comprensible que hayamos interiorizado esa asociación, pero no por ello deja de ser problemática.

Si queremos saber cómo estamos, hay preguntas bastante más interesantes: ¿cómo dormimos?, ¿cómo nos sentimos?, ¿nos estamos moviendo?, ¿cómo está nuestra digestión?, ¿tenemos energía?, ¿cómo estamos comiendo?

Cuanto más depositamos nuestro bienestar en una cifra, más fácil resulta entrar en ese círculo conocido de restricción, pérdida de peso, exceso y nueva restricción.

Quizá esta vuelta a la rutina podamos probar otra cosa: retomar el autocuidado y dejar que el cuerpo encuentre su equilibrio sin exigirle resultados inmediatos.

4. Pretender perfección

Este es, probablemente, uno de los grandes enemigos de los propósitos de la temporada.

Me cuesta mucho más creer en el septiembre de la dieta perfecta, el gimnasio cinco días por semana, cero alcohol, ocho horas de sueño, dos litros de agua, cocina casera diaria, meditación y madrugones que en una versión bastante más modesta de todo lo anterior.

Porque la vida real tiene poco que ver con una lista de hábitos perfectamente cumplida.

Hay trabajo, niños, reuniones, viajes, cenas con amigos, semanas agotadoras y días en los que lo último que nos apetece es hacer ejercicio o cocinar.

Por eso prefiero los cambios pequeños que siguen siendo posibles cuando la semana se tuerce.

Caminar media hora al día. Cocinar dos cenas más en casa. Incorporar una ración de verduras a una comida. Intentar acostarnos un poco antes.

La salud no se construye a base de perfección. Se construye con hábitos suficientemente buenos que somos capaces de repetir durante mucho tiempo.

Y también aprendiendo a convivir con los días en los que no hacemos las cosas especialmente bien.

Una cena improvisada no arruina nuestra alimentación. Una comida fuera tampoco. Ni siquiera una semana complicada.

Lo que puede hacer que abandonemos es pensar que, como no hemos podido hacerlo perfecto, ya no merece la pena seguir.

Mujeres corriendo.

Mujeres corriendo. iStock

5. Hacerlo sola

Esta última tiene menos que ver con lo que ponemos en el plato y mucho más con la manera en que construimos nuestra vida.

Durante años hemos hablado de los hábitos saludables como si dependieran, casi exclusivamente, de nuestra fuerza de voluntad. Pero nuestro entorno condiciona las decisiones que tomamos cada día.

Si quieres caminar más, quizá te ayude hacerlo con una amiga.

Si quieres cocinar más, puedes convertirlo en un plan en pareja.

Si quieres recuperar el ejercicio, tal vez te resulte más fácil apuntarte a una actividad que puedas compartir con alguien.

Y si quieres mejorar la alimentación familiar, quizá no tenga sentido convertirlo en una responsabilidad exclusivamente tuya.

Incluso algo tan sencillo como decirle a alguien "este mes quiero cenar mejor entre semana" puede ayudarnos a mantener el compromiso.

Cuídate en compañía

Y esto importa porque los cambios sostenibles no deberían alejarnos de nuestra vida. Deberían ayudarnos a construir una que nos guste más.

No necesitamos convertirnos en personas que comen perfectamente, hacen deporte todos los días y jamás se saltan una rutina.

Necesitamos construir un entorno en el que las decisiones que nos hacen bien sean un poco más fáciles.

Quizá haya llegado el momento de dejar de pensar en septiembre como el mes de recuperar nuestra "mejor versión".

Hemos tenido verano. Vacaciones. Viajes. Comidas con amigos. Helados. Cenas largas. Horarios diferentes. Y todo eso también puede formar parte de una vida saludable.

Ahora toca volver a la rutina. Sin penitencia y sin necesidad de empezar de cero.

No hace falta una dieta milagro ni una lista interminable de prohibiciones. Tampoco necesitamos esperar al próximo lunes para empezar a cuidarnos.

La fecha perfecta, sencillamente, no existe. Porque la vida va a seguir teniendo vacaciones, cumpleaños, cenas, semanas de mucho trabajo y días en los que no tendremos ninguna gana de hacer algo especialmente saludable. Y quizá ahí esté la clave.

Después de años acompañando a personas en sus cambios de alimentación, tengo cada vez más claro que cuidarse no consiste en hacerlo todo bien durante septiembre; sino en encontrar una forma de cuidarnos que siga teniendo sentido cuando llegue octubre.