Mujer disfruntando del sol.

Mujer disfruntando del sol. iStock

Salud y Bienestar

Olvídate de la 'operación septiembre': esto es lo que realmente necesita tu cuerpo al volver de vacaciones

No hace falta empezar de cero ni someterse a una dieta de castigo, basta con retomar poco a poco aquello que nos sienta bien.

Más información: Cristina Barrous, nutricionista: "Una ensalada con ansiedad no siempre es más saludable que una pizza con amigos"

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Después de unas semanas de vacaciones es fácil que aparezca el pensamiento de siempre: "Necesito ponerme a dieta".

Nos sentimos más hinchadas, hemos comido y bebido de otra manera, los horarios se han desordenado, hemos dormido peor y la ropa parece apretar un poco más. Y entonces llega septiembre con su ritual de cada año: compensar.

Pero antes de eliminar los hidratos, saltarse cenas o entregarse a los zumos verdes, quizá convenga hacerse otra pregunta: ¿realmente necesitamos adelgazar o simplemente volver a nuestras rutinas?

Sentirse más hinchada después del verano no significa necesariamente haber ganado una cantidad significativa de grasa corporal. Más alcohol, más sal, comer fuera con frecuencia, dormir peor, alterar el tránsito intestinal o pasar más horas sentados durante los viajes pueden cambiar temporalmente cómo nos sentimos y cómo responde nuestro cuerpo.

La buena noticia es que recuperar esa sensación de ligereza suele requerir mucho menos de lo que imaginamos.

1. Recupera tus horarios

Durante ese break veraniego nos sentamos a la mesa cuando podemos y, muchas veces, cuando nos apetece. Es parte del verano y no tiene nada de malo. El problema aparece cuando ese desorden se prolonga una vez que hemos vuelto a la rutina.

Recuperar cierta regularidad en las comidas puede ayudar a reencontrarnos con nuestro apetito habitual y favorecer unas digestiones más cómodas. No es necesario comer a una hora exacta cada día: se trata simplemente de recuperar una estructura que encaje con nuestra vida.

2. Bebe agua

Después de días de más alcohol, comidas fuera de casa o temperaturas elevadas, es normal notar más sed o cierta retención de líquidos.

La respuesta no es beber cantidades descomunales de agua para eliminar toxinas. Es mucho más sencillo: hidratarse de forma adecuada y repartir los líquidos a lo largo del día. Agua, infusiones, frutas, verduras, gazpachos o caldos también contribuyen.

Y no olvidemos algo importante: nuestro cuerpo ya tiene sus propios sistemas de detoxificación. El hígado y los riñones no necesitan que los pongamos a dieta a base de zumos verdes.

Variedad de vegetales.

Variedad de vegetales. iStock

3. Más vegetales

La vuelta a septiembre es una buena oportunidad para recuperarlos, pero sin necesidad de hacer una dieta depurativa. Verduras en comida y cena, fruta a diario, legumbres varias veces por semana, frutos secos y cereales integrales cuando nos apetezcan son más que suficientes para recuperar una alimentación variada.

Además, la fibra puede ayudar a normalizar el tránsito intestinal, algo que influye directamente en esa incómoda sensación de abdomen hinchado.

4. No evites hidratos

Pan, pasta, arroz y patata suelen estar entre los primeros alimentos que desaparecen cuando llega la necesidad de "compensar". No hace falta.

Este grupo alimenticio forma parte de una dieta saludable y aportan, además, fibra, vitaminas y minerales. El objetivo después del verano no debería ser borrar lo que hemos comido, sino recuperar un patrón de alimentación equilibrado.

Una clase de yoga.

Una clase de yoga. iStock

5. Vuelve a moverte

Entre viajes, terrazas y días sin horarios es posible que durante nuestra estancia en la playa nos hayamos movido menos de lo habitual. La solución no tiene por qué ser pasar de cero a entrenar siete días por semana.

Caminar más, recuperar nuestra actividad cotidiana o empezar algún deporte que nos apetezca puede ser suficiente para volver a activar el cuerpo.

El movimiento debería ayudarnos a sentirnos mejor, no convertirse en una penitencia por haber disfrutado del verano.

6. Reduce ultraprocesados

Si durante las vacaciones han aumentado las cervezas, los helados, los aperitivos o las comidas preparadas, probablemente no necesitemos prohibirlos al volver. Al recuperar nuestra alimentación habitual, su presencia tenderá a reducirse de forma natural.

No hace falta elaborar una lista de alimentos buenos y malos. Se trata de devolver a cada uno su lugar: disfrutar de aquello que nos gusta, pero sin que ocupe el centro de nuestra alimentación diaria.

7. Duerme

Puede parecer una recomendación extraña en un artículo sobre alimentación, pero recuperar el descanso es una de las mejores maneras de volver a sentirnos regulados.

Durante estos meses suelen cambiar los horarios de sueño y, cuando dormimos peor, también pueden alterarse el apetito, la sensación de hambre y las ganas de determinados alimentos.

Septiembre puede ser un buen momento para recuperar, poco a poco, un horario de descanso más estable.

Mujer durmiendo.

Mujer durmiendo. iStock

8. Deja de compensar

Esta quizá sea la regla más importante.

Si el sábado cenamos pizza y tomamos dos copas de vino, el domingo no necesitamos saltarnos el desayuno y comer una ensalada sin aliñar. El cuerpo no funciona como una calculadora que exige devolver, al día siguiente, exactamente lo que hemos comido la víspera.

Una alimentación saludable se construye con nuestros hábitos, no con una comida aislada.

9. Evita sacar conclusiones

No todo cambio corporal después del tiempo de descanso equivale a haber ganado grasa.

Podemos tener más contenido intestinal, mayores depósitos de glucógeno, más agua asociada a ellos o cierta retención de líquidos relacionada con cambios en la alimentación. Por eso, al recuperar nuestros horarios y hábitos habituales, muchas de esas sensaciones pueden desaparecer progresivamente.

La báscula tampoco necesita convertirse en la protagonista de la vuelta de vacaciones.

10. Septiembre es un regreso

Hemos aprendido a vivir septiembre como una especie de enero: dieta nueva, gimnasio nuevo, objetivos nuevos y una larga lista de cosas que supuestamente tenemos que corregir.

Pero no necesitamos empezar de cero. Podemos simplemente volver.

Volver a cocinar más en casa, a comer verduras, a caminar, a dormir mejor, a beber agua, a nuestros horarios y a esa alimentación que sabemos que nos sienta bien.

Y también podemos llevarnos algo del verano: comer sin tanta prisa, alargar una sobremesa, compartir una comida con amigos o disfrutar de un helado sin pensar que después tendremos que compensarlo.

Porque, a veces, la mejor dieta posvacacional consiste precisamente en olvidarte de las restricciones y volver a comer como lo hacemos cuando nuestra vida recupera su ritmo.