Mujer comiendo.

Mujer comiendo. Unsplash

Salud y Bienestar

10 trucos para comer sano en medio de una vida caótica: "No va de hacerlo impecable, simplemente posible"

La experta en nutrición Cristina Barrous sabe que el objetivo no es que tu dieta sea perfecta, es que sea sostenible en el tiempo.

Más información: Desayunar o no, esa es la cuestión: "La respuesta no es elegir bando sino observar cómo reacciona tu cuerpo"

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Hay días imposibles en los que sientes que no llegas a nada.

No contestas a todos los correos, ni haces esa compra pendiente, y ni siquiera puedes sentarte tranquila unos minutos. Por supuesto, tampoco "comes bien".

Porque elegir los alimentos adecuados, según lo que nos han vendido, parece suponer un tremendo esfuerzo con complicaciones de tiempo, planificación, recetas imposibles y una necesidad de calma que, sinceramente, no forma parte de tu vida ahora mismo.

Te encuentras tirando de lo que hay, de lo más rápido y de lo que no requiera pensar.

Poco a poco, aparece esa sensación de culpa de "debería cuidarme más pero no sé cómo hacerlo sin complicarme la vida".

Buenas noticias: comer mejor no va de hacerlo perfecto, se trata de hacerlo posible.

Alimentos sencillos de preparar.

Alimentos sencillos de preparar. Unsplash

1. Empieza por una comida

Uno de los errores más habituales es querer cambiarlo todo de golpe. Esto es poco realista y suele durar poco. Lo justo hasta que hay un desliz, aparece la culpa y decides abandonar los buenos hábitos.

Es mucho más efectivo elegir una sola comida al día y mejorarla. Ya sea un desayuno más completo o quizá una cena un poco más cuidada.

Ese pequeño cambio sostenido tiene mucho más impacto que tres días de perfección.

2. Compra para tu vida real

Hay dos personas que habitan dentro de ti.

Una es una mujer que pasea por el supermercado imaginándose preparando bowls preciosos, con quinoa, verduras asadas y aliños caseros. La otra, llega un martes a las 10 pm a casa y no tiene ni energía ni ganas para cocinar.

La clave está en no hacer demasiado caso a ninguna de las dos. El truco es comprar pensando en tus días caóticos: yogur, fruta, huevos, legumbres cocidas, verduras congeladas, pan de calidad y latas buenas; por ejemplo.

No es la compra perfecta, pero es la que te salva.

3. Ten un "plan mínimo"

No necesitas menús semanales perfectos. Pero sí precisas soluciones rápidas que funcionen.

Por ejemplo, una tortilla con algo de verdura, un yogur con fruta y frutos secos o unas legumbres con aceite de oliva y algo de pollo.

Si tienes tres o cuatro combinaciones claras en la mente, reduces muchísimo la improvisación -y las malas decisiones-.

Verduras.

Verduras. Unsplash

4. Repetir es inteligente

Nos han hecho creer que comer bien implica variedad constante y una creatividad infinita, como si hubiese premio a quien se complica más la vida.

Spoiler: no hay premio. Pero en una vida complicada, la repetición es una herramienta muy valiosa.

El hecho de tener unos cuantos platillos de base que vas rotando durante la semana simplifica todo: menos decisiones, disminuyes el estrés y el margen de error.

A largo plazo, eso es lo que marca la diferencia.

5. Añade antes de quitar

Intentar comer mejor desde la restricción suele acabar mal. Es más útil hacer lo contrario: mejor suma.

Agrega proteína para saciarte más, come más fibra para mejorar tu digestión e incluye grasas de calidad para estabilizar tu energía.

Evita a toda costa las prohibiciones y esa sensación de rigidez que causa ansiedad.

Muchas veces, al implementar este método, el resto se regula solo.

6. No llegues al hambre extrema

Cuando pasas horas sin comer y llegas con un hambre desbordada, no eres capaz de decidir, sólo de reaccionar.

A menudo, eso se traduce en elegir lo más rápido, lo más fácil, lo más denso.

Sin embargo, cuando tienes a mano algo sencillo a media mañana o media tarde, tu día cambia completamente.

No hace falta que sea perfecto, basta con evitar ese impulso de "me como lo primero que vea".

7. Cocina de más

Preparar el doble de comida no cuesta el doble de esfuerzo, pero sí te ahorra muchísimo tiempo en las jornadas siguientes.

Ese arroz extra, esas verduras de más y esa proteína que sobra se convierten en comidas resueltas cuando llevas prisa.

Es uno de los hábitos más simples y más rentables.

8. El 80% es suficiente

Aquí es donde conviene recordar algo muy simple: la regla de Principio de Pareto.

Aplicada a la alimentación, significa que el 80% de los resultados vienen de hacer bien unas pocas cosas de forma constante. No necesitas comer perfecto todos los días.

Necesitas acertar la mayoría del tiempo con lo básico: comida real, suficiente proteína, algo de verdura, horarios más o menos ordenados.

Crema de verduras.

Crema de verduras. Unsplash

Ese 20% restante puede ser mucho más flexible: comidas fuera, días complicados, y antojos no arruinan absolutamente nada. De hecho, es lo que hace a este método sostenible.

Porque comer bien no es un sprint de tres días impecables, es algo que tiene que encajar en tu vida durante años.

9. Cómo comes importa

No es sólo qué alimentos eliges, sino en qué circunstancia.

Comer de pie, con el móvil, respondiendo mensajes, con prisa o frente al ordenador afecta a tu digestión, a tu saciedad y a cómo te sientes después.

No hacen falta rituales largos, sólo pequeños gestos como sentarte, respirar, masticar un poco más y estar presente.

Suena sencillo, pero puede cambiar todo.

10. Ten un plan

Hay algo seguro, y es que habrá días malos. Aquellos donde el cansancio, el estrés y la falta de ganas triunfan.

En esos momentos, no puedes depender de la fuerza de voluntad: necesitas un plan bien trazado.

Por ejemplo, dos o tres opciones claras, fáciles, que sabes que te funcionan.

Aquí el objetivo no es hacerlo genial, es simplemente que no salga fatal.

Algunas veces, pensamos que cuidarnos implica añadir más cosas a una vida ya de por sí saturada. Sin embargo, es justo lo contrario.

Se trata de simplificar, reducir decisiones, ponértelo lo más sencillo posible. La clave es bajar el nivel de autoexigencia.

Sobre todo, entender que comer mejor no va de ejecutarlo impecable, sino de hacerlo posible en medio de todo el lío.