La presencia de las familias es clave para el neurodesarrollo.
De padres visitantes a padres cuidadores: así beneficia la presencia de la familia a los bebés en la UCI neonatal
El doctor Héctor Boix, jefe de Servicio de Pediatría del Hospital Universitari Dexeus, explica un nuevo modelo que apuesta por la humanización.
Más información: Quirónsalud estrena su nuevo quirófano híbrido para impulsar la cirugía avanzada en Sevilla
La transformación de las UCI neonatales en espacios centrados en la familia ha cambiado por completo la manera de entender el cuidado del recién nacido crítico. En este modelo, la presencia continuada de sus padres, su participación en el proceso y el contacto piel con piel se consideran intervenciones terapéuticas tan relevantes como la tecnología más avanzada.
La filosofía FiCare (Family Integrated Care) lleva este enfoque un paso más allá: integra a los progenitores como parte del equipo asistencial, les forma de manera estructurada y genera transformaciones organizativas y culturales profundas en las unidades.
La evidencia científica sobre estos cuidados muestra que el entorno sensorial, la reducción del estrés tóxico y el apoyo a la salud mental de la familia mejoran el pronóstico de los bebés, especialmente de los prematuros extremos.
El contacto piel con piel, el método canguro y las habitaciones familiares, con control de ruido y luz, se asocian con mayor estabilidad cardiorrespiratoria, mejor organización del sueño y mejores índices de neurodesarrollo a medio plazo.
En paralelo, los programas FiCare han demostrado beneficios en lactancia materna, bienestar emocional parental y empoderamiento del entorno, así como en algunos resultados clínicos del recién nacido.
Este cambio de paradigma exige también una nueva forma de trabajar para pediatras, neonatólogos y enfermería, incorporando competencias en comunicación, docencia, trabajo en equipo transdisciplinar y gestión del propio estrés profesional.
El contacto piel con piel es importante para los bebés ingresados. iStock
El doctor Héctor Boix, jefe de Servicio de Pediatría del Hospital Universitari Dexeus y territorial especializado en neonatología, explica con detalle los beneficios de este modelo de UCI neonatal con habitaciones familiares individuales, que apuesta por la humanización y la atención personalizada de los neonatos más vulnerables.
“Son intervenciones de máxima relevancia porque modulan el eje del estrés: disminuyen respuestas fisiológicas de alarma, favorecen la estabilidad del sistema nervioso autonómico y promueven un patrón de sueño más reparador”, subraya en relación con el contacto piel con piel.
“Desde el punto de vista neurológico, todo esto contribuye a una maduración cerebral más eficiente, al ofrecer estímulos táctiles y propioceptivos continuos, rítmicos y ‘esperables’, que el cerebro inmaduro procesa mejor que los bruscos que se suelen dar en el entorno hospitalario”, añade el doctor Boix.
En cuanto al papel de las habitaciones individuales, el doctor Boix destaca que “en ellas podemos controlar de un modo mucho más preciso el ruido, la luz y las interacciones que pueda recibir tanto el niño como los padres”.
Esta regulación sensorial es especialmente relevante en prematuros extremos, porque, según explica el experto, su cerebro “está en plena etapa de crecimiento y organización de redes neuronales; la exposición repetida a estímulos intensos e impredecibles se asocia a mayor inestabilidad fisiológica y a una carga de estrés que puede aumentar el riesgo de alteraciones en el neurodesarrollo”.
Un entorno más silencioso y modulable “favorece el sueño continuo, la estabilidad cardiorrespiratoria y menor reactividad, condiciones que funcionan como ‘terreno fértil’ para la maduración del sistema nervioso”.
El impacto de la presencia activa de los padres también es visible en el comportamiento de los pequeños. “Son recién nacidos con mejor capacidad de autorregulación a las situaciones estresantes: menos irritabilidad sostenida, mayor facilidad para consolarlos, mejor tolerancia a la manipulación y patrones de sueño más organizados”, confirma el doctor Boix.
Esa implicación familiar se traduce en una interacción más afinada: “Los progenitores aprenden a reconocer antes signos de estrés o sobreestimulación y a responder con contención, pausa o piel con piel”.
A medio plazo, “esa ‘sintonía’ suele traducirse en una experiencia de ingreso menos traumática para el entorno y en un bebé con mayor estabilidad conductual, lo que facilita alimentación, crecimiento y participación progresiva en cuidados”.
El jefe de Neonatología recuerda que hace unos años introdujeron los cuidados centrados en el neurodesarrollo en todas las UCI neonatales, un modelo basado en la presencia continuada de los padres y su participación activa en los procesos asistenciales. “Esto implicaba formarles en las necesidades de sus hijos a medida que evolucionaba su estado madurativo neurológico y permitía que entendieran mejor a sus hijos y el proceso evolutivo en el que se encontraban”, apunta.
Imágenes de la UCI neonatal de Hospital Universitari Dexeus.
Sin embargo, “con FiCare vamos un paso más allá. No se limita a ‘permitir estar’, sino que implica formar a los equipos en una cultura en la que la familia es parte del grupo asistencial”. Este cambio se articula mediante formación estructurada en lectura de señales del bebé, cuidados centrados en el neurodesarrollo, comunicación clínica con familiares, toma de decisiones compartida y planes individualizados.
“Además, se entrenan habilidades muy concretas: cómo enseñar a los progenitores (y no sólo informar), cómo codiseñar rutinas de atención, y cómo asegurar seguridad y calidad clínica manteniendo la participación parental”. En los hospitales con modelo FiCare, concluye, “la formación incluye también simulación, protocolos y evaluación continua, porque el cambio es asistencial y cultural a la vez”.
El mensaje a las familias es claro. “En la UCIN hacemos medicina de alta complejidad, pero el cerebro del recién nacido también ‘se trata’ con un entorno protector y con una relación segura y constante con sus padres”, afirma el doctor Boix.
“Estarán acompañados y formados paso a paso: nadie espera que lo sepan todo el primer día, pero su papel es valioso desde el primer momento. ‘Ustedes no son visitantes: son parte del tratamiento’, es lo que trasladamos. Su presencia, su voz, su contacto y su participación en cuidados cotidianos tienen un efecto real sobre la estabilidad del bebé y su desarrollo”, prosigue.
Esa humanización de la práctica médica ha requerido también un profundo cambio organizativo y cultural. “Requiere varias acciones —puntualiza el neonatólogo—. En lo organizativo: políticas de presencia 24/7, adaptación de espacios, rutinas que integren a la familia y protocolos que definan qué cuidados pueden asumir con seguridad y cómo se supervisan”.
Pero el cambio más transformador ha sido mental. “En lo cultural: pasar de ‘control’ a ‘alianza’, donde el equipo conserva la responsabilidad clínica pero comparte la atención cotidiana y la información de forma transparente”. También, dice, “exige formar a profesionales en comunicación y en gestión del estrés propio, porque integrar al entorno implica exposición emocional y requiere coherencia de grupo”.
Finalmente, subraya la importancia de medir los resultados “en seguridad, lactancia, crecimiento, satisfacción y bienestar parental, para sostener el modelo y mejorarlo de forma continua”.