Con la llegada de la estación, el organismo ha de adaptarse a sus cambios.

Con la llegada de la estación, el organismo ha de adaptarse a sus cambios. mixetto iStock

Salud y Bienestar

Una nutricionista desvela cómo lidiar con la astenia primaveral: "Si el descanso es irregular, no funcionará ningún suplemento"

Cristina Barrous da una serie de pautas para lidiar con este proceso de adaptación a unas nuevas condiciones.

Más información: El cuerpo se rebela contra los hábitos del s XXI: volver a las rutinas del pasado mejorará tu salud... también la mental

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Ha empezado oficialmente la primavera; y justo ahora cuando se suponía que tenías que sentirte a tope de energía, estás más cansada que nunca. Te cuesta levantarte, estás más irritable, el cuerpo no termina de arrancar. Entonces aparece la duda: "¿Qué me pasa?".

No es nada raro ni falta de motivación. Es muy probable que estés en plena astenia primaveral, que no es una enfermedad, sino un proceso de adaptación.

Llevas meses funcionando con un patrón más lento, más estable, más "de invierno". De repente, cambian las horas de luz, la temperatura, los horarios, el ritmo social… y tu organismo tiene que reajustarlo todo, algo que puede resultar extenuante.

Este cambio de luz afecta a tus hormonas, a tu sueño, a tu energía y a tu estado de ánimo. Pero lo realmente agotador no es la estación en sí, sino intentar llevar un ritmo que no va acorde con lo que de verdad necesitas.

Tu sistema está intentando adaptarse mientras tú tratas de acelerar, y ahí es cuando aparece el choque. Por eso, en este momento es importante entender lo que te está pasando y dejar de luchar.

La alimentación como clave

Aquí es donde muchas veces se complica todo sin darnos cuenta. Cuando estás cansada, lo natural es simplificar. Comer cualquier cosa rápida, tirar de café para activarte o dejar pasar horas sin comer porque no tienes hambre o no te apetece pensar en ello.

En esta época del año es normal sentir más agotamiento del habitual.

En esta época del año es normal sentir más agotamiento del habitual. Foto de Zohre Nemati en Unsplash

El problema es que ese tipo de decisiones, aunque a corto plazo parezcan prácticas, generan una gran inestabilidad. La energía no depende sólo de cuánto ingieres, sino de cómo lo haces y del tipo de nutriente que estás aportando.

No es lo mismo sostener el día a base de picos de glucosa —café, algo dulce, otro café— que construir una base más equilibrada que te acompañe sin altibajos constantes.

Aquí aparece un factor clave: la proteína. Tiene una especial importancia sobre todo en momentos de fatiga. Un desayuno con algo de este aporte —huevos, yogur, queso— cambia bastante la sensación respecto a salir sólo con café o con una tostada.

En las comidas principales ocurre lo mismo: cuando este nutriente está presente, algo de grasa y un hidrato bien elegido, la energía se mantiene más estable.

Pero, ¿no eran los hidratos los que la daban? Aquí aparece una confusión frecuente. Y es que reducirlos demasiado cuando estás cansada suele empeorar la situación.

El cuerpo necesita glucosa para funcionar, pero no de cualquier tipo ni de cualquier manera. No es lo mismo un dulce aislado que incluir arroz, patata o legumbre dentro de una comida completa. Las consecuencias las pagamos a posteriori.

Plato con hidratos y proteínas.

Plato con hidratos y proteínas. Foto de You Le en Unsplash

También hay algo que se suele pasar por alto pero que es igual de importante: los minerales y las vitaminas. No porque haya que obsesionarse, sino porque cuando faltan, la energía se resiente.

Verduras, legumbres, frutos secos o alimentos de origen animal aportan esa base que permite adaptarse mejor.

Y la frecuencia y el ritmo de las ingestas importa. Pasar muchas horas sin comer, llegar a la noche agotada o cenar tarde y pesado empeora la sensación de fatiga. En este momento, el cuerpo agradece más la regularidad que los extremos.

Suplementos, ¿son la solución?

Cuando aparece el cansancio, es habitual pensar que "falta algo". A veces puede ser así, pero en muchas otras ocasiones lo que se necesita es orden en lo básico.

Si el descanso es irregular, el estrés es alto, las comidas son caóticas y el café es la base del día, ningún suplemento va a compensar eso. Aun así, hay momentos en los que pueden ayudar. Cuando el agotamiento se alarga o hay más desgaste, algunos pueden ser un apoyo.

  • El magnesio suele ser útil cuando hay tensión o dificultad para descansar bien. Ayuda a que el sistema nervioso esté más regulado.

  • Las vitaminas del grupo B están implicadas en la producción de energía, sobre todo a nivel mental.

  • El hierro es clave si hay déficit, pero aquí es importante no tomarlo sin tener previamente una analítica.

  • En cualquier caso, los suplementos no otorgan ese 'combustible'. Ayudan a que el cuerpo gestione mejor el que tiene.

No necesitas hacerlo mejor. Necesitas hacerlo más simple. La primavera no siempre empieza con vitalidad. A veces arranca con cansancio. Y no es un fallo, sino un proceso adaptativo.

Si en lugar de pelearte con él lo acompañas —comiendo un poco mejor, ordenando el ritmo y bajando la exigencia—, lo normal es que tu energía vuelva poco a poco. Sin forzarla, porque, muchas veces, lo que de verdad extenúa no es la astenia. Es intentar funcionar como si no la tuvieras.