La 'art curator' en una de sus exposiciones en Venecia.

La 'art curator' en una de sus exposiciones en Venecia. Cedida

Protagonistas

Giovanna Cicutto, comisaria de arte: "Lo digital es esencial. Ahora no hay tiempo de tener a diez personas esculpiendo"

Tras años de haber estado enfocada en un único cliente, la profesional se ha abierto al mundo y su nombre se pasea de Venecia a Egipto.

Más información: Miriam Pablos, la joven tras las audioguías para vivir el museo desde casa: "Hay que mirar el cuadro no sólo pasear ante él"

Publicada

Poder coincidir con Giovanna Cicutto, aunque sea por teléfono, es un reto de grandes dimensiones. Tras meses de andar como el ratón y el gato —o el gato y el ratón—, los astros se alinearon para dar lugar a una charla repleta de anécdotas y de visión laboral. Ahora va de camino a Luxemburgo para enfocar su siguiente proyecto.

La art curator —o comisaria de arte— es el reflejo de que nunca es tarde. Para volver, para emocionarse, para ser. Durante años sólo tuvo un cliente en su cartera, su exmarido, pero tras tomar caminos separados, el sector se abrió ante sus ojos para, también, expandir su mirada.

Ahora, su nombre resuena en la Bienal de Arte de Venecia —a la que este año acude a la previa de su inauguración de la mano de una dupla barcelonesa— la ciudad que la vio nacer y enamorarse de esta disciplina.

Pero también en otros muchos rincones del mundo mientras reconoce que "no hay tiempo para tener a 10 personas esculpiendo", que "la tecnología lo hace todo más accesible" y que "las mujeres siempre han de ponerse a ellas primero".

Tu trayectoria une investigación, comisariado y gestión cultural. ¿Qué te atrajo inicialmente del mundo del arte y qué te sigue moviendo hoy?

Desde pequeña tenía claro que quería ser parte de este mundo de una forma u otra. Supongo que porque soy de Venecia. Mi padre estudió Bellas Artes allí y sólo el hecho de nacer y crecer en tal ciudad, que es una especie de museo a cielo abierto ya te da esa sensibilidad.

Estudié Historia del Arte en Italia y me hubiera encantado trabajar para un museo catalogando obras de arte, pero se cruzó en mi vida el amor y me llevó a Nueva York. Mi exmarido quería ser artista y lo ayudé. He tenido una trayectoria junto a él de 30 años, durante la que siempre he estado a su lado, ayudándole, apoyándolo, haciendo de project manager y aconsejándolo.

Ahora, ya separados, él sigue haciendo su arte y yo sigo haciendo lo mío que es la curaduría y la dirección de proyectos. Poder descubrir a nuevos artistas que me apasionan es como ir a Wonderland.

Has trabajado con artistas muy diferentes entre sí. ¿Qué buscas cuando decides apoyar o exhibir el trabajo de alguien?

Cuando trabajaba con mi exmarido él era el único perfil de mi cartera. No obstante, tras tomar caminos independientes todo se dio de forma muy fluida.

Cuando se difundió la noticia, la gente comenzó a buscarme. Fue todo encadenándose hasta que en 2024 fui directora del proyecto del Pabellón Oficial de Kazajistán en la Bienal de Venecia. En 2025 ya hice mi exposición también en la ciudad.

Este año Cicutto vuelve a participar en la feria de arte de la ciudad italiana.

Este año Cicutto vuelve a participar en la feria de arte de la ciudad italiana. Cedida

En un momento en el que el arte convive con la hiperestimulación constante, ¿cómo cambia la forma en la que miramos?

La parte artesanal puede estar hecha a mano o por un robot, pero lo que importa es la perspectiva del artista. Y esa debería ser la pregunta central. De hecho, es un tema que en su momento estuvo incluso en los tribunales con Jeff Koons.

Hace unos 10 años recibió una denuncia por parte de uno de sus trabajadores que expresó que el creador ni siquiera tocaba su obra y que, por lo tanto, no le pertenecía. Sin embargo, el tribunal —en Estados Unidos— le contestó que el tema no era ese, sino que conceptualmente el resultado le pertenecía a Koons. Daba igual quién la hacía y cómo la hacía.

Con la inteligencia artificial sucede lo mismo. Puede que la máquina te ayude a hacer lo que quieres conseguir, pero la idea es tuya. Es tu visión personal de la realidad. El problema vendrá cuando la inteligencia artificial empiece a tener alma propia.

¿Crees que a día de hoy sigue siendo más difícil para las mujeres abrirse camino en el circuito artístico?

Totalmente, sobre todo partiendo de la base de que a nosotras hacer cualquier cosa nos cuesta el doble que a un hombre. Y se da por muchas razones, comenzando por el factor biológico.

En el momento en el que se decide ser madre, hay que escoger entre dedicarse a la familia o al trabajo. Y lo segundo supone un parón tremendo y se suele dar en el momento en el que más debería florecer el trabajo.

Y por otro lado, está la mentalidad machista todavía que se da incluso entre las mujeres, sobre todo cuando pensamos que necesitamos validación de un hombre, algo que nos resta poder. Es una limitación muy grave, pero lo hemos mamado desde que éramos pequeñas.

¿Cómo has experimentado tú esto? Como mujer y como profesional del arte.

A mí me pasó un poco cuando me divorcié de mi ex. Entonces pensé, ¿y ahora qué? Estuve durante un tiempo planteándome si tenía que volver al sector o no. Pero, como decía, el mundo me vino a buscar. El arte me sacó de mis propias dudas y gané mucha seguridad en mí misma, en mi trabajo, en lo que podía hacer...

He aprendido que nosotras tenemos que ser las responsables de nuestra vida al 100%. Cuando me casé pensaba que te fundías con la otra persona y que todo lo hacías por el bien común, pero a veces no es así. En ocasiones, el otro no entra en esa dinámica.

Si tuviera hijas se lo diría así. Tengo dos varones y se lo comento a sus mujeres: que se pongan ellas primero. Sólo cuando cada uno tiene su propia vida y unas bases sólidas se puede generar un diálogo de pareja.

La comisaria de arte en uno de sus proyectos en Egipto.

La comisaria de arte en uno de sus proyectos en Egipto. Cedida

La figura del comisario a veces es invisible para el público. ¿Qué crees que aún no se entiende bien de vuestro trabajo?

Nuestro trabajo es fundamental. Al igual que el artista te presenta una realidad que pasa por sus ojos, su cerebro, nosotros hacemos lo mismo. Presentamos la exposición en base a nuestra mirada.

Cuando el curador decide enseñar una muestra es como cuando una persona te invita a casa y te lleva sólo al comedor o al pasillo porque quiere que te enfoques en algo. El rol que ejercemos es importantísimo, porque escogemos el tema de la exposición y cómo se va a tratar a un artista y su forma de expresión.

Todo depende de la visión del comisario.

¿Qué papel crees que tendrán en el futuro de las artes visuales las nuevas narrativas digitales?

Va a ser algo esencial, porque todo va cada vez más deprisa. Ahora no hay tiempo de poner a 10 personas con sus herramientas para esculpir la piedra.

Creo que también va a cambiar mucho el universo de las réplicas que se encuentran en diferentes museos y que parten de un original. Antes tenías que tener la base delante, estar con ella para trabajar esa reproducción, tocarla —y, por tanto, exponerte a dañarla—.

Gracias a la tecnología, todo esto se agiliza y también se puede llevar el resultado de este trabajo a todos de forma más accesible para, por ejemplo, la gente que no tiene medios para viajar.

Por otro lado, la fusión entre arte y arquitectura cada vez desemboca más en la presencia de robots y máquinas en los procesos. Y me parece bien, porque hay labores muy duras.

¿Esa inteligencia artificial aplicada al arte podría ser una forma entonces de quitarle un poco ese velo de elitismo que a veces rodea estas disciplinas?

No lo sé porque no veo el arte como algo elitista desde el punto de vista del consumo. Los museos lo acercan al público. Otra cosa es que la gente decida o no pasar por ellos.

Lo mismo sucede con las ferias o las galerías, aunque estas últimas están desapareciendo debido a las ventas que se hacen por internet e incluso aquellas que hacen las grandes casas de subastas, que además te garantizan una autenticidad y su expertise.

El mercado está cambiando, sin duda. El mundo oriental está absorbiendo, por ejemplo, todas esas antigüedades occidentales que a nosotros ya no nos interesan.

Y lo pensamos creyendo que así se es más moderno, pero no estoy de acuerdo. Para progresar hay que cuidar el pasado. Me duele cuando veo caer un palacio para construir un rascacielos. Hay que mantener el corazón de las ciudades, su identidad.

Giovanna Cicutto durante la Bienal de Arte de Venecia en 2025.

Giovanna Cicutto durante la Bienal de Arte de Venecia en 2025. Cedida

A razón del comentario sobre cómo se está moviendo el mercado oriental... ¿cómo funcionan los coleccionistas hoy en día?

Lo cierto es que se está perdiendo su figura, al menos la referencia que teníamos de ella desde el siglo XIX. Antes representaban a una especie de curador de arte con dinero. Compraban objetos que eran de su gusto y que encajaban con su visión de la belleza, del mundo... Y lograban crear una colección en torno a ello.

Como curadora tienes una mirada entrenada, ¿qué obra reciente o artista emergente te ha sorprendido especialmente y por qué?

Estoy siguiendo la obra de un artista emergente que es madrileño, pero que ha decidido llevar su estudio a Barcelona, una cosa muy rara, porque suele ser del revés. Es un chico al que admiro muchísimo. Parece un alma antigua en el sentido de que tiene las ideas muy claras, es muy maduro.

Lo he conocido después de que varios amigos hayan comprado su trabajo y es que todo lo que hace son piezas únicas. Además, se ha inventado una forma de trabajar el acero inoxidable a través de una técnica industrial que hace que cada creación sea diferente.

Cuando admiras su trabajo en persona, parece que estás sometida a una especie de encantamiento que te atrapa porque no se trata de propuestas orgánicas, pero tampoco mecánicas. Tu ojo no sabe bien lo que ve, pero tu alma interpreta lo que siente.

Qué consejo le darías a una mujer joven que sueña con dedicarse al arte, ya sea desde la creación o desde la gestión?

Lo primero que le diría es que estudie mucho a los artistas, pero empezando desde los griegos. Y también que se empape de las diferentes culturas, del arte oriental, del arte africano, etcétera.

Luego, cuando tenga una base sólida y conozca bien los cimientos de todo, se puede dedicar a la experimentación artística.

Me hace gracia cuando la gente piensa que a cierto tipo de arte se llega por casualidad, pero para hacer los cortes de la tela que hizo Fontana rajando tejidos —que fue además el primero en hacerlo— hay que tener una preparación y tiene que haber una historia. En su caso, la misma tenía que ver con la guerra.

¿Qué te gustaría que el público sintiera al salir de una exposición comisariada por ti?

Lo primero, que se emocionaran, en un sentido u otro, por haber visto y escuchado lo que tenían ante sí, porque además normalmente trabajo en exposiciones multisensoriales.

En el caso de mi último trabajo para la Bienal de Arte de Venecia, conseguimos que un compositor emulara los sonidos de una cantera para acompañar a esas esculturas hechas de mármol.

Igualmente, se daba algo muy curioso, porque estabas en un palacio antiguo, totalmente blanco, con esas obras, pero también oías a un robot trabajando incesantemente. Quiero que todo eso remueva lo inconsciente y lo consciente.

Y por otro lado, por supuesto, despertar preguntas a las que yo no soy la que tiene que dar la respuesta. Me gusta saber qué opinan los demás porque siempre aprendes mucho.

Junto a mi suegro —comenta en referencia a Anthony Quinn— salíamos a cenar casi cada noche y siempre había una historia nueva. Él mismo había nacido en el campo durante la Guerra Civil de México. Me encantaba poder estar cerca de él en ese sentido y adoro lo que tiene que decir la gente mayor.