Idoia Montero respira arte por cada uno de sus cuatro costados.

Idoia Montero respira arte por cada uno de sus cuatro costados. Bernardo Doral

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Idoia Montero, la pintora del alma: "Hay que arriesgarse. Mi hermana y yo nos atrevemos a ser lo que realmente somos"

La artista se encuentra en pleno vaivén vital con proyectos en mente de cara al verano y mano a mano con la vuelta de Amaia Montero.

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Al otro lado del teléfono, una voz que se disculpa por la celeridad de todo y porque la entrevista no ha podido ser en persona. Al igual que se escuchan conversaciones de fondo, se oye también la sensibilidad de Idoia Montero a través del altavoz.

La polifacética artista que centra su carrera en la pintura y sus derivados —aunque también ha tonteado y tontea con la escritura— se encontraba en Madrid acompañando a su hermana Amaia en su gran regreso con La Oreja de Van Gogh.

El nerviosismo se palpa, pero ella se presenta como la roca ante la tempestad. Una brújula que marca el rumbo y que con filosofía capea lo que toque.

Dice que no recuerda la vida sin la cantante y que admira a Frida Kahlo. Que hace mucho que no se desnuda ante el lienzo y que, en parte, le teme a esa descarga emocional a la que ha de enfrentarse. Que a veces cree que todo el mundo le toma el pelo por redes.

Ante Magas se descubre una mujer en cuya vida el arte siempre estuvo presente y que ha hecho de él uno de los ejes de su camino por este mundo.

La pintura y la escritura se funden en la esencia de Montero, envuelta siempre en música.

La pintura y la escritura se funden en la esencia de Montero, envuelta siempre en música. Bernardo Doral

¿Cómo es un día en la vida de Idoia Montero y una jornada en la vida de la artista?

Voy improvisando, pero hay algo claro: o te entregas a la vida tal y como viene, al caos, o si no, hay que trabajarlo, porque se sufre y se pasa mal. No se puede controlar todo y cuanto antes se asuma, mejor.

Debido a tus circunstancias tienes un entorno muy expuesto ante los medios, ¿cómo influye eso en tu parte creativa?

En nada, o al menos no me doy cuenta, porque lo interiorizas y también tienes la posibilidad de desligarte un poco de esa parte. También son muchos años en este mundo y ya conozco cómo funciona.

Lo que nos han enseñado en casa es que hay que ser muy educados, porque no sabes qué hay tras la otra persona. Hay que entender que están haciendo su trabajo y yo he aprendido a proteger la intimidad desde dentro y desde lo que hago.

Al final, hoy en día cualquiera, aunque no sea ante los medios, se expone también debido a las redes sociales…

Claro, de hecho hay muchos perfiles que están deseando vivir ese momento, pero tienes que ser consciente del personaje que eres quizás ante redes o medios y luego en tu vida privada, lo que de verdad te define.

Lo que pasa es que hay que intentar ser auténtico. Ya no puedes hacer trampillas, pero sí jugar. Entender que se trata de eso y no darle tanta importancia a las cosas. Así sufres menos, porque te estás divirtiendo.

Las plataformas también tienen cosas maravillosas. Una vez me contactó una mujer japonesa afincada en Nueva York. Jamás la voy a olvidar. Era la directora creativa de una marca nipona de cosmética y fue una experiencia maravillosa. Hice dos campañas de Navidad con ellos.

Es muy difícil que entre tantos usuarios alguien dé contigo para eso, pero me escribió diciendo que le encantaba lo que hacía. Pensé que era una broma, porque me llegan mensajes de mucha gente para engañarme, pero la busqué en Google y ahí estaba. Para mí fue un regalo.

La asignatura pendiente del verano de Idoia es volver a desnudarse ante el lienzo.

La asignatura pendiente del verano de Idoia es volver a desnudarse ante el lienzo. Bernardo Doral

¿Hay algo que haya marcado un antes y un después en tu carrera?, ¿qué diferencias hay entre la Idoia que comenzaba y la de ahora?

La muerte de mi padre y el nacimiento de mi hijo, esencialmente. Uno de manera dolorosa y otro de forma maravillosa.

Escribí un poemario que se llama En pleno baile (Aguilar, 2019). Es un libro de tránsito que escribí tras este fallecimiento y recoge todo lo que me pasó desde entonces; todo mi universo desde la infancia.

Hacer ese rescate fue alucinante, aunque muy complejo, pero me encantó, porque es un juego también.

¿Cómo se equilibran los ritmos de la vida actual, siempre frenéticos, con una profesión que requiere de la pausa para que aflore la creatividad?

Se combina mal. Mi amigo Fran ya me está diciendo que tengo que organizar una nueva exposición porque le gusta mucho lo que hago y yo le comento que esto no sale como churros. Es un proyecto al que hay que darle un tiempo sin tiempo, sobre todo cuando llevas un periodo parada.

Arrancar cuesta, porque no estamos en una fábrica de tornillos y no suelo pensar en lo que voy a pintar. Lo que habitúo a hacer para comenzar es trazar una línea negra. Funciona como una especie de meditación, porque necesitas tener ese momento íntimo contigo y con lo que hay enfrente.

Debes asegurarte además de que nadie va a llegar a interrumpirte.

¿Y cómo crees que se dará la situación cuando empieces?

Esto es como cuando tienes en un almacén guardadas un montón de cosas y un día las sacas a la luz. En principio ha de ser todo muy orgánico.

Por otro lado, la descarga emocional será fuerte, porque ya hace tiempo que no he tenido la posibilidad de desnudarme delante de un lienzo.

Tanto tu hermana como tú estáis vinculadas al arte profesionalmente, ¿qué parte de ese ADN que compartís crees que os empujó por este camino?

Las dos nos llevamos muy poco tiempo; no recuerdo mi vida sin ella. Creo que con la tendencia artística se nace, pero al margen de que poseas ese talento, tiene que existir una voluntad de llevarlo a cabo.

Igualmente, ha influido mucho nuestra educación. Siempre nos han dicho que seamos trabajadoras y constantes.

Y, por supuesto, hay que arriesgarse, independientemente de dónde te lleve. Eso es algo que compartimos, nos atrevemos a ser lo que realmente somos. También sucede con la naturalidad de cómo hemos vivido siempre el sentimiento artístico.

La sensibilidad de Idoia Montero se aprecia a través del teléfono que acoge la conversación.

La sensibilidad de Idoia Montero se aprecia a través del teléfono que acoge la conversación. Bernardo Doral

¿Cómo os influenciáis de forma mutua en esta parte más profesional?

Desde muy pequeñas hemos ido escuchando música, leyendo libros, comentando incluso temas de cine... Es la conversación y está en las conversaciones, en la profundidad de las mismas. Tenemos otras más superficiales, pero tendemos más a lo otro.

Si tuvieras que hablar de tus referentes en clave femenina, ¿a quién mencionarías?

Por ejemplo, Frida Kahlo. Me gusta la autenticidad de lo que muestra en su trabajo artístico, porque su vida fue como sus cuadros. Me sucede también con Pollock, pero es un hombre.

Por otro lado, mi madre. Me gusta saber de dónde vienen las mujeres de mi entorno, por qué actúan como lo hacen.

Y mi hermana, obviamente. Como te decía, no recuerdo mi vida sin ella. Pero me cuesta pensar en gente de fuera porque no caigo en la admiración, pero tampoco en el juicio.

Es muy importante tener presente de dónde venimos y no olvidarlo. Si sucede, se termina no interiorizando nada de lo que se hace y no hay autocrítica.

O sea, que valoras al artista también desde ese punto, teniendo en cuenta sus circunstancias, no sólo como algo absoluto.

No hacerlo así sería un error, todos venimos de un sitio, hemos tenido una infancia determinada… Hay que tener todo eso en cuenta y ser colaborativos, dejar la estupidez de lado.

Cuando haces este ejercicio, te acercas más a ti misma, te sientes al 100% y desde ahí es desde donde vas a mejorar.

Si estás pendiente del juicio del otro, de la crítica o la admiración, no estás viendo todos los ángulos.

¿Qué es lo más importante que has aprendido como artista?, ¿qué comentarios son siempre bienvenidos y cuáles no merecen la pena escuchar?

Los juicios y las críticas. Sobre todo, si vienen de dónde vienen.

Y bienvenidos, aquellos que te ayudan a crecer y a emocionar. Puede ser una crítica positiva, por supuesto, aunque no te guste.