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Vicky tenía 51 años y una bonita y prometedora vida por delante. Quienes la conocían coinciden en definirla con una palabra: luchadora; aunque en la lista de adjetivos que la califican también entran los de trabajadora, cercana y entregada a los demás.

La malagueña se había convertido en un referente para sus vecinos, una de esas personas a las que todos recurren cuando algo se complica, cuando el camino de la vida se tuerce.

Esa vida se truncó el pasado viernes, 5 de junio. Fue su propia hija quien dio la voz de alarma. Al comprobar que su madre no había llegado a su puesto de trabajo como limpiadora en el centro asistencial San Juan de Dios, se extrañó y se acercó hasta la vivienda familiar para asegurarse de que todo iba bien.

Allí se encontró los dos cuerpos. El suyo y el de su presunto asesino, Francisco, el que fuera entonces su pareja.

El servicio de Emergencias 112 Andalucía recibió a las 07:40 horas de ese viernes una llamada que alertaba de que dos personas habían recibido varios disparos en el interior de un piso de la calle Guadalimar, en la barriada de La Palma-Palmilla.

Hasta el lugar se desplazaron efectivos sanitarios, que sólo pudieron certificar la muerte de ambos, según ha confirmado el propio 112. También acudieron varias patrullas de la Policía Nacional, que confirmaron que las dos personas murieron por heridas de arma de fuego.

El grupo de homicidios de la Comisaría Provincial de Málaga se hizo cargo de la investigación para esclarecer lo sucedido. Unas horas después, la Policía Nacional confirmó que se trataba de un crimen machista.

Concentración en memoria de Vicky.

Concentración en memoria de Vicky. Ayuntamiento de Málaga

Presuntamente, Francisco acabó con la vida de Vicky con un arma de fuego antes de quitarse la suya, en la casa en la que ambos residían desde hacía décadas. Compartían su vida desde hacía más de 25 años.

El delegado del Gobierno en Andalucía, Pedro Fernández, explicó que todo apuntaba a que el hombre mató primero a la mujer y después se suicidó. Aunque las autopsias definitivas son las que determinarían el motivo real de su muerte.

"Se desvivía por todos, por los vecinos, por sus amigos, por sus hijos", resume una de las personas que mejor la conocían en su bloque, en el distrito de Palma-Palmilla, uno de los más humildes de Málaga. "Siempre estaba para ayudarte, a cualquier hora", recuerdan quienes compartían con ella el día a día.

Su rutina estaba muy ligada al propio edificio. Fue presidenta de la comunidad de propietarios y se encargó durante un tiempo también de la limpieza de las zonas comunes, una implicación que la había convertido en la persona a la que todos saludan cuando marchan a trabajar o con la que se mantiene una conversación sobre el barrio antes de ir al mercado.

El vecindario implicado en el Plan Comunitario de Palma-Palmilla mostró su pesar por la muerte de Vicky y puso en valor su papel, "algo fundamental en los esfuerzos del barrio por salir adelante". "Era una mujer muy luchadora y que se esforzaba en hacer equipo con el resto de vecinos de su edificio", añaden desde el colectivo.

Desde hacía un tiempo, ella trabajaba como limpiadora en San Juan de Dios, el mismo centro en el que su hija ejerce como técnica en cuidados auxiliares de enfermería.

Era madre de dos hijos, uno de ellos en común con Francisco, y otra a la que tuvo de adolescente. Así, era abuela de tres nietos que eran sus tres soles. Sus redes sociales están llenas de mensajes y fotos dedicados a ellos.

Quienes la querían se quedan también con otra imagen, la de una mujer alegre. Le gustaba salir y pegarse unos bailes, y era muy devota del Cautivo, una devoción que en Málaga se vive en cada puerta y que ella sentía muy suya. "Siempre sonriendo, nunca daba un 'no' por respuesta", la recuerda una persona de su entorno.

En los últimos meses, Vicky empezaba a reservarse tiempo para ella. Disfrutaba de su día a día en San Juan de Dios, donde coincidía con su hija, y de la gente que iba conociendo.

Las pasadas navidades había confesado a sus allegados que sentía que se estaba perdiendo cosas buenas de la vida, planes tan cotidianos como las comidas con compañeros en las que conocer a otras buenas personas. Justo ahora empezaba a permitírselos, "a cambiar el chip". No la dejaron.

Algunos vecinos aseguran haber escuchado ruidos la noche anterior, por lo que no se descarta que la muerte se produjera la noche del jueves, aunque los cuerpos no se localizaran hasta el viernes.

No constaban denuncias previas ni seguimiento en el sistema VioGén. El día del hallazgo, fuentes consultadas aseguraron que no había señales que dibujaran un relato del que tirar. El vecindario se quedó atónito con la posibilidad de que Francisco hubiera sido capaz de matar a Vicky.

Puertas adentro, y con el paso de los días, se ha sabido que la convivencia habría sido más difícil de lo que dejaban ver. Una persona cercana a la familia sostiene que Francisco la tenía "psicológicamente mal" y que ella habría llegado a marcharse en dos o tres ocasiones a casa de su hijo.

En cada una de ellas, según esta misma fuente, él la habría llamado de forma insistente, diciéndole que estaba enfermo y que la necesitaba, hasta lograr que volviera.

Para que su familia no sufriera, Vicky ocultaba este extremo a sus hijos. Otras fuentes cercanas a la fallecida sospechan que sabía desde hacía tiempo que él guardaba un arma en la casa y que, por más que la buscó, nunca dio con ella. La pistola podría haber estado escondida en algún rincón de la vivienda o en un trastero.

La mañana del 5 de junio, un distrito vivo como Palma-Palmilla se frenó de golpe. Muchos conocían a la pareja desde hacía años y aseguran que nada hacía presagiar un desenlace así.

"Es que no me lo creo", repetía una de las residentes, muy afectada. Desde los balcones del bloque, muchos se asomaban sin terminar de entender lo ocurrido, con las lágrimas asomando entre quienes la conocían.

Con su muerte, Vicky pasó a engrosar el listado de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. La estadística oficial la sitúa como la víctima número 24 en España en lo que va de año y la segunda en la provincia de Málaga en 2026. La primera fue otra Victoria, apellidada Hart y asesinada por su expareja el pasado mes de enero en Alhaurín el Grande.

Unas semanas después de su muerte, en los rellanos y en los corrillos a pie de calle, los recuerdos con ella se suceden mientras el barrio intenta asimilar la pérdida. Hay quien rememora cómo ella ejerció también de psicóloga durante sus años vendiendo pescado en el mercado del barrio.

Los vecinos quieren recordarla por lo que fue para ellos. Una luchadora, una mujer de barrio que fue una gran madre y abuela y que era el sostén de buena parte de su bloque. "Se desvivía por todos", insisten. Esa es la Vicky que Palma-Palmilla no quiere dejar marchar jamás.

No estás sola

El Ministerio de Igualdad, por medio de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, quiere recordar que el teléfono 016 (número gratuito y confidencial que no deja rastro en la factura), así como las consultas en línea a través del email 016-online@igualdad.gob.es, el canal del WhatsApp en el número 600 000 016 y el chat online, accesible desde la página web violenciagenero.igualdad.gob.es/, funcionan con normalidad las 24 horas, todos los días de la semana.

En el 016 se puede pedir asesoramiento sobre los recursos disponibles y los derechos de las víctimas de violencia de género, al igual que asesoramiento jurídico de 8 h a 22 h todos los días de la semana, con atención en 53 idiomas y un servicio adaptado a posibles situaciones de discapacidad.