La escritora posa en Madrid para Magas.

La escritora posa en Madrid para Magas. Esteban Palazuelos

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Luz Gabás, Premio Maga de Magas: "Escribí diarios de los 12 a los 30 años, pero los quemé. Sólo conservo una página"

La escritora, galardonada con el 'Pulitzer femenino en español' a Mejor Novelista 2025, reflexiona sobre su carrera, el éxito, el pasado y el amor.

Más información: Luz Gabás, premio Maga de Magas a la mejor novelista: la maestra de la ficción histórica en épocas de transición

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Encuentro a Luz Gabás (Monzón, Huesca, 1968) fumando un pitillo en la puerta del hotel. Acaba de despedir a su hija. Ha venido a Madrid para acompañarla a la entrega de los Premios Maga de Magas y han aprovechado para ir de tiendas.

Le ilusiona que hayan pensado en reconocer como Mejor Novelista a "alguien que vive en un pueblo del Pirineo". Además, valora mucho "la labor de Magas de descubrirnos a mujeres tan interesantes que están haciendo cosas maravillosas".

El dilema entre identidad y pasado, necesidad de libertad y de arraigo, son temas recurrentes en sus, por ahora, seis novelas, todas de éxito. El contexto, una época histórica de transición que pone a prueba a las personas.

Gabás responde a un prototipo aragonés: mujer alta, de tez blanca, con carácter. Es un ciclón. "Que somos tozudos es un cliché que existe. Igualmente podríamos llamarlo perseverantes", dice. Pero no canta jotas, forma parte de un coro de góspel.

A los 39 dejó su puesto de profesora en el departamento de Filología Inglesa de la Universidad de Zaragoza y se trasladó a vivir a Anciles, un pueblo de la comarca de La Ribagorza. También el lugar natal de su marido y de donde proviene su familia paterna.

"Él y yo habíamos vivido con el corazón dividido. ¿Sabes esta situación de soy del pueblo, pero vivo en la ciudad? Entonces queríamos que nuestros hijos conservaran el arraigo y fueran educados en un entorno rural en contacto con la tierra", explica.

Vive en una casa de campo en el municipio de Benasque. Dice que ahora no tiene muchos animales: "Dos ocas, una docena de gallinas y dos perros. Los caballos se los quedó un señor, pero corren por la finca". Allí redactó su primera novela. Palmeras en la nieve (Planeta, 2012) fue un éxito que se llevó al cine y le ha permitido vivir de la literatura.

Usted dice que a su generación le ha tocado vivir la transición entre el mundo tradicional y el moderno.

Me refería a que somos una generación tensionada porque, por un lado, se nos enseñó que las mujeres podíamos ser independientes, estudiar y trabajar. Pero, por otro, se nos exigía que conserváramos las tradiciones de nuestros antepasados. Hemos sido guardianas de una herencia.

Hay personas que han sabido romper y se han ido a la ciudad. Otras han entendido que estas herencias pueden ser, y lo son, un orgullo, pero también una losa. Lo trataba en una de mis novelas. Esto ha mermado cierta libertad, ciertas decisiones.

¿Tú sabes lo que es para alguien vender el patrimonio histórico porque no lo puede mantener o porque su vida está en otro lugar? He vivido muchos traumas de estos de cerca.

Usted llega al pueblo, se mete en política con ganas de cambiar las cosas y sale elegida alcaldesa de Benasque…

En los entornos pequeños nos conocemos todos. Cuando me fui a vivir allí, un grupo de personas me propusieron encabezar la lista. En ese momento yo podía. Los críos eran pequeños y mi marido me animó.

La idea, como te dirán muchos, es hacer cosas por tu pueblo, pero te topas con la (pronuncia lentamente) velocidad pasmosa de la administración. Tu cabeza va a mil por hora y te desesperas. No va con mi carácter. Yo soy, como dicen los catalanes dit y fet, dicho y hecho. Este es el recuerdo que tengo, aparte del orgullo de ser alcaldesa.

¿Qué tiene que tener un contexto histórico para que lo novele Luz Gabás?

Dos cosas: he de tener un vínculo emocional con él y que sea un momento de transición, de esos raros en los que te acuestas de una manera y al día siguiente, por culpa de la política, eres otro.

En los momentos difíciles, cuando las decisiones ajenas condicionan la forma de vivir, se pone a prueba a las personas y sale el verdadero yo.

La escritora contempla las vistas de la Puerta de Alcalá.

La escritora contempla las vistas de la Puerta de Alcalá. Esteban Palazuelos

¿Y cómo surgen sus personajes?

Antes de sentarme a redactar las novelas, los voy madurando y pienso ¿qué quiero resaltar? Tal emoción, sentimiento, idea... En el caso de la última novela, Corazón de oro, para demostrar que un personaje era bondadoso tenía que situarlo en un entorno hostil.

En la universidad asistí a muchos cursillos de teatro. Te enseñaban a meterte en la piel del personaje. Así empiezo a desarrollarlos, con la experiencia de mi vida y de las personas que he conocido.

"Las pasiones que no se satisfacen se convierten en una carga emocional para toda la vida", ¿a qué pasiones se refería con esta frase de Fuego en el hielo?

A cualquiera. Me acuerdo en un club de lectura con Palmeras en la nieve, que una señora volvía y volvía sobre dos personajes que se habían amado en la juventud, tuvieron que separarse y, cuando coincidían, la chispa seguía, pero sabían que no iban a estar juntos, porque cada uno había buscado y creado su familia.

Ella insistía en esa historia que es muy secundaria en la novela. La frase la pensé entonces. Por ejemplo, si yo no hubiera escrito ese libro, ahora estaría resentida con la vida por no haberme atrevido a hacerlo.

La identidad y el pasado que irrumpe son temas recurrentes en sus novelas, por ejemplo, en Regreso a tu piel. ¿Nos podemos liberar del pasado, de nuestros antecesores?

Hay gente que no sabe quiénes son sus bisabuelos. Yo tengo el árbol genealógico hasta el siglo XIV y sé muchas historias de los antepasados, porque en mi familia hemos sido mucho de hablar. Además, mi marido es genealogista y conoce bien la historia de la comarca de La Ribagorza.

¿Cuánto le pesa a usted el pasado?

Me encanta saber cosas de él, porque me sirve para entender mi mundo y cómo soy. Pero no me cambiaría por mi abuela ni mi abuelo. Soy plenamente consciente de la vida tan dura que llevaban.

Creo que el pasado hay que guardarlo y analizarlo con una nostalgia reflexiva. Tenemos que aprender y continuar.

Si lo de atrás no te condiciona para seguir tu camino, adelante. Si lo hace, tienes que solucionarlo. A mí me obsesiona el tema de la libertad. Estamos influidos por mil cosas, pero quiero tener la sensación de que cuando tomo una decisión después de analizar los pros y los contras, sigo adelante a pesar de todo.

Otro tema recurrente es el desgarro de la identidad entre la pertenencia y el progreso.

Claro, todo va relacionado. Me contaban hace poco que en Alemania se ha puesto muy de moda hacer árboles genealógicos. Hay una necesidad de mirar hacia el pasado, como la hubo en la época romántica del XIX. De ahí surgió la novela histórica con Walter Scott.

A mí me gusta mucho el Romanticismo alemán. Pienso que somos consecuencia de esa época, no sólo a nivel político, sobre todo, a nivel creativo, de sentimientos, de la exaltación del yo.

Si en el XIX los románticos eran unos cuantos intelectuales, ahora esos sentimientos se han generalizado y encima se comparten en redes.

El Romanticismo tiene su parte muy atractiva pero también, como decía Goethe, es enfermizo si se apodera de la razón, de tal manera que podemos acabar todos un poco locos. Y lo estamos comprobando.

Nunca habíamos visto una política tan aventurera ni una cultura tan politizada. Hay algo de esquizofrenia generalizada. ¿Cuál era tu pregunta?

Le preguntaba sobre la identidad y la fractura entre la pertenencia y el desarraigo…

Creo que cuando el ser humano está un poco desnortado por tantos estímulos, por tanta información y tanto mundo, necesita aferrarse a algo. Eso va a crear una tensión, porque uno quiere ser muy libre, pero a la vez necesita aferrarse a algo.

Ese dilema siempre va a estar en mis novelas. Puedes llamarlo pasión y razón o arraigo y libertad o búsqueda de identidad, de quién soy yo entre esta masa de gente.

La escritora vive el éxito con naturalidad y un poco de asombro.

La escritora vive el éxito con naturalidad y un poco de asombro. Esteban Palazuelos

¿Usted diría que sus novelas son románticas, en alusión al movimiento, o románticas, en su acepción más actual de una historia de amor?

Tienen una historia de amor, pero beben de lo romántico como una actitud del espíritu, como un deseo de libertad, un deseo de noche y de bosque.

¿Qué importancia tiene el amor en su obra?

Mucha. Algo tiene que producir alivio al ser humano y para mí ese algo es el amor. Puede ser amor romántico o amistad. El amor básicamente es el deseo de bien hacia el otro y está muy relacionado con la bondad. Si se redujera sólo al amor romántico nos perderíamos el 90% de la vida.

Lejos de Luisiana es su consagración con el premio Planeta, ¿cómo llega hasta allí?

Por dos vías. Primero, yo había vivido en Estados Unidos y siempre me ha interesado el tema de la presencia de España allí. Luego, a través de un relato sobre Bernardo de Gálvez que escribí para un libro de conmemoración del 250 aniversario de la intervención de nuestro país en la independencia de Estados Unidos.

Fue un pálpito. Viajé a Macharaviaya, la cuna de los Gálvez. En la cripta de la familia, ante una pequeña hornacina de mármol, tuve una apabullante sensación de soledad. ¿Cómo puede ser que de ese pequeño pueblo de Málaga surjan cinco mentes brillantes que hicieron tanto en un momento de la historia y se reduzca a esto? Que no se recuerde quién fue Bernardo, ni su padre José, ni sus tíos…

Me lo tomé como una profesora: "¡Os vais a enterar de lo que pasó en Luisiana!". Me enganché a la historia y después he conocido a mucha gente que le ha pasado también. Lo que sucede es que se sabe más de los grandes hombres militares. Ahora, gracias a la novela de Cruz Sánchez de Lara, Las gobernadoras, se conoce algo más sobre ellas.

Corazón de oro es su última novela: ¿Tiene una nueva en mente?

¡No, no, no! Si la terminé en septiembre. Aún no he descansado... Bueno, ya estoy trabajando en otra cosa, pero llevará su tiempo.

La novela empieza con el proverbio "Guarda tu corazón porque de él brota la vida", ¿cómo ser fiel a uno mismo en un entorno cambiante?

Esas frases hay que rescatarlas. La primera pregunta de la novela sería si se puede conservar la nobleza, el corazón de oro, en un ambiente hostil.

La segunda es si la persona que más quieres te plantease un dilema moral, ¿la seguirías queriendo o la abandonarías? Creo que ahí hay un salto generacional. Mucha gente joven probablemente te diría que si no opina como ella, no puede funcionar la relación.

En mis tiempos éramos más de respetar la opinión del otro y quererle por lo que es.

"Mostrar lo mejor de nosotros mismos es una decisión libre que requiere fortaleza interior, algo que debemos cultivar cada día". ¿Algún consejo de cómo hacerlo?

Paseo, contacto con la naturaleza, reflexión y silencio. Si esto no te funciona, vete a Schopenhauer, a El mundo como voluntad y representación.

Este consejo es de mi tío Raúl Gabás, catedrático de filosofía en Barcelona. Ha publicado muchos libros y traducido a todos los alemanes, especialmente a los románticos. Tiene 93 años y todavía esquía. Es un gran maestro de vida.

Hablando de la voluntad, ¿cuál es el camino para convertir el sueño de crear una novela en realidad?

Es una cuestión de trabajo. Mucha gente dice "me encantaría escribir". Pues empieza. Tienes que perseverar y, sobre todo, en trabajos en los que estás mucho tiempo en soledad necesitas tener fortaleza mental.

Luego vamos a las ferias y socializamos y nos va muy bien ese meneo social. Pero cuando empiezo una novela nueva me digo: "Luz, prepárate, que vienen otra vez muchas horas de despacho, sin tomar un café con los compañeros".

La escritora reconoce que necesita un respiro antes de volver a ponerse a escribir.

La escritora reconoce que necesita un respiro antes de volver a ponerse a escribir. Esteban Palazuelos

Usted escribía diarios desde pequeña, ¿en qué momento decide quemarlos y por qué?

Los escribí desde los 12 años a los 30. Soy mucho de llenar cuadernos, de citas, de pensar… Recuerdo en la pandemia leerlos y pensar que ya no era yo, que eran cosas superadas.

Al hilo de lo que me preguntabas antes, yo que soy tan de mirar en el pasado y que tengo cartas antiguas pensé '¿me gustaría que mis hijos leyeran mis diarios?' No. Y los quemé. Sólo guardé la primera página: "Hola, soy Luz. Tengo 12 años". Fue como una limpieza.

¿Y cómo se lleva con el éxito?

Pues vivo la misma vida y en el mismo sitio. Yo diría que con naturalidad. A veces incluso con un poco de asombro.

¿Todavía le sucede?

Hay cosas que sí y las cuento en casa. Nos encanta compartir lo bueno y es como si lo hubiéramos vivido todos. Así que el éxito es una satisfacción compartida con mi familia.

En una entrevista decía que la capacidad de conmover, más que un valor innato, es un trabajo vital de años de estudio, observación y análisis y cierto sufrimiento existencial… ¿Ese sufrimiento existencial responde a un carácter inconformista?

Es una forma de ser. Lo noto enseguida. Hay novelas que técnicamente están muy bien, pero no tienen alma. Y otras que las lees y dices: 'Por Dios esta persona por dentro ¿qué tiene?'. Eso para mí es el alma.

¿Y en su caso?

Soy existencialista desde joven. Me lo cuestiono todo, todo me da pena, sufro por todo…. Lo que pasa es que soy un cascabel y lo compenso. Soy muy sociable, tengo ironía y sentido del humor, pero sí, sufro.