Patricia Aymà posa en el Palacio de Congresos de Huesca.

Patricia Aymà posa en el Palacio de Congresos de Huesca. Samuel de Román

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Patricia Aymá, la científica que 'entrena' bacterias para poner fin a los microplásticos: "Ya se ven tóxicos hasta en la sangre"

La Premio Princesa de Girona CreaEmpresa 2026 es cofundadora de Benviro, empresa que crea bioplásticos 100% biodegradables con residuos orgánicos.

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En estos años, la ciencia ha levantado muchas veces la mano con la misión de alertar de que los microplásticos han dejado de ser un residuo externo para integrarse en nuestra biología de forma irreversible. En 2025, un equipo de investigadores de Nuevo México calculó que en el cerebro humano puede haber el equivalente a cinco tapones de botella.

Otro estudio reciente, coordinado desde la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad de Caldas y el Hospital Universitario de Caldas, también confirmó que estos polímeros están presentes en placentas humanas, demostrando que la exposición a los mismos empieza incluso antes de nacer.

Ambos diagnósticos coinciden con una preocupación creciente entre los ciudadanos por los compuestos de los envases que consumen, y también con el nacimiento de startups a la carrera por hallar soluciones alternativas que sean tan rentables como para seducir a grandes compañías pero que, a la vez, respondan a un compromiso con el medioambiente.

Aunque no suele darse que en los planes fundacionales de estas empresas se incluya el de acabar siendo avaladas por un Premio Princesa de Girona, en el caso de Benviro —que se dedica a convertir residuos orgánicos en bioplásticos 100% biodegradables bautizados como BEO—, el galardón les ha venido muy bien como trampolín mediático.

En realidad, la condecorada es Patricia Aymà (Òdena, 1993), su cofundadora y directora tecnológica (CTO), que se cita con Magas para contar cómo la vida le ha cambiado tres meses después del reconocimiento. Biotecnóloga de formación, entrena bacterias para que crezcan como materiales sostenibles que no dejan rastro de polímeros nocivos.

Su interés por los microorganismos surgió tras una infancia marcada por la salud. "Nací con los bronquios inmaduros y me ponía enferma a menudo", recuerda Aymà. Para ella, esas visitas recurrentes al médico fueron el germen de una curiosidad insaciable: "Me fascinaban las bacterias porque eran lo que me hacía estar en casa y no poder salir; podían matar".

Años después, en una feria de orientación académica, oyó a un científico explicar cómo estas podían modificarse para crear proteínas que combatieran la desnutrición en el mundo. "Ahí la cabeza me hizo crack", dice. Decidió entonces que, en lugar de medicina, estudiaría biotecnología para trabajar con los mismos microbios que la mantenían en la cama.

Se especializó en lo que define con gracia como "la tecnología que olía mal", fascinada por el potencial de las depuradoras. "Mi sueño era dirigir una de esas plantas", dice. Sin embargo, la vida la acabó llevando por el camino del emprendimiento y hoy carga una triple gorra: investigadora, empresaria y divulgadora, como miembro del programa TED Fellows.

Aymà habla rápido, sabe ir al grano y engancha. Traduce conceptos técnicos complejos —esos que el marketing suele licuar hasta dejarlos en la etiqueta de sostenible— en un lenguaje de calle, accesible. Su magnetismo es tal que, tras la entrega del Princesa de Girona, la reina Letizia se quedó un buen rato con ella para charlar sobre el impacto de los microplásticos en la salud.

Mientras sigue saboreando el éxito del galardón entregado en febrero —con el que se une a una lista de la que también forman parte Andreu Dotti (2025), Antonio Espinosa de los Monteros (2024), Rafel Jordá (2023) y otros condecorados—, la emprendedora no se detiene y continúa su labor social sumándose a la iniciativa (In)visibles de Juno House.

Nace en un momento crítico: según el informe Women in Business 2026, las mujeres representan el 3,5% de las presidencias en España y los puestos de CEO ocupados por ellas han caído 10 puntos en tres años. Ante esto, el proyecto da voz a referentes que mueven los cimientos de la ciencia y la economía, pero cuya visibilidad aún no se corresponde con su impacto real.

(In)visibles supone un punto de inflexión para Juno House. El club barcelonés, nacido como un espacio privado para el networking femenino, da un paso como plataforma que busca, en palabras de su CEO, Beatriz de Vicente, "facilitar el acceso a talento femenino, activar conexiones, generar oportunidades y dar visibilidad a redes con las que compartimos propósito".

No es un evento puntual, pues se extenderá durante el año para poner nombre y apellidos a 10 perfiles mensuales de profesionales. Patricia Aymà fue una de las figuras clave en la jornada inaugural celebrada el miércoles, 13 de mayo; una cita diseñada para que estas líderes de sectores diversos puedan seguir haciendo crecer comunidades de influencia.

De izquierda a derecha (arriba) Elvira Bisbe, Olga Morales, Mar Alarcón, Astrid Altadill y Patricia Ayma. (Abajo) Anna Gener, Eva Vila-Massanas, Reichel Delgado, Beatriz de Vicente, Helena Garcia Melero, en la jornada de '(in)visibles'.

De izquierda a derecha (arriba) Elvira Bisbe, Olga Morales, Mar Alarcón, Astrid Altadill y Patricia Ayma. (Abajo) Anna Gener, Eva Vila-Massanas, Reichel Delgado, Beatriz de Vicente, Helena Garcia Melero, en la jornada de '(in)visibles'.

En febrero, se conoció que era la ganadora del Premio Princesa de Girona CreaEmpresa 2026. ¿Cómo recibió la noticia? ¿Le ha ayudado el galardón a impulsar Benviro en los últimos meses?

Yo llevaba tres años presentándome al premio y, obviamente, tienen unos criterios extremadamente selectivos. Saben muy bien qué buscan como perfil de representación de la Fundación, porque al final quienes formamos parte de ella estamos al servicio de ese propósito: ser referentes, ayudar y empoderar a los jóvenes.

A mí me gusta mucho todo lo que propone la entidad y las acciones que impulsa. Este 2026, por primera vez, quedé entre las cinco finalistas del Princesa de Girona. El proceso consiste en asistir a una de las paradas del Tour del Talento, donde se hace un pitch ante un jurado. Nosotros defendimos el valor de tomar decisiones valientes.

Por ejemplo, una de las acciones clave que hemos realizado como empresa ha sido enfocarnos en abrir mercado este año, porque si no, podríamos quedarnos en una bonita historia que quiso cambiar el sector pero no lo logró. También hablamos de cómo el propio mercado del plástico protege modelos que no favorecen el reciclaje, y explicamos nuestro crecimiento.

Quiero destacar el nivel de mis compañeras finalistas, que fueron increíbles. De verdad, el nivel era altísimo. En ese contexto, elegir un proyecto es muy complicado, porque todas éramos diferentes y defendimos nuestras propuestas muy bien. Así que asumí que el resultado no dependía sólo de mí. Di lo mejor sin esperar nada a cambio y disfruté del día.

Cuando llegó la Reina, hicimos otro pitch también para el público. En ese momento yo no tenía ni idea de quién podía ganar. Finalmente, anunciaron que yo era la premiada, valorando el impacto que nuestro proyecto puede tener en el mercado, el desarrollo de la empresa y el potencial futuro de los bioplásticos.

Lo que entendí durante este proceso es que no sólo ha pesado el proyecto empresarial, sino también mi perfil personal. Han valorado mi compromiso con la divulgación científica —por ejemplo, en mi Instagram, @patriciabiotech, donde hablo de biotecnología y bacterias—, así como mi trayectoria internacional y mi capacidad para ser referente para los jóvenes.

Cuando lo anunciaron me puse a llorar e intenté decir unas palabras como pude [ríe]. Y a partir de ahí, la verdad es que sí, me ha transformado la vida, y creo que va a ir a más. La gala será el 14 de julio en el Liceu de Barcelona, donde estaremos con los Reyes durante varios días intensos, trabajando juntos y conociéndonos mejor.

Ya estoy notando el cambio: tengo más visibilidad, más oportunidades para contar lo que hacemos y estoy conociendo a gente increíble, incluso a personas con capacidad de decisión que ya están empezando a tenernos en cuenta. Creo que todo esto sólo puede traer cosas positivas.

Durante la entrega del galardón charló con la Reina. ¿Qué le transmitió ella sobre su preocupación por este desafío científico?

Estuvimos hablando un buen rato, unos 40 minutos, porque los microplásticos tienen un gran efecto de reducción endocrina y ella estaba preocupada por los disruptores. Me explicó cómo se cuidaba, su alimentación, que no le gustaba el alcohol ni el azúcar... Nosotros le contamos que nuestra misión es impulsar el bioplástico 100% biodegradable.

Doña Letizia estuvo muy atenta a conocerme a mí como persona y también el proyecto; fue increíblemente generosa. Incluso durante la ceremonia habló mucho con mi madre para entender una enfermedad rara que ella padece, porque es un asunto con el que está muy comprometida.

Con informes que confirman ya la presencia de plásticos en nuestro propio cuerpo, Patricia, ¿está nuestra sociedad lo suficientemente concienciada sobre su impacto en el día a día?

Bueno, hay un aumento de la relevancia de todos los estudios que se están publicando acerca del efecto de los microplásticos porque esto está sucediendo. Toda esa isla de plásticos que veíamos muy lejos se está rompiendo en fragmentos pequeñitos que entran en nuestra dieta, en el suelo agrario y en nuestro propio organismo.

De hecho, habrás visto que ya hay muchas empresas, sobre todo en Estados Unidos, que se dedican a limpiar la sangre de estas piezas diminutas. Las tenemos incluso en la sangre, en los ovarios y en el esperma. Nuestro propósito es eliminar su efecto negativo, porque van a suponer un grave problema de salud pública.

Entonces ¿por qué le cuesta tanto al consumidor distinguir una solución real de una estrategia de marketing cuando se encuentra con términos como biodegradable o sostenible?

Porque se juega con una mezcla de conceptos muy peligrosa. Reciclado no significa lo mismo que reciclable, ni biodegradable es lo mismo que compostable. A ciertas industrias les beneficia que no estén bien definidos. Por ejemplo, el plástico reciclado puede generar los mismos microplásticos que el virgen.

Además, sabemos que hoy solamente un 9% en todo el mundo se recicla; es una paradoja que nos intentan vender. Nosotros intentamos que el ciudadano tenga la máxima información posible para que no se deje llevar por prácticas que le confunden.

De la bacteria al cliente

Benviro transforma residuos en productos comerciales mediante un ciclo biotecnológico que cierra la economía circular: desde la recogida hasta su llegada a las fábricas de sus clientes. Parte de basura orgánica cotidiana, como cáscaras de huevo, bagazo de cerveza, piel de patata e incluso residuos procedentes de la industria cárnica.

Estos se tratan en un proceso de digestión anaeróbica: sin oxígeno, se descomponen en 24 horas hasta formar ácidos grasos volátiles (VFA), una sopa nutritiva fácil de digerir. Aquí entran las protagonistas: bacterias que devoran los VFA y que, además, son capaces de crear reservas de energía interna.

Después del festín inicial se las deja sin alimento y, como respuesta al estrés, algunas mueren pero otras sobreviven acumulando dentro de sí polihidroxialcanoatos (PHA), un tipo de biopolímero natural que va aumentando en este período de hambruna.

Después, durante un tiempo y en bioreactores controlados, las bacterias se engordan con los PHA, y estos luegos se extraen, se mezclan con fibras y acaban dando lugar a la formación de una pasta adaptada a máquinas listas para fabricar envases.

Con una planta piloto en Murcia, Benviro hoy colabora con más de 20 empresas en la validación comercial —vendiendo estos compuestos para que fabriquen productos finales certificados— mientras escalan su producción vía alianzas con generadores de residuos.

Sectores como el alimentario o el cosmético son algunos de los que más podrían aprovechar estos BEO libres de polímeros nocivos.

Si la tecnología para crear envases libres de microplásticos ya existe, ¿qué frena a las grandes compañías para dar el paso definitivo y abandonar el plástico convencional?

La cuestión económica es la que manda. Es decir, ellas no están dispuestas a sacrificar sus márgenes para que tú, Lydia, Laura y yo no nos intoxiquemos. Sin ningún tipo de duda, te lo puedo afirmar.

Hay muchas empresas comprometidas que quieren que esto sea un cambio y están apostando por nosotros. Pero no es suficiente porque, por ejemplo, cuando voy a comprar un taco de queso, viene con un envoltorio retráctil muy fuerte. Ese plástico va a ser imposible de reciclar porque está sucio y además en contacto con el alimento. ¿Por qué no lo sustituimos por bioplástico, que es totalmente orgánico y compatible con nuestro cuerpo?

Ahí es donde nosotros tenemos que, de alguna forma, poner sentido y trabajar con las empresas. ¿Están preparadas? Sí. ¿Son resistentes al cambio? También, porque al final tienen estructuras muy robustas. Y de momento el consumidor no lo ve tan preocupante como para que haya ese cambio.

Y aquí hay un punto que me gustaría introducir: el de la legislación. Europa lleva muchos años invirtiendo en el sistema de reciclado, que es necesario sin ningún tipo de duda y que necesita amortizar estas plantas. ¿Qué nos está pasando? Que las leyes se están centrando en intentar que el material reciclado sea el principal, además de reducir la cantidad de plástico.

Pero ¿qué provoca esto? Que cuando sólo nos orientamos en ese sentido, no nos hacemos la pregunta de qué fin de vida deben tener esos polímeros. Por tanto, si no hacemos esa pregunta y se nos exige usar algo reciclable —que no quiere decir que sea reciclado—, no avanzamos en lo que realmente tiene sentido aplicar en el sector.

Es un punto delicado. Yo creo que también es una cuestión cultural europea. Me fijo, por ejemplo, en China, que es uno de los mercados que marcan tendencia a nivel global. Allí, todo lo de un solo uso, todo lo que está en contacto alimentario, bolsas, films o takeaway, es bioplástico.

Al final, el mercado acabará mandando. Nosotros queremos hablar con las empresas y convencerlas para que sean ellas mismas quienes pongan sentido común, y que la legislación se adapte a ello. En eso estamos trabajando.

Durante la conversación, Patricia Aymà se acomoda una camiseta en la que puede leerse el mensaje Self-STEM, que hace el juego entre la palabra autoestima en inglés y el acrónimo de las disciplinas relacionadas con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas.

"¡Ah, sí! Es de una marca que creé hace un año, pero la verdad es que tengo que retomar el proyecto. La llevo a todas partes", dice al preguntarle por la prenda. A juicio de la investigadora, esta lanza un mensaje clave para fomentar el liderazgo femenino: para ella, la autoestima es el motor que evita que las niñas se queden fuera de la ciencia.

"A los niños los educan para ser valientes y a ellas para ser perfectas", sentencia, apuntando a que los sesgos llevan a que ellas tengan una participación menor en las aulas. "Todavía voy a coles en las que una chica se me acerca al final de la charla para preguntarme dudas porque tenía miedo a equivocarse frente a sus compañeros", asegura.

"Son cosas en las que luego piensas cuando creces y te das cuenta de que eran una tontería, porque la vergüenza se quita en un momentito", añade la científica, hoy acostumbrada a sentarse en mesas de negociación donde el pronombre aún pesa. "Me suelo reunir con inversores hombres; solo he encontrado a una mujer", relata.

Aymà asegura que aún es fácil que se cuelen comentarios fuera de lugar en esos entornos y por ello valora positivamente iniciativas como (In)visibles, que buscan romper estas dinámicas. Su receta contra el escepticismo es pragmática: "La credibilidad de un proyecto no depende del género, sino del esfuerzo y de que domines lo que estás sacando adelante".

Patricia Aymà, durante su discurso en el evento de Juno House.

Patricia Aymà, durante su discurso en el evento de Juno House. Cedida

Al consultarle próximos pasos, su mirada vuelve al laboratorio, pero con la calculadora en la mano. Benviro ha evolucionado de producir un solo bioplástico a ofrecer soluciones completas integrando todos los materiales del mercado: "Ahora tenemos un pipeline de clientes que ronda entre 14 y 16 millones de euros".

Con el objetivo de facturar un millón este año, Aymà asegura que tanto ella como sus dos socios, Noelia y Jordi, están "muy contentos" con el camino recorrido hasta ahora. El reto final es ocupar la mesa de las grandes decisiones y "seguir dando potencia a la empresa hasta convertirnos en un referente en el sector de los bioplásticos" .