Aina Murillo, en un posado para Magas.
Aina Murillo Paredes, referente en la gestión de las renovables: “El verdadero liderazgo se ejerce desde el ejemplo”
Esta ingeniera, Global Head of Estimations de Zelestra, viene del sector de las infraestructuras y enfrenta los nuevos retos de este campo.
Más información: El control de calidad en la construcción de parques solares seis veces más rápido que los métodos tradicionales
En un momento de increíble expansión de las renovables en España, perfiles como el de Aina Murillo se han convertido en piezas clave de la transición energética.
Mientras la solar y la eólica crecen a un ritmo muy significativo y ya cubren una parte importante de la nueva demanda eléctrica a nivel global, alguien tiene que poner números, riesgos y plazos a cada uno de esos proyectos antes de que se conviertan en megavatios reales.
Ese es, precisamente, su trabajo como Global Head of Estimations en Zelestra, donde esta valenciana ha 'aterrizado' recientemente para emprender una aventura que le resulta apasionante y que supone para ella un cambio de escenario.
La ingeniera valenciana ha transitado desde las infraestructuras a las renovables.
Resumir su currículum resulta complicado —por lo extenso—, pero es imprescindible destacar que encarna un liderazgo femenino que combina experiencia internacional, visión estratégica y compromiso.
Una vocación técnica
Tener una trayectoria como la suya en un terreno donde las mujeres aún son minoría —sólo hay un 30% y algo menos en los puestos directivos— es un hecho que afronta de manera natural.
“Durante años, las ingenierías, especialmente en el ámbito de infraestructuras, obras y construcción, fueron un territorio predominantemente masculino. Sin embargo, es cada vez más habitual ver a mujeres ocupando estos espacios”, comenta.
Su decisión de estudiar Caminos tiene mucho de reto personal: "En las jornadas de puertas abiertas comentaron que era la carrera más difícil, casi 10 años de media para terminarla, llena de desafíos... y a mí eso me motivó. Salí de allí pensando: pues esta es la que quiero".
Al final la terminó a curso por año y remató el proyecto final en Estados Unidos, demostrando que la autoexigencia y la perseverancia iban a ser un sello de identidad también en su faceta profesional.
Un salto de fe
Ese impulso la llevó pronto fuera de España. Ya en tercero de carrera hizo prácticas en Estonia, continuó en EEUU para terminar la titulación y más tarde se trasladó a Inglaterra para cursar un máster. El gran punto de inflexión vino un poco más adelante.
"Quería seguir explorando la experiencia internacional. Estuve valorando destinos, entre ellos Canadá y Australia, y al final este último fue un país donde se reunían muchas circunstancias: un gran boom de inversiones en infraestructuras, una clara proyección de crecimiento y un lugar de habla inglesa para consolidar el idioma... Además, con mejor clima que la opción de Norteamérica; yo soy de Valencia y el sol tira", cuenta.
Su llegada no fue un aterrizaje cómodo, sino una prueba de carácter: “Me fui a Australia por iniciativa propia; tuve que llamar a muchas puertas y poner mucho esfuerzo, iniciativa y perseverancia para abrirme camino y encontrar oportunidades profesionales”.
La experiencia, subraya, fue tanto vital como de enriquecimiento profesional. En ese contexto entró en Acciona y se integró en grandes proyectos de obra civil.
“Durante mi estancia allí participé en varios proyectos de gran envergadura, uno de los cuales me marcó especialmente pues estuve involucrada en el día a día de la obra durante más de dos años y medio. Fue una circunvalación de 42 kilómetros valorada en 1.600 millones de dólares australianos, que incluía 25 puentes y un viaducto de aproximadamente 1 kilómetro. Fue una experiencia muy enriquecedora, tanto desde el punto de vista técnico como en términos de gestión, al permitirme comprender de primera mano cómo se lideran y coordinan iniciativas de esta complejidad”, cuenta.
Esta etapa ha marcado su manera de dirigir: "Considero fundamental que, especialmente para los perfiles jóvenes, se haya pasado por la experiencia de estar sobre el terreno, como diríamos coloquialmente 'echando hormigón', es decir, comenzando desde posiciones más operativas y de detalle. Haber vivido esas situaciones en primera persona te permite comprender en profundidad todos los aspectos del trabajo y, en consecuencia, tomar decisiones mucho más acertadas”.
Con el tiempo, dio el salto al corporativo en Melbourne: "Pasé de los zapatos de obra con puntera de acero a un ambiente de oficina, más estratégico, con mayor diversidad de proyectos”. Ese cambio de registro cimentó un liderazgo híbrido, capaz de combinar la visión de campo con la mirada de negocio.
Murillo, en un momento de la entrevista.
Un liderazgo que se gana
Aina Murillo reconoce que su modelo de dirección ha evolucionado con la experiencia y con la formación al respecto, incluyendo un Executive MBA en IESE Business School que cursó de vuelta en España. “Un programa de este tipo te ayuda a reenfocar la definición del propio liderazgo”, explica.
Añade que es precisamente lo que necesitaba en ese momento, un plus de formación en una escuela con un gran posicionamiento internacional, centrada en la persona y la ética empresarial, con un plan tan exigente como transformador.
“Este máster vino en el momento perfecto, a mi vuelta de Australia. Considero que es una formación valiosa para cualquier persona, pero especialmente adecuada para quienes provienen del mundo de la ingeniería, ya que proporciona una visión más orientada a la gestión empresarial y al ámbito directivo. El programa abarca todas las áreas fundamentales: desde el aspecto más humano de la gestión de equipos y el ámbito financiero, hasta las operaciones, por lo que constituye un complemento ideal. Siempre había aspirado a cursarlo en una escuela de negocios de tanto prestigio como el IESE”, confiesa.
En este camino, Aina ha ido estableciendo las bases de su manera de entender su liderazgo y lo sintetiza en tres ideas: "Primero, guiar siendo ejemplo. Más allá de imponer o forzar que las cosas sucedan, se trata de plantearte en todo momento cómo mejorar tú, cómo te gustaría que la otra persona hiciese las cosas, y hacerlo una misma sin esperar nada a cambio".
La segunda clave la centra en la responsabilidad: "En roles de gestión, las victorias son de todo el equipo y las derrotas hay que asumirlas una misma".
Y la tercera tiene que ver con la autoridad moral: "Se trata menos de un poder impuesto. Es algo que terminas ganándote".
Ese estilo contrasta con el modelo que predominaba cuando ella empezó en infraestructuras: “Tradicionalmente, en el sector de la construcción han predominado estilos de dirección más formales y jerárquicos, caracterizados por una marcada autoridad y una gestión muy estructurada”.
Capítulo energía limpia
Tras casi una década entre Estados Unidos, Inglaterra y Australia, y ya con la nacionalidad de esta última nación en el bolsillo, decidió volver a su país natal. Lo hizo de la mano de una oportunidad corporativa difícil de conseguir.
"Fue un cambio de ciclo. Después de tanto tiempo fuera, las prioridades cambian. Te apetece volver, estar más cerca de casa, estabilizarte... y a la vez complementar un perfil técnico como ingeniero, con una formación de gestión y dirección de empresas” explica.
Desde esa base, su salto a las renovables fue natural: "En los últimos años la necesidad de transicionar hacia aquí se ha hecho muy evidente. Y un sector en crecimiento, con tanto potencial y tanto auge, era una posibilidad que no podía dejar pasar".
Estructura la evolución de este sector en tres etapas: "En una primera fase, el desarrollo estuvo impulsado por marcos regulatorios y esquemas de apoyo, orientados tanto a demostrar la viabilidad de las tecnologías como a crear mercado. Posteriormente, se dio paso a una segunda etapa marcada por la mejora de la competitividad, con una significativa reducción de costes, la entrada de capital institucional y una creciente profesionalización del sector”.
"Ahora estamos en una tercera etapa mucho más compleja en la que las renovables ya no son una alternativa, sino pieza estructural del sistema energético”, confiesa.
“En la actualidad los principales retos ya no son tanto tecnológicos como sistémicos: integración en la red, estabilidad regulatoria, almacenamiento a gran escala, financiación en un entorno de tipos altos y cómo gestionar la volatilidad de precios”, detalla.
Crecimiento y potencial
En su rol actual, Aina forma parte de una compañía global de renovables que ha vivido una transformación profunda. La empresa ha pasado de centrarse principalmente en la energía solar a convertirse en una plataforma "multitecnología", con eólica, baterías, hidrógeno verde y soluciones híbridas.
"Lo que nos caracteriza es ofrecer soluciones integrales de descarbonización muy adaptadas a nuestros clientes, como un traje a medida para clientes globales", explica.
Esa orientación está en línea con el plan estratégico del grupo a 2030, que prevé una fuerte expansión de cartera y de capacidad renovable.
En la hoja de ruta, el almacenamiento es ya uno de los focos principales. Aina destaca que el reto de países como España, con tanto recurso solar, es "no sólo producir esa energía, sino ser capaces de almacenarla cuando hay excedente y verterla cuando más se necesita".
Sobre el papel de nuestro país, su visión es optimista pero exigente: “España cuenta con una posición claramente ventajosa en el ámbito de las energías renovables, apoyada en factores estructurales como la calidad y abundancia de sus recursos naturales. Más allá de un clima favorable, el país dispone de una combinación equilibrada de territorio que permite desarrollar proyectos a gran escala, manteniendo al mismo tiempo una adecuada integración con el entorno”.
Pero advierte de lo mucho que queda por hacer: “Esta realidad ofrece una oportunidad diferencial para consolidar un modelo energético más competitivo y con un mix más equilibrado, basado en el despliegue eficiente de tecnologías como la solar fotovoltaica y la eólica".
" Sin embargo, para aprovechar plenamente este potencial es imprescindible avanzar en la adaptación de las infraestructuras y del marco regulatorio a las necesidades actuales. El contexto ha cambiado de forma significativa en los últimos años y exige un nuevo impulso inversor, así como una mayor agilidad en la planificación y desarrollo de la red”, añade.
Aina Murillo Paredes tiene una carrera internacional. Raquel Saez
Educación, greenwashing y futuro
La directiva de Zelestra cree que uno de los grandes temas pendientes del sector es la pedagogía: “Desde las organizaciones y quienes formamos parte de este ámbito, debemos asumir un papel más didáctico, con el objetivo de fomentar una mayor comprensión y, en consecuencia, una mayor aceptación de las energías renovables en la sociedad. Existen aspectos fundamentales que podrían comunicarse mejor, facilitando así una visión más clara y positiva sobre el papel de las energías limpias en nuestro futuro".
Esa labor didáctica es clave para combatir discursos negacionistas que surgen desde distintas partes de la esfera política. Respecto al greenwashing, distingue claramente la moda del compromiso real.
“En su momento, el sector experimentó un auténtico auge, con numerosas empresas que se sumaron a la tendencia. Sin embargo, con el tiempo, el mercado tiende a estabilizarse y a encontrar su equilibrio natural. Aquellas compañías verdaderamente comprometidas con una descarbonización integral, que han incorporado este propósito en sus valores fundamentales, son las que logran consolidarse y perdurar. Por el contrario, aquellas que no lo hicieron suelen no asentarse y acaban desapareciendo o abandonando el sector”, asegura.
Cuando se le pide imaginar el sector dentro de una década, pone el foco en la regulación, la tecnología y el sistema: “Es previsible avanzar hacia una mayor integración de las renovables en la red y hacia un marco regulatorio más estable y adaptado al contexto actual. Desde el punto de vista tecnológico, ya existen soluciones maduras, y el almacenamiento —especialmente las baterías— irá ganando un papel cada vez más relevante hasta integrarse de forma generalizada en la operación del sistema en los próximos años”.
Asume que la volatilidad de precios seguirá formando parte del entorno, pero mantiene una visión clara: “El objetivo es seguir avanzando, como sociedad y como país, hacia un modelo energético en el que las energías renovables incrementen progresivamente su peso en el mix y en el funcionamiento cotidiano, contribuyendo además a reforzar la autonomía energética y la seguridad de suministro”.
Las nuevas generaciones
Al final, su historia personal -una ingeniera de un pueblo valenciano que decide estudiar "la carrera más difícil", se va a Australia, contribuye en grandes proyectos de infraestructuras y hoy impulsa la descarbonización desde una multinacional de renovables— se convierte en una invitación directa a las nuevas generaciones de mujeres STEM.
“Animo a que se atrevan a ser personas inquietas, curiosas y entusiastas; las experiencias internacionales, tanto en el ámbito personal como profesional, aportan un enorme valor y enriquecimiento. Además, el mercado reconoce y valora este tipo de vivencias, es algo que las empresas perciben y tienen muy en cuenta”, afirma.
Reivindica también la importancia de la formación continua: “Instruirse, seguir formándose, ya sea a través de un MBA o de cualquier otro programa alineado con los propios objetivos, es fundamental. Es clave mantener siempre la inquietud y el compromiso por seguir aprendiendo y evolucionando profesionalmente”.
Y condensa su filosofía en una idea que bien podría resumir la trayectoria de muchas líderes del futuro: “Lo que realmente marca la diferencia es la actitud, la perseverancia y la determinación. En ocasiones el camino es directo, y en otras requiere transitar distintas etapas, pero con la actitud adecuada, los resultados terminan llegando”.