La artista en una imagen.
Júlia Pericas, la única española en el cuerpo de bailarines de Bad Bunny para la Super Bowl: "Fui seleccionada entre cientos"
La barcelonesa ha convertido el esfuerzo silencioso en una carrera que la ha llevado de los platós de la televisión española al escenario más visto del planeta.
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En la industria del espectáculo, donde el talento se mide tanto por la técnica como por la capacidad de resistir lejos de casa, hay nombres que emergen con la fuerza de una historia bien construida. El de Júlia Pericas Anton es uno de ellos.
Sin embargo, su trayectoria no responde a un golpe de suerte. Formada desde niña en el Quality Dance Studio de Badalona y curtida en formatos como Top Dance y OT, la catalana decidió mudarse a Miami en busca de oportunidades.
Como resultado, ha colaborado con figuras como Karol G, Shakira o Maluma. Ese salto la consolidó en la élite de la danza urbana y la conectó definitivamente con la industria latina en Estados Unidos.
Todo el equipo de 'backstage'.
En conversación con Magas, Pericas habla del vértigo de actuar ante una audiencia planetaria, del precio de perseguir un sueño a miles de kilómetros del hogar y de la disciplina que se esconde tras cada coreografía que, durante unos minutos, parece pura magia.
Formar parte del cuerpo de baile de la Super Bowl junto a Bad Bunny ha sido "un sueño cumplido". ¿En qué momento sentiste que empezaba a ser posible?
Me llegó la audición en diciembre y ahí empezó todo. Pasé la primera fase y una semana antes de empezar los ensayos me llamaron para trasladarme que había sido seleccionada de entre cientos y cientos de bailarines para estar en la Super Bowl.
¿Qué hay detrás de ese instante en el escenario que el público no ve: miedos, presión, disciplina?
Sobre todo, muchas cosas sucediendo a la vez. Todo está cronometrado al milímetro en un espectáculo de este calibre: las cámaras, movimientos, cambios de plano, de ropa y de posiciones...
Todo pasa en el backstage a la vez que vosotros lo veis en casa, pero esa es la magia. Nervios, pero bonitos, y mucha concentración. Cada uno tenemos nuestro rol y trabajo bien claros para que el show no tenga fallos.
Has hablado de lo que significa para ti ser española e inmigrante en Estados Unidos. ¿Cómo ha moldeado esa experiencia tu forma de bailar y de entender el éxito?
Me ha enseñado que el talento no es suficiente. Tienes que volver a empezar, demostrar quién eres y no rendirte. Eso ha cambiado mucho mi manera de moverme y de pensar. Ahora lo hago con más intención, más hambre y más gratitud. También he entendido que el éxito no es sólo llegar alto, sino sostenerte lejos de casa.
Júlia frente al Levi's Stadium.
Dices que la danza es una vía de expresión incluso cuando no estás al 100%. ¿Qué emociones te ha ayudado a canalizar el baile en los momentos bajos?
Todas. Es mi terapia. Si tengo un día malo, probablemente me vaya a bailar o a tomar clase para darle a mi cuerpo el amor que necesita. Es algo que hace que tu cuerpo y tu energía se muevan. Así se renueva y esa es la mayor de las bendiciones.
¿Qué ha sido lo más difícil de irte?
La soledad. Venir aquí y saber que si algo sale mal no tienes a tu familia a 10 minutos. Profesionalmente creces muchísimo. Pero emocionalmente te haces fuerte porque no tienes otra opción. Aprendes a mantenerte sola y eso cambia mucho quién eres.
¿Se puede tener una vida equilibrada cuando tu carrera depende del movimiento constante?
Es complicado, no voy a mentir. Esta industria es muy inestable y siempre estás pendiente del próximo trabajo. Pero con el tiempo, he entendido que si no construyes algo más allá del baile, te pierdes.
Intento que mi vida y mi felicidad no dependan sólo de eso. Dentro de la danza tengo varias salidas.
En una industria donde el físico es tan visible, ¿cómo se protege la autoestima?
Preparando mucho la mente. Porque aquí siempre va a haber alguien más alta, más delgada o más 'perfecta'. Si basas tu valor sólo en eso, te autodestruyes. Yo he aprendido que mi fuerza está en mi energía, en mi disciplina y en cómo hago las cosas. No sólo en cómo me veo y en la persona que soy por delante de la bailarina.
Júlia durante la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl.
¿Notas cambios en cómo se valora el talento femenino?
Sí, hay más espacio y más mujeres liderando. Pero todavía siento que tenemos que demostrar más, para que se nos tome igual de en serio.
Aun así, creo que estamos en un momento de cambio real. He podido experimentar con varios proyectos la confianza que han depositado en mí grandes equipos. Es maravilloso lo que una puede lograr cuando cree en sí misma.
¿Qué le dirías a una niña que sueña con ser bailarina?
Que no lo romantice todo. Es precioso, pero es duro. Que entienda que el talento es importante, pero la mentalidad más. Que no espere que nadie le dé permiso para creérselo, pero que tampoco se piense mejor que nadie. Hay que sacrificar muchas cosas para poder estar en el top en lo que haces. Hay que buscar lo mejor para una misma, no para los otros.
¿Qué te ilusiona más en este momento?
Sigo amando bailar, siempre va a ser parte de mí. Pero ahora también me motiva mucho crear cosas propias, construir proyectos como mi negocio NINA, en España.
También generar oportunidades para otras chicas y darles espacio a las mujeres de mi país para que se cuiden. Eso me llena de una forma diferente. Pero la danza lo es todo para mí y espero que lo sea por muchos años más.