Agnieszka Holland en la la 80ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia.

Agnieszka Holland en la la 80ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia. G.Zucchiatti

Protagonistas

Holland, la cineasta a la que el ministro de Justicia polaco llamó 'nazi', habla en Venecia con MagasIN

El mandatario compara su nueva película, 'Green Border', con el aparato propagandístico de Hitler.

7 septiembre, 2023 17:41

Serena, determinante y en pie de lucha. Agnieszka Holland (Varsovia, 1948), directora polaca de gran trayectoria y tres veces nominada al Oscar, no pierde los nervios tras haberse convertido en el blanco del gobierno de la extrema derecha de su país.

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En la Mostra de Venecia, la también actual presidenta de la Academia de Cine Europeo, entró en la carrera por el León de Oro con Green Border, que narra en profundidad la crisis de refugiados en la frontera con Bielorrusia desde el punto de vista de activistas, la polémica y brutal guardia fronteriza y los mismos desplazados que sirven como carne de cañón entre los dos países. De la zona limítrofe bielorrusa-polaca pasa, a modo de epílogo y con un abismal contraste, a la frontera de ese país con Ucrania, en la que los refugiados de la reciente guerra reciben un trato completamente diferente.

Agnieszka Holland y su equipo de 'Green Border' en el Festival Internacional de Cine de Venecia.

Agnieszka Holland y su equipo de 'Green Border' en el Festival Internacional de Cine de Venecia. G.Zucchiatti

Fundamentada en una realidad que nadie quiere ver, ni mucho menos asumir responsabilidades, y apoyada en testimonios reales de los representantes de cada punto de vista, la cinta en cuestión, que de paso ha tenido una gran acogida de público y excelentes críticas, ha levantado la furia del ministro de Justicia Zbigniew Ziobro.

¿Cómo reaccionó cuando el ministro de polonia dijo que antes existía la propaganda nazi y que ahora para ese propósito está la Sra. Holland?

Mi reacción fue: 'What the fuck?!' [¡¿Qué carajo?!] Pero sospechaba que sería así; las respuestas y ataques de ese gobierno son muy predecibles. Sabía que me dirían sirviente de Putin, que hurgarían en lo profundo de mi historia familiar por el hecho de que mi padre a los 20 años sirvió en el Ejército rojo, pero acusarme de ser el equivalente a [Joseph] Goebbels y nazi… ¡Que se jodan esos cabrones!

Por supuesto que mis abogados ya han tomado medidas [legales] por la difamación, pero hacer tal afirmación, con mi biografía, mi pasado y con mi trayectoria, es una muestra de que realmente están fuera de la realidad, y que han creado el Matrix donde está viviendo actualmente la mitad de la población polaca. Te agradezco que te sientas conmocionada, porque lo peor es que en Polonia la gente ni se ha inmutado.

Más allá de las difamaciones, ¿se siente en peligro, cree que le puedan hacer daño?

Por supuesto que puede suceder. En manos de esas personas están los medios de comunicación, además tienen voz en todas las plataformas posibles, y sobre todo son los actuales gobernantes del país. Probablemente, Ziobro sea el segundo político más importante ahora mismo, y su discurso de odio puede provocar una violencia real, que de hecho ya sucede. Cuando hay fascistas y cabrones dementes en posiciones de poder, no tienes manera de protegerte.

Esta no es la primera vez que es blanco de ataques, pero hacía tiempo que no salía ese animal político que lleva dentro, ¿por qué?

Lo había dejado apartado durante unos años, pero volvió a llamar a mi puerta, y me volví a convertir en un animal político. Hasta ahora no había nada con lo que lidiar, mi responsabilidad se limitaba a votar cada cuatro años en los dos países de los que soy ciudadana [Polonia y la República Checa], pero hoy en día es diferente.

En Green Border no solamente muestra la crueldad hacia los refugiados, en su mayoría sirios, pero también africanos y afganos, en la frontera entre Polonia y Bielorusia, sino que así mismo establece una reveladora comparación entre ellos y los desplazados ucranianos. ¿Qué tan importante era presentar esas realidades?

Ambas situaciones están relacionadas porque se trata de refugiados. Pero si lo miras desde el punto de vista político, es evidente que [Aleksandr] Lukashenko y [Vladimir] Putin usan a los refugiados como un medio para golpear los puntos débiles en el tejido de Europa y de la Unión Europea. Esto no es nada nuevo, además se sabe que la guerra en Siria estuvo impulsada en parte por Putin.

Sin embargo, lo que me interesa más aún es nuestra respuesta como ciudadanos, y aunque todavía no tenemos al Sr. Putin en las fronteras griega, italiana o española, hay que responder.

Con esta película quiero abrir los ojos, dejando claro que la crisis de los refugiados no es algo que sencillamente pasará, porque la misma está a su vez generada por las crisis climática y la política de esos países, las cuales son cada vez más grandes, y la gente va en búsqueda de mejores condiciones de vida. El número de refugiados seguirá en aumento y al parecer no sabemos cómo afrontarlo, pero la violencia no es la respuesta.

Imagen de la película 'Green Border', de Agnieszka Holland.

Imagen de la película 'Green Border', de Agnieszka Holland. G.Zucchiatti

Teniendo en cuenta el camino político que han tomado países como Hungría, Polonia o Italia, la avanzada del fascismo es una lucha contra el tiempo en la Unión Europea. ¿Hay alguna forma de detenerlo?

Cariño, ya es demasiado tarde. Créeme, es demasiado tarde. Con la crisis de 2014 la Unión Europea tuvo un miedo terrible porque inmediatamente los movimientos populistas y fascistas utilizaron esa situación y a los millones de refugiados para sembrar el miedo y crear la sensación de que Europa se estaba desmoronando; dijeron que se acababa la identidad, que se terminaba todo. El discurso fue eficiente: funcionó en Hungría, en Polonia, en Italia, en Francia, España hasta en Alemania.

La democracia liberal evade el tema de los refugiados porque sostiene que asusta a la gente, pero así se fortalecen el fascismo y el populismo. Entonces se finge que no existe o impulsan soluciones ridículas como apoyar a [el presidente de Turquía, Recep] Erdoğan, tanto política como financieramente para que los retenga en su territorio.

Como ejemplo, me sorprendió que mi coproductor turco no estaba tan en contra de Erdoğan en las recientes elecciones, pero al ver que el primer punto en el partido de oposición en Turquía era expulsar a los sirios, entendí que ya no se trata de blanco y negro. Ayudar a los refugiados un día te ayuda políticamente, otro te destruye.

P.: ¿Cómo se nota esto último en Polonia?

R.: Aunque se haya sentido un gran orgullo y entusiasmo por ayudar a los refugiados provenientes de Ucrania, ya tenemos un partido político en crecimiento que habla sobre la ucranización de Polonia. Ante esto, y por la baja de los precios de los productos polacos, el gobierno está reculando al bloquear el paso de productos agrícolas ucranianos. Así que de repente está jugando al juego de Putin.

Es un desastre tal, que estoy muy feliz de ser cineasta. Nosotros tuvimos el control total sobre nuestra película, mientras que los malditos políticos no tienen ningún control sobre lo que está pasando en Europa.

P.: Usted ha dicho que el cine no es completamente impotente, ¿es extensivo ese pensamiento a Green Border en este contexto actual?

R.: Como cineastas podemos crear realidades, tal vez más reales que la realidad misma. Probablemente, podamos llegar a más personas con nuestras imágenes, en especial cuando obtenemos una promoción gratis como la que nos ha dado el ministro Ziobro (se ríe). Creo que con el cine podemos darle voz a la gente que no la tiene, pero no peco de ingenua, ya que estoy consciente de que nuestra influencia es limitada.

Como artista tengo el derecho de tener mi propia agenda, me gusta ser políticamente activa a través de mi trabajo. Aunque no creo que sea saludable que los cineastas tengan la obligación de librar grandes luchas políticas, ahora mismo estamos en una situación en la que no veo ninguna otra opción.