Helen Reddy, con su estrella de la fama en 1974.
Helen Reddy, la autora del himno feminista de los 70 que dijo que Dios era mujer y se rebeló contra un marido adicto
La cantante de I Am Woman tuvo un éxito inesperado, pero también una vida personal complicada marcada por un matrimonio equivocado.
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Fue un icono del feminismo. Y como todo movimiento revolucionario necesita un himno –La Marsellesa de la Revolución Francesa, La Internacional del movimiento obrero o Bella Ciao, de la resistencia italiana contra el nazismo–, I Am Woman lo fue para la segunda ola del movimiento de los 70.
Hija de artistas y nacida en Melbourne, Australia, en 1941, Reddy se crio con su tía y su abuela mientras sus padres viajaban por el país.
“Todas las mujeres de mi familia trabajaban al mismo tiempo que tenían hijos. Mi abuela vivió dos guerras mundiales, se casó con un alcohólico y mantuvo a todos unidos. Ellas eran mis ejemplos a seguir”, declaró en 2007 en el programa de la ABC Talking Heads.
Helen Reddy, cantante y activista feminista icónica, en una actuación durante los American Music Awards (1979) Getty
Se sublevó no siguiendo la carrera artística y casándose en 1961 con un músico amigo de la familia, bastante mayor que ella. “Todos me decían: ‘Serás una estrella’. Así que me rebelé y decidí que esto no era para mí. Iba a ser ama de casa y madre”.
Pero a los 21 años, ya divorciada y con una hija de 16 meses, decidió retomar su carrera en el showbiz y se mudó a Sídney, aguantando a borrachos en clubes nocturnos.
En 1966 viajó a Nueva York para realizar una audición con una discográfica gracias a un concurso de televisión. La compañía alegó que ya tenían demasiadas cantantes y Helen, con una niña de tres años, decidió no volver a Australia y trabajar en bares de la Gran Manzana.
En 1968 conoció a Jeff Wald, con un puesto en una agencia de representantes, y se casaron tres días después. Tras pasar por Chicago, empezaron de cero en Los Ángeles. Pero allí tampoco les iba a resultar tan fácil.
En 1970 Helen fichó por Capitol Records, que tenía entre sus artistas nombres tan famosos como Peggy Lee, Nat King Cole, Frank Sinatra, The Beach Boys o The Beatles.
El estrellato que le habían vaticinado desde pequeña en su familia todavía se haría esperar. En 1972 nació su hijo Jordan y Helen Reddy compuso I Am Woman con el músico Ray Burton: “Me di cuenta de que la canción que estaba buscando no existía y que iba a tener que escribirla yo misma”.
El estribillo dice así: “Oh yes, I am wise” (Oh, sí, soy sabia). “But it’s wisdom born of pain” (Pero es sabiduría nacida del dolor). “Yes, I’ve paid the price” (Sí, he pagado el precio). “But look how much I’ve gained” (Pero mira cuánto he ganado). “If I have to, I can do anything” (Si tengo que hacerlo, puedo hacer cualquier cosa). “I am strong” (Soy fuerte). “I am invincible” (Soy invencible). “I am woman” (Soy mujer).
Llegó a ser número uno meses después, convirtiéndose en la primera artista australiana en lograrlo y la primera en recibir el Grammy a la mejor interpretación vocal pop femenina en 1973. Al recogerlo afirmó: “Y me gustaría agradecer a Dios porque ELLA lo hace todo posible”.
La controversia que suscitó que la cantante diera por sentado que Dios era mujer sólo amplificó el mensaje feminista de I Am Woman, cantada por miles de congéneres a lo largo y ancho del globo. En 1974, recibió una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y la nacionalidad americana, pero estaba atrapada en un matrimonio con un hombre que, además de su marido, era su mánager y un adicto a las drogas.
En una entrevista en People en 1975, Reddy admitió que era incapaz de salir de esa situación porque sentía que le debía su éxito: “Él lo controla todo. No es mi carrera, es nuestra carrera”. Durante dos años consecutivos se convirtió en la vocalista femenina con mayores ventas de todo el mundo.
Sus canciones se alejaban de las letras de la época que presentaban a las mujeres como delicadas o sumisas, como en Angie Baby (1974): “It’s so nice to be insane” (Es tan agradable estar loco). “No one asks you to explain” (Nadie te pide explicaciones).
Reddy probó suerte en el cine interpretando a una monja en Aeropuerto 1975, donde canta Best Friend: “¿Te cuidarías mejor, serías más amable contigo misma y más compasiva con tus imperfecciones humanas si te dieras cuenta de que tu mejor amiga eres tú misma?”.
Fue nominada a los Globos de Oro como mejor actriz revelación.Y cuando en 1977 protagonizó Pedro y el dragón Elliot, la canción Candle on the Water compitió para el premio de la Academia. Polifacética e incansable, en los años siguientes interpretó pequeños papeles o cameos en series como The Love Boat (1980), Fantasy Island (1982) o Diagnóstico asesinato (2000), y en películas como Disorderlies (1987) y The Perfect Host (2010).
En 1979 dejó Capitol Records para irse a MCA, alegando que no la promocionaban lo suficiente. En 1981, su sencillo I Can’t Say Goodbye to You se convirtió en la última canción en aparecer en las listas de éxitos.
El título, sin duda, hacía referencia a su dolorosa vida personal: nunca había podido permitirse el lujo de bajar el ritmo ni dejar de viajar por todo el mundo y cantar, pues la adicción de Wald estuvo varias veces a punto de arruinarla, obligándola a pagar costosos tratamientos de desintoxicación.
Tras casi 15 años de martirio, en 1982 se divorció. Más tarde afirmaría que él la había incluido en una lista negra y que nadie la contrataba por miedo, porque Wald era un peso pesado de la industria musical y había representado a leyendas como Donna Summer y a actores como Sylvester Stallone y Roseanne Barr.
Con 14 discos a sus espaldas y viendo con lúcido realismo que los cuatro últimos no consiguieron entrar en las listas de éxitos, decidió volver a los escenarios de Broadway y del West End.
Sólo unos años después, en 1990, una joven estudiante llamada Elisabeth Gray se graduaba de Literatura Inglesa en Barnard, un Liberal Arts College femenino creado en 1889 porque la Universidad de Columbia no aceptaba mujeres.
“Había oído que en las graduaciones ponían I Am Woman como himno y no me lo creía…. Pero, cuando llegó el momento de tirar los birretes al aire, sonaba 'I am strong, I am invincible, I am woman…'”. La madre de aquella chica era la cantante Betty Johnson, muy conocida en Estados Unidos como niña prodigio con los Johnson Family Singers y luego en solitario.
Hoy, su hija continúa ese legado: es la cantante de la Chattanooga Big Band, locutora, actriz de doblaje... “El mensaje de I Am Woman fue igual de relevante para mi madre que luego para mí, y que hoy lo es para mi hija. Tres generaciones de mujeres a las que les ha llegado al corazón”, añade.
Reddy se retiró en 2002 y regresó a Australia, donde estudió para convertirse en hipnoterapeuta. Alquiló un apartamento y, cuando su casero descubrió quién era, le dijo: “Por lo que has hecho por millones de mujeres en todo el mundo, no te subiré el precio”.
En 2005 publicó sus memorias, The Woman I am, y en 2006 fue incluida en el Salón de la Fama de la Asociación de la Industria Discográfica australiana. La actriz y cantante Toni Collette describió el tema como “atemporal”. Así era también su estilo: popularizó el cuello halter y el corte bob. Sus looks evolucionaron de la joven modosa de los 70 a la mujer sofisticada de los 80 y 90.
En 2015 se filtró que padecía demencia y había sido internada en un centro de Los Ángeles. Sin embargo, en 2017 apareció en la Marcha de Mujeres que reunió a 750.000 personas y, escoltada por la actriz Jamie Lee Curtis, cantó I Am Woman. En 2019 se estrenó la película sobre su vida y Reddy falleció un año después.
En 2025, la Biblioteca del Congreso de EEUU incluyó la canción en el National Recording Registry, lista de grabaciones “cultural, histórica o estéticamente significativas”. Ella siempre afirmó que era una letra sobre la fuerza interior, superar las adversidades y creer en uno mismo.
Y con su “I am invincible, I am strong, I am woman” entregó a las mujeres un mantra que repetirían mientras hacían —como se decía entonces— “las tareas propias de su sexo”, pero soñaban con un futuro mejor. “Siempre creí que podría lograrlo, o nunca habría pasado tantos años intentando llegar aquí”: palabra de Helen Reddy.