Ilustración de Hildegarda de Bingen.

Ilustración de Hildegarda de Bingen. Clara Moreno Gaspar

Magas-Mujeres en la Historia

Hildegarda de Bingen: la santa que se atrevió a desafiar a la Iglesia en plena Edad Media

Una mujer adelantada a su tiempo que con visiones y sabiduría desafió las barreras de su época y sigue siendo un faro de inspiración.

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Hildegarda von Bingen, nació en el año 1098, en Bermersheim, Alemania. Fue una santa abadesa benedictina alemana. Una mujer polifacética cuyos conocimientos se extendían a ser compositora, escritora, filósofa, pionera en métodos de curación que involucraban el equilibrio entre cuerpo, mente y alma, naturalista, mística y profetisa del medievo.

Von Bingen, nació en una familia noble y profundamente religiosa. Fue la décima e ultima hija entre sus hermanos y toda su infancia estuvo marcada por problemas de salud. Cuando tenía 8 años, sus padres, como parte de una tradición común de aquel momento, la entregaron a la Iglesia como Diezmo.

Es así, como desde pequeña entregó su vida al servicio religioso. Fue educada en el convento de Disibodenberg donde comenzó a experimentar visiones que por temor, no contaba. Su tutora era Jutta de Sponheim, una mentora para ella, quien la preparaba para el futuro y también le fomentaba sus dones espirituales y visionarios.

En el año 1136, cuando ella tenía 38 años, muere su consejera, De Sponheim, por lo que es escogida abadesa de su comunidad por unanimidad, demostrando los aprendizajes que le había inculcado, convirtiéndose en una líder excepcional.

A sus 42 años, entre tantas de sus visiones, recibe una que fue trascendental para su vida y un punto de partida. El mensaje fue, que debía escribir todo lo que veía y escuchaba. En ese momento comenzó a registrar todas las revelaciones.

Su primera gran obra fue Scivais, la abreviatura de Sci vias Domini, "Conoce los caminos del Señor". Su escrito recopila y explica sus visiones místicas y teológicas, que abarcan desde la creación del mundo hasta la historia espiritual de la humanidad.

La pieza fue difundida por todos los lectores ya que el mensaje era único. Fue tan importante y fundamental en la historia que fue aprobada por el Papa Eugenio III.

Ese solo fue el comienzo de su valorable aportación a la sociedad. Con mucho trabajo logra fundar dos monasterios. En el año 1150, el primero en Rupertsberg y tiempo más tarde, en el año 1165, el segundo en Eibingen.

Su vida comenzó a distenderse en varios sectores. Fusionó su vida monástica con la escritura, la composición musical y la predicación autorizada, un privilegio para una mujer en esa época.

Además de Scivias, sus obras más importantes fueron:

Physica y Causae et Curae: tratados sobre ciencias naturales y salud, donde combina los fenómenos naturales con la espiritualidad.

Symphonia armonie celestium revelationum: una extensa colección de cantos litúrgicos.

Liber vite meritorum y Liber divinorum operum: sus últimos grandes textos, dedicados a la moral y a la relación entre Dios y el cosmos.

Además de ser escritora, se la reconoce también por inventar una lengua artificial denominada Lingua Ignota.

Su figura era magistral, mantenía relaciones y correspondencia con personas marcadas en la historia como los Papas Eugenio III y Anastasio IV y el emperador Federico I Barbarroja, entre otros más.

No solo se limitaba a la espiritualidad, sino que su carisma y sabiduría le abrían las puertas a influenciar en política, defendiendo la legitimidad de su labor en un mundo dominado por hombres.

Luego de tiempo expandiendo su conocimiento y la bienaventuranza, a los 80 años, tuvo un enfrentamiento con la autoridad eclesiástica. Hildegarda de Bingen se opuso al mandato eclesial cuando permitieron la sepultura de un noble excomulgado que se había reconciliado antes de morir. Ella se negó a acatar las órdenes de exhumación y, tras meses de tensiones, las sanciones fueron levantadas.

Falleció el 17 de septiembre de 1179 a sus 81 años pero ese no fue el fin de su carrera. Su vida y obra fueron documentadas por su biógrafo, Godofredo de Disibodenberg.

Desde la Edad Media, su culto era aprobado oficialmente en algunas diócesis alemanas, lo que permitía venerarla localmente como santa a pesar de no serlo oficialmente a nivel universal.

Se le atribuyeron milagros tanto en vida como después de su muerte, un factor crucial para que luego se le considerara la santidad. Desde el siglo XIII, varios papas iniciaron procesos formales de canonización oficial pero estuvieron estancados y tomaron su tiempo.

Es así como en el año 2012, su nombre fue reconocido por el Papa Benedicto XVI e incluido en el martirologio romano, el listado oficial de santos reconocidos, y se estableció su fiesta el 17 de septiembre como día para honrar su memoria.

Una mujer importantísima para la historia católica, con un reconocimiento especial de "Doctor de la Iglesia" gracias a su labor a pesar de las limitaciones de su época que no la permitieron callar, un honor muy exclusivo.

Hildegarda se convierte hoy en un símbolo de la fuerza femenina, la independencia intelectual y la profunda conexión entre cuerpo, mente y espíritu.