Imagen de la firma Rado con dos de sus relojes modelo Integral.

Imagen de la firma Rado con dos de sus relojes modelo Integral.

Lujos

El secreto mejor guardado de la relojería suiza está en Boncourt (y cumple 40 años)

El modelo Integral de la firma Rado llega a las cuatro décadas con una versión renovada que mantiene su identidad, pero con mejoras técnicas y de presencia.

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Boncourt (Suiza)
Publicada

Dijo Albert Einstein que “si se acabara el mundo, preferiría estar en Suiza, porque allí todo pasa un poco más tarde”. Será que no tenía un Rado. En Suiza todo es bucólico, exquisito, verde y dorado. Pero en este trocito del corazón de Europa, entre edificios históricos, trenes silenciosos y lagos infinitos que parecen irreales de la belleza que de ellos emana, la precisión es su sello.

Al norte, en Boncourt, literalmente a escasos metros de la frontera de Francia, se levantan las headquarters de la citada firma relojera, perteneciente al Swatch Group y pionera mundial en el uso de la cerámica y la alta tecnología aplicada al tiempo.

Hasta este rincón tranquilo y casi secreto se desplazó Magas con un objetivo muy concreto: celebrar el 40 aniversario del Integral, uno de los modelos más icónicos de la casa. Pero antes de hablar del reloj, tocaba entender dónde y cómo nace.

Rado celebra el 40 aniversario de su modelo Integral con un gran evento en Suiza

Durante más de tres horas, esta revista se adentra en el espacio en el que se producen algunos de los relojes más punteros del mercado. El nombre oficial del lugar ya anticipa lo que sucede dentro: High-Tech Ceramic Lab in Boncourt. Y lo cierto es que lo que Rado tiene allí no es simplemente un laboratorio. Es un mastodóntico espacio de producción en el que la tecnología y la artesanía conviven con una naturalidad fascinante.

Bajo el paraguas de la empresa de cerámica y alta tecnología Comadur, ingenieros, relojeros y artesanos expertos trabajan codo con codo en un entorno que parece más cercano a un centro de investigación futurista que a una fábrica tradicional. Allí los relojes se hacen a mano, con materiales de la mejor calidad y procesos de precisión milimétrica.

Materiales en fase primaria con los que después se realizan los relojes Rado.

Materiales en fase primaria con los que después se realizan los relojes Rado.

La cerámica de alta tecnología plasma de Rado es el punto de encuentro entre la ciencia de vanguardia y el estilo refinado. Con su resplandor metálico radiante y su acabado elegante, ofrece el impacto visual del metal, sin utilizar ninguno. Es un material que desafía las expectativas, combinando tecnología futurista con sofisticación atemporal.

Esta extraordinaria transformación comienza con cerámica de alta tecnología de color blanco puro. A través de un proceso de tratamiento con plasma, Rado enriquece el material con carbono, otorgándole un aspecto metálico lustroso.

En la última planta de la fábrica, el hechizo sucede dentro de un horno especialmente diseñado, donde los gases se activan mediante una descarga de plasma que alcanza los 20.000 grados, casi cuatro veces más caliente que la superficie del sol. Este proceso de carburización por plasma altera la composición molecular de la cerámica sin afectar a su estructura.

Horno de plasma de Rado.

Horno de plasma de Rado.

¿El resultado? Una superficie cuyo aspecto puede ser mate, cepillado o pulido, que ofrece infinitas posibilidades de estilo mientras conserva todas las ventajas características de la cerámica de alta tecnología de la casa relojera: ligereza y comodidad, resistencia a los arañazos, propiedades hipoalergénicas y un brillo duradero.

La magia científica es que, a pesar de su apariencia y tacto metálicos, esta cerámica tan singular no contiene metal en absoluto. Es una ilusión sensorial: un material que sorprende con cada contacto y cuyo acabado no se altera con el paso del tiempo. La sensación es clara desde el primer momento: aquí el tiempo no solo se mide, también se diseña, se investiga y se reinventa.

Cómo nace un reloj de cerámica

Imagen de la fábrica de Rado donde también participa la empresa Comadur, del Grupo Swatch, líder mundial en la fabricación de relojes de fabricación suiza.

Imagen de la fábrica de Rado donde también participa la empresa Comadur, del Grupo Swatch, líder mundial en la fabricación de relojes de fabricación suiza.

El recorrido por el laboratorio permite entender por qué la cerámica de alta tecnología es la gran obsesión de la casa. El proceso comienza con la pureza absoluta: polvo de óxido de circonio al que se añaden pigmentos para crear colores permanentes.

Ese polvo se mezcla con agentes portadores y polímeros hasta formar una masa lista para inyección. Después llega uno de los momentos clave: el material fundido se introduce en moldes de precisión a una presión de 1.000 bar para crear la caja o los elementos monobloque del reloj.

La siguiente fase roza lo alquímico. Las piezas se someten a sinterizado a 1.450 ºC, un proceso en el que se reducen aproximadamente un 25% hasta alcanzar una dureza final de 1.250 Vickers. El último paso es el acabado con herramientas de diamante, responsable de ese brillo pulido tan característico. Ciencia, ingeniería y artesanía en una misma cadena de producción.

40 años del Integral

Modelo Integral de Rado de 1986.

Modelo Integral de Rado de 1986.

El motivo del viaje era redondo: en 1986 la casa lanzó el modelo que hoy conocemos como Integral y que cuatro décadas después sigue siendo una de sus piezas más reconocibles. Para celebrar el aniversario, la marca presentó una nueva versión que mantiene intacto el espíritu original.

Aquella decisión innovadora tomada en 1986 no solo creó una leyenda: estableció un nuevo estándar para toda la industria relojera. La silueta suave y sofisticada del Integral conquistó a una generación tras otra y, cuatro décadas después, su diseño sigue inspirando como solo lo hacen las creaciones verdaderamente bellas.

Hay algo hipnótico en un reloj cuyas líneas transmiten armonía de forma natural. Cuando ese diseño se combina con materiales concebidos para preservar su belleza casi para siempre, el resultado trasciende el objeto: se convierte en una declaración duradera de creatividad, precisión y visión.

Han pasado 40 años desde el lanzamiento del primer Integral. El mundo ha cambiado prácticamente en todos los ámbitos, pero el reloj no ha envejecido. Sigue siendo tan impactante, sofisticado y elegante como entonces. Mientras tanto, los expertos en cerámica han seguido investigando, desarrollando y patentando nuevos procesos. Y, sin embargo, el “milagro”, del que ellos mismos hablan, sigue empezando con polvo de cerámica ultrafino, moldes de precisión extrema y fascinantes fases como el sinterizado, el horneado o el acabado con diamante.

Para el modelo aniversario de 2026, diseñadores e ingenieros de materiales han trabajado codo con codo para conservar cada detalle icónico del Integral original, revisándolo únicamente desde la óptica de nuevas técnicas y materiales. "El espíritu permanece intacto. Sigue siendo perfecto. Desde el primer día", expresan desde la marca.

1986 vs 2026: misma esencia, nueva evolución

Nuevo modelo Integral de Rado 2026 con motivo del 40 aniversario.

Nuevo modelo Integral de Rado 2026 con motivo del 40 aniversario.

Para entender la evolución, merece la pena mirar de cerca las especificaciones del primer Integral frente al modelo aniversario. El Integral original de 1986 apostaba por un movimiento de cuarzo calibre 03.160.502 con fecha a las seis -expresión que indica la posición de la ventana de fecha en la esfera-.

Su estética —profundamente ochentera y sorprendentemente vigente— incluía esfera negra cepillada verticalmente, 11 índices aplicados con puntos de Super-LumiNova® y dos agujas doradas luminiscentes.

La caja, de acero inoxidable con recubrimiento PVD en oro amarillo, incorporaba la corona con el icónico símbolo del ancla y un cristal de zafiro curvado con doble marco dorado. El brazalete combinaba acero PVD dorado pulido con eslabones centrales de cerámica negra de alta tecnología. Sus proporciones eran compactas y elegantes: 24 x 34,1 x 5,6 mm.

El Integral de 2026, presentado oficialmente el pasado 10 de abril, mantiene esa identidad reconocible a primera vista, pero introduce mejoras técnicas y de presencia. Incorpora el calibre de cuarzo R279, también con fecha a las seis, y una esfera negra cepillada verticalmente que ahora suma doce índices con Super-LumiNova®.

El cristal de zafiro curvado evoluciona con metalización de doble marco dorado, tratamiento antirreflejos y biselado. El brazalete se estiliza con eslabones más estrechos de acero PVD dorado pulido y enlaces centrales de cerámica negra de alta tecnología. Y crece ligeramente en tamaño, adaptándose a los gustos actuales: 28 x 39,8 x 7,3 mm. En esencia, el mismo reloj afinado por 40 años de progreso.

Tras visitar Boncourt y Neuchâtel donde también hubo tiempo para un encuentro social con más de 50 profesionales de todo el mundo entender cómo nacen estos relojes y ver el cuidado obsesivo que se esconde detrás de cada pieza, una idea queda clara: el tiempo pasa y 40 años no es nada, como cantó Gardel. Pero hay objetos que, sin embargo, parecen no hacerlo jamás.