Begoña, en la caravana donde vive actualmente

Begoña, en la caravana donde vive actualmente Recorte del programa

Interiorismo

Begoña, 62 años: "Me desahuciaron por no poder pagar los 850 euros de alquiler y terminé viviendo en el coche"

Su sueldo de 1.100 euros la obligó a vivir en una situación extrema hasta que se fue a vivir con su hijo a una caravana.

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Begoña tiene 62 años y vive en Mallorca. Llegó a la isla en 2016 desde Teruel buscando una vida mejor y seis años después perdió su vivienda al no poder hacer frente a un alquiler de 850 euros con un sueldo de 1.100.

Desde entonces ha pasado por un colchón en el suelo, una vivienda afectada por un incendio y seis meses durmiendo en su coche.

Hoy vive con su hijo en una caravana de unos seis metros y medio. No tiene ducha y cada mañana acude al polideportivo para poder asearse antes de ir a trabajar. "Te organizas y te apañas", explica sobre una situación que jamás imaginó que tendría que afrontar.

Dormir en un coche

El desahucio llegó en 2022. Su situación económica hacía imposible mantener el alquiler y, después de perder el piso, pasó diez días en casa de un amigo de su hijo, durmiendo sobre un colchón colocado en el suelo.

Más tarde se trasladó a Campos. Entre noviembre y diciembre de aquel año dejó su coche en una parada de autobús y utilizaba el transporte público para recorrer más de 100 kilómetros diarios hasta su trabajo.

Después encontró refugio temporal en una habitación que había quedado intacta tras un incendio en una vivienda. Pero tampoco fue una solución definitiva. Su siguiente destino fue un Volkswagen New Beetle en el que pasó alrededor de seis meses.

El espacio era tan reducido que tenía que dormir con las rodillas dobladas o apoyando las piernas sobre el cristal. Una situación extrema que se prolongó hasta que encontró una alternativa algo más estable.

"Inicialmente alquilé una autocaravana por 250 euros al mes", cuenta. Sin embargo, aquella "vivienda" tenía problemas de inundaciones cuando llovía. Finalmente se trasladó a la que ocupa actualmente junto a su hijo.

'No tengo ducha'

Su nueva vivienda apenas supera los seis metros y medio. Tiene calefacción durante los meses de invierno, pero carece de algo tan básico como una ducha. Para solucionarlo, Begoña comienza cada jornada desplazándose hasta un polideportivo.

Su rutina está perfectamente medida. "Mi día a día es levantarme a las 8 de la mañana y a las 8:22 estar cogiendo el autobús para irme a la Plaza España para ir a trabajar".

Begoña trabaja como controladora de la ORA en la zona de Calvià. Lleva cinco años con un contrato de fija discontinua y regresa a la caravana por la noche. Allí prepara algo para cenar y continúa con su tratamiento diario: "Yo soy diabética, entonces me tengo que tomar mis pastillas y ponerme mi insulina".

La búsqueda de un piso tampoco dio resultado. Ella y su hijo intentaron encontrar un alquiler que pudieran asumir, pero se encontraron con una dificultad añadida: su situación laboral.

"Te dicen: 'No señora, fijos discontinuos no contratan, no les dan'. El 90% de los caseros no se fían", relata. Según su experiencia, algunos anuncios llegan a especificar que buscan únicamente funcionarios.

Begoña reconoce que nunca había pensado que acabaría viviendo en una caravana. Aun así, ha aprendido a sacar adelante su día a día con lo que tiene. "Dentro de lo que cabe, soy feliz", afirma.

Una caravana en un asentamiento

Actualmente permanece junto a su hijo en el aparcamiento del Polideportivo de Son Hugo. Allí, asegura, la situación ha cambiado mucho en los últimos años.

"En el año 2022 había apenas 20 vehículos", explica. Ahora calcula que son más de 180 personas las que viven en este asentamiento improvisado.

La convivencia se basa en buena medida en la solidaridad entre quienes comparten el espacio. "Aquí la mesa es comunitaria, lo que se deja aquí se lo pueden llevar", cuenta. También existe preocupación por el futuro del lugar después de dos informes desfavorables, uno de bomberos y otro de sanidad.

"No nos dan ninguna alternativa", lamenta. Entre las principales peticiones de quienes viven allí están disponer de agua y contar con un servicio de recogida de basuras. La electricidad, explica Begoña, la obtienen mediante placas solares instaladas en sus caravanas.

Ella tiene claro que no quiere permanecer allí para siempre. "Mi plan es, si encuentro algo, que alguna vez suena la campana, irme. Y en el momento en que tenga mi edad de jubilación, irme a la península, irme a Andalucía".