Berta y su familia en una celebración familiar.

Berta y su familia en una celebración familiar. Cesión Cedida

Interiorismo

Berta Lamas, madre de 10 hijos en España: "Tenemos un coche de 7 plazas, quien no cabía se iba en tren"

Se autodefine como la CEO de una familia supernumerosa en la que la colaboración, el orden y el respeto son clave.

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A sus 56 años, Berta Lamas continúa criando a sus dos hijas pequeñas, de 11 y 8 años, mientras disfruta también de sus ocho nietos. Junto a su marido, Eric, de 61, ha construido una familia numerosa en la que la organización y la colaboración parecen sacados de una serie de televisión.

Berta tenía 23 años cuando nació Eduardo, su primer hijo. Desde entonces llegaron Patricia, Daniel, Alejandro, Carlos, David, Pablo, Nacho, Inés y, con 48 años, Berta, la última de los diez.

Nunca se había marcado como objetivo tener una familia tan grande. "Tenía claro que queríamos tener hijos, pero esto no es una ciencia matemática, no te planteas nunca 'quiero tener 10 u 11'. Fueron viniendo poco a poco", explicaba en una entrevista a El Español.

Su infancia tuvo mucho que ver con esa manera de entender la familia. Berta creció junto a cinco hermanos, aunque en su casa llegaron a convivir hasta 14 personas. Su marido, en cambio, había vivido con solo dos hermanos.

"Él no lo tenía tan asumido. Vivió con dos hermanos y su situación fue distinta a la mía. Pero al final nos casamos con un proyecto común", cuenta.

'Ser ama de casa es un trabajo'

Berta estudió Magisterio, pero decidió no ejercer para quedarse en casa con sus hijos. Una elección que defiende como una ocupación en sí misma.

"Yo decidí quedarme en casa con mis hijos. Pero eso no quiere decir que no trabaje. Ser ama de casa también es un trabajo, aunque no esté remunerado", sostiene.

Ella misma se define como la "CEO" de su hogar. Se encarga de organizar la economía, las tareas y el funcionamiento de una casa en la que durante años llegaron a convivir doce personas.

Con tantos hijos, también cambió la manera de afrontar la crianza. Berta asegura que los mayores comenzaron pronto a asumir responsabilidades y a ayudar con sus hermanos.

"Mis hijos han cambiado pañales con ocho años", recuerda. Para ella, esa dinámica hizo que todos fueran adquiriendo autonomía desde pequeños.

La llegada de sus últimas hijas coincidió, además, con que algunos de sus hijos ya habían formado sus propias familias. "Con 45 años di a luz a Inés y con 48 a Berta, que fue la última. Cuando yo tuve a las pequeñas, mi nuera y mi hija Patricia ya tenían un bebé. Somos padres de niñas pequeñas a la vez que somos abuelos", explica.

Todos colaboran

Durante los años en los que todos los hijos vivían en casa, la organización era fundamental. Berta preparaba por la noche la comida y los uniformes del día siguiente. Los niños acudían al colegio solos o por parejas y, al regresar, comían por turnos.

El momento más complicado llegaba con los baños. Solo había dos aseos para toda la familia, por lo que tuvieron que buscar sus propios sistemas para evitar el caos.

Para Berta, la clave estaba en algo tan sencillo como mantener el orden. "Para mí es más fácil dar un toque de atención a cerrar los ojos para no ver el desorden, porque termino malhumorada", afirma.

La colaboración también se extendía a los hijos mayores. Si alguno necesitaba ayuda, los demás estaban pendientes. "Muchos han cancelado sus planes por tener que ayudar en casa", cuenta.

Y también existe una responsabilidad económica compartida. "Todo el mundo aporta económicamente en casa", explica Berta. Los hijos que trabajan y continúan viviendo con ellos han contribuido, por ejemplo, cuando la familia ha necesitado contratar ayuda para la casa.

La familia intenta, además, controlar los gastos. "Siempre he querido transmitir que con poco es suficiente, y en mi casa no entran cosas que no sean imprescindibles", asegura añadiendo que no recuerda la última vez que compró cereales o galletas.

Vacaciones y celebraciones

La logística también acompaña a la familia durante las vacaciones. Berta y los suyos suelen pasar parte del verano en Ferreira, en Lugo, de donde es su madre.

Cuando todos eran más pequeños, tenían un coche de siete plazas y tenían que organizar los desplazamientos. "Lo echábamos al 'pito pito gorgorito'", recuerda. Unos viajaban con sus padres y otros lo hacían en tren para recogerlos después en el destino final.

Ahora los hijos mayores tienen sus propios coches y muchos incluso alquilan casas cerca de la de sus padres para continuar con la tradición familiar.

En casa tampoco faltan las discusiones. Berta reconoce que, con siete hijos varones, alguna pelea entre hermanos ha terminado con ella separando a varios de ellos. Pero existe una norma que considera fundamental: "En mi casa hay una regla, y es que sin el perdón, no se entra".

Con los años, la familia ha crecido y también lo han hecho las celebraciones. Cumpleaños, bautizos, comuniones y reuniones familiares forman parte de una vida que Berta reconoce que no cambiaría. "Ahora lo disfruto un montón. No cambiaría mi vida ni a mis hijos por nada del mundo", afirma.