María Orduña, gerente de El Tío Carrascón en Cerveruela (Zaragoza).
María dejó Zaragoza para vivir en un pueblo de 38 habitantes: "Monté una casa rural para desconectar y conectar"
Junto a sus hermanas, convirtió un lugar ligado a su infancia en una granja escuela con albergue y actividades para familias.
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María Orduña nació y creció en Zaragoza, pero buena parte de sus recuerdos familiares están ligados a Cerveruela. Según recoge Heraldo de Aragón, su vínculo con este pequeño municipio zaragozano viene de su abuelo materno: allí pasaba los veranos y muchos fines de semana con su familia.
Aquellas visitas hicieron que mantuviera un vínculo especial con el pueblo. Con el tiempo, empezó a imaginar allí algo más que una escapada: quería quedarse a vivir y desarrollar un proyecto propio en contacto con la naturaleza.
En 2007 dio el paso y dejó Zaragoza para instalarse en Cerveruela, un pueblo de apenas 38 habitantes. Tres años más tarde, comenzó a impulsar junto a su familia la iniciativa que acabaría convirtiéndose en la Granja Escuela El Tío Carrascón.
El proyecto
María y sus hermanas compartían el interés por los animales, el trabajo con niños y el entorno rural. Pensaron que una granja escuela les permitiría reunir esas tres inquietudes en un mismo lugar y ofrecer una experiencia a quienes quisieran visitar el pueblo.
"Siempre habíamos tenido gusto por los animales, por los niños y por la naturaleza y queríamos aunar esas cosas en una granja escuela", recuerda María sobre el origen del proyecto
La granja escuela El Tío Carrascón, en Cerveruela (Zaragoza).
El proyecto comenzó a tomar forma en 2010, aunque no abrió sus puertas hasta julio de 2013. Los trámites se prolongaron durante tres años, en parte porque el terreno se encontraba en un área con protección medioambiental.
Para hacerlo realidad contaron con subvenciones de la Diputación Provincial de Zaragoza y de los fondos europeos Leader. También fue importante la aportación económica de sus padres, que apoyaron a las hermanas en los primeros pasos del negocio.
La propuesta
Al principio, su intención era trabajar principalmente con grupos numerosos. El Tío Carrascón sigue recibiendo a colegios y asociaciones, pero ha encontrado también un espacio entre las familias que buscan pasar un día o un fin de semana en el medio rural.
Las visitas se adaptan a cada grupo y combinan actividades en la granja con talleres. Entre las propuestas figuran la elaboración de jabón, galletas, mermelada y pasta fresca, además de actividades relacionadas con el reciclaje.
El contacto con los animales es otra parte de la experiencia. Los visitantes pueden observarlos y aprender sobre sus cuidados, pero también darles de comer y tocarlos. Para muchas familias, esa cercanía es uno de los motivos para regresar.
Según cuenta María, hay grupos que repiten cada año para que sus hijos vuelvan a disfrutar de la granja y del entorno natural. La propuesta les permite dedicar tiempo a actividades diferentes de las que forman parte de su rutina habitual.
Las instalaciones
Con el desarrollo del proyecto, la oferta se amplió con un albergue y un bar restaurante. El alojamiento dispone de 32 plazas, lo que permite recibir tanto a quienes acuden a pasar el día como a los viajeros que prefieren quedarse más tiempo.
Las instalaciones incluyen una zona destinada a los talleres y la propia granja escuela. En la parte posterior del edificio hay un espacio verde con merenderos próximo al río Huerva, que completa la visita al entorno rural.
Hasta Cerveruela llegan personas de Zaragoza, situada a unos 40 minutos en coche, y de ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Teruel. El albergue también ha recibido viajeros procedentes de Francia, Dinamarca e Inglaterra.
En familia
María gestiona El Tío Carrascón con sus hermanas Sara y Beatriz. Sara se trasladó al pueblo poco después que ella y se había formado para trabajar en aulas canguro, una experiencia relacionada con la atención a los más pequeños.
Entre las tres fueron dando forma a un negocio que unía sus intereses y que después creció con el albergue. Lo que comenzó como una granja escuela es hoy también un destino para familias y viajeros que quieren pasar unos días en Cerveruela.
Para María, el proyecto está ligado a la decisión que tomó años atrás. Quería vivir en el pueblo que había conocido de niña y estar cerca de la naturaleza. Ahora disfruta de esa tranquilidad a diario y asegura que no echa de menos la vida urbana.