Ángela vive en un trastero de 4 m2

Ángela vive en un trastero de 4 m2 Recorte del programa

Interiorismo

Ángela, 56 años: "Hace 6 años que vivo en un trastero de 4 m² por 400 euros. No hay cocina ni baño"

El problema de la vivienda en España incluye una parte casi invisible, el de personas que pagan por vivir en un espacio insalubre.

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Ángela y Valentín tienen 56 y 65 años y llevan seis años viviendo en un espacio de apenas unos metros cuadrados por el que pagan más de 400 euros al mes. No es una vivienda convencional. Tampoco reúne las condiciones que cualquiera esperaría encontrar en un hogar.

Su día a día transcurre entre paredes que acumulan humedad y sin algunas de las necesidades más básicas de una casa. No tienen dónde ducharse ni una cocina en la que preparar la comida.

Aun así, llevan años pagando por ese lugar porque no han encontrado una alternativa que puedan asumir.

Al principio, cuentan, pensaban que aquella situación sería temporal. Tenían la esperanza de poder salir de allí y encontrar una vivienda en mejores condiciones. Seis años después, esa salida todavía no ha llegado.

"Pedimos ayuda a los servicios sociales y me dieron lo que me correspondía, pero no es continuo", explica Ángela. Las ayudas puntuales han servido para aliviar algunas de sus dificultades, pero no han resuelto el problema de fondo: conseguir un lugar estable y adecuado en el que vivir.

Una vivienda insalubre

La situación de Ángela y Valentín encaja en una realidad que va más allá de quienes no tienen ningún techo. Existe también el problema de las personas que disponen de un lugar donde dormir, pero lo hacen en condiciones que no cumplen los mínimos necesarios de habitabilidad.

En España, los informes de organizaciones sociales llevan años alertando sobre las distintas formas de exclusión residencial. Cáritas, por ejemplo, utiliza el concepto de sinhogarismo para incluir situaciones que van desde vivir directamente en la calle hasta residir en alojamientos inseguros o inadecuados.

El problema, además, no afecta únicamente a personas jóvenes. La edad, los ingresos y la dificultad para acceder a una vivienda estable pueden convertirse en factores determinantes para quienes llevan años en una situación económica vulnerable.

Para Ángela y Valentín, la falta de espacio es solo una parte del problema. La ausencia de instalaciones básicas convierte acciones cotidianas en un reto y hace que aquello que debería ser su hogar se parezca más a una solución de emergencia que se ha prolongado durante años.

Vivir entre humedades

Las condiciones de la vivienda también han comenzado a repercutir en su salud. Las lluvias de los últimos meses han agravado la presencia de humedad y, según explica Ángela, ha notado sus consecuencias físicas.

"Como ha llovido tanto, hay humedad. No tenía fuerzas y me he dado cuenta de que era por esto", relata.

La Organización Mundial de la Salud ha relacionado la exposición continuada a viviendas húmedas o con moho con un mayor riesgo de problemas respiratorios y otros efectos sobre la salud, especialmente entre personas vulnerables.

La humedad, además, no es únicamente una cuestión estética. Cuando existe de forma persistente y se combina con una ventilación deficiente, puede favorecer la aparición de moho y empeorar la calidad del aire interior.

@paulablesc Vivir en un trastero es una realidad para muchos. 4 metros cuadrados. #trastero #vivienda #zulo #pisos #caro ♬ Epic Disaster - Kidmada

En el caso de Ángela y Valentín, el problema se suma a unas condiciones de vida que ya son extremadamente limitadas. No disponer de ducha o cocina obliga a organizar la vida cotidiana de una manera muy diferente a la de cualquier hogar convencional.

6 años esperando una solución

Lo que más pesa para ellos es que aquella situación que inicialmente entendían como provisional se haya convertido en su realidad durante seis años.

Han recurrido a los servicios sociales y han recibido ayudas, pero, como explica Ángela, estas no son continuas. Mientras tanto, los más de 400 euros que pagan cada mes siguen saliendo de unos ingresos que no les permiten acceder con facilidad a otra vivienda.

Su historia pone rostro a una parte menos visible de la emergencia residencial: la de quienes pagan por un techo, pero ese techo no reúne las condiciones que debería tener una vivienda digna.

Para ellos, la solución no pasa únicamente por recibir una ayuda puntual. Necesitan poder acceder a un hogar estable, con unas condiciones básicas de habitabilidad y con un coste que puedan mantener en el tiempo.