Constructores frente a la obra

Constructores frente a la obra iStock

Interiorismo

Un inversor inmobiliario, sobre la falta de albañiles en España: "Antes se cobraba 2.000 euros y ahora 1.200"

Disponer de trabajadores cualificados se vuelve tan importante como contar con suelo, financiación o materiales para solventar la crisis de la vivienda en España.

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Encontrar buenos albañiles, electricistas, fontaneros o profesionales especializados se ha convertido en uno de los grandes problemas de la construcción en España. Mientras aumenta la necesidad de vivienda, muchas empresas reconocen tener dificultades para encontrar trabajadores cualificados.

El sector arrastra desde hace años un evidente problema de relevo generacional. Muchos de los profesionales que comenzaron a trabajar durante las décadas anteriores están acercándose a la jubilación, mientras las nuevas generaciones parecen mostrar mucho menos interés por estos oficios.

Sobre este fenómeno ha hablado un inversor inmobiliario dedicado a comprar, reformar y vender viviendas. Durante una entrevista publicada en redes sociales, el profesional puso el acento en un factor especialmente importante: las condiciones económicas.

"El problema es que hace 15 años un paleta (albañil) cobraba 2.000 pavos, ahora están cobrando 1.200 mientras trabajan 8 o 10 horas al día", aseguró.

Menos jóvenes albañiles

Los datos reflejan una transformación considerable de la estructura laboral de la construcción. Según cifras de BBVA Research citadas sobre la evolución del sector, en 2007 aproximadamente el 20% de los albañiles tenía menos de 30 años.

Actualmente, ese porcentaje estaría por debajo del 5%. Al mismo tiempo, el peso de los profesionales de mayor edad ha aumentado considerablemente, evidenciando las dificultades para incorporar trabajadores jóvenes.

Se trata de un problema especialmente relevante para un sector que necesita incrementar su capacidad productiva. La falta de profesionales cualificados puede ralentizar reformas y promociones y complicar todavía más el desarrollo de nuevas viviendas.

También ha cambiado el origen de muchos trabajadores. De acuerdo con los datos mencionados del Instituto Nacional de Estadística (INE), alrededor de uno de cada cuatro albañiles sería actualmente extranjero.

El inversor entrevistado considera, sin embargo, que el problema no reside únicamente en encontrar personas dispuestas a trabajar.

"Se está diciendo que hay mucha falta de mano de obra. ¿Esto es así?", le pregunta el entrevistador. Su respuesta es inmediata: "Falta de mano de obra buena. Hay mano de obra, pero no de calidad".

La jubilación de los profesionales

Al explicar qué entiende por esa falta de personal cualificado, el empresario señala dos circunstancias. Por una parte, menciona las dificultades de comunicación que pueden producirse con algunos trabajadores extranjeros.

"Primero porque la gente es de fuera y la falta de entendimiento en el idioma; y después porque los que siempre han trabajado, que eran de aquí, se están jubilando y la gente nueva ya no quiere trabajar en el sector", explica.

Precisamente ahí aparece uno de los principales desafíos de la construcción: transmitir los conocimientos acumulados durante décadas por los profesionales más experimentados antes de que abandonen definitivamente el mercado laboral.

Albañilería, carpintería, electricidad, fontanería o instalación de determinados materiales son actividades en las que la experiencia y la formación práctica tienen un peso fundamental.

La ausencia de relevo puede convertirse así en un cuello de botella para las empresas. No basta con aumentar la inversión en nuevas promociones si después resulta complicado formar los equipos necesarios para ejecutarlas.

Salarios y condiciones

Para el inversor, detrás de esta pérdida de atractivo existe también una cuestión económica. Su comparación entre los aproximadamente 2.000 euros que, según él, podía cobrar un albañil hace 15 años y los 1.200 euros actuales sirve para explicar por qué muchos jóvenes buscan alternativas.

A ello se suma la dureza física de numerosos trabajos. Jornadas largas, exposición al frío y al calor, desplazamientos continuos y tareas exigentes hacen que competir con otros sectores resulte complicado cuando las condiciones salariales no compensan ese esfuerzo.

El problema no consiste, por tanto, únicamente en convencer a los jóvenes de que aprendan un oficio. El verdadero reto pasa también por conseguir que estas profesiones vuelvan a resultar atractivas desde el punto de vista económico y laboral.