La familia de Basquecraft vive en una cabaña alimentada con energía solar.

La familia de Basquecraft vive en una cabaña alimentada con energía solar. E.E.

Interiorismo

Una familia vive en una cabaña para ahorrar: "Con una sola placa solar cubrimos toda la electricidad y ahorramos 236 € al año"

La vida off-grid gana seguidores entre quienes buscan reducir gastos y depender menos de las compañías eléctricas.

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Vivir lejos de la ciudad es una opción que cada vez más personas se plantean en un momento en el que acceder a una vivienda, tanto en compra como en alquiler, resulta cada vez más complicado.

Ante esta situación, crece el interés por fórmulas alternativas. Una de las más llamativas es el estilo de vida off-grid, basado en vivir completamente desconectado de la red eléctrica y generar la propia energía.

Este modelo de autosuficiencia ha ganado popularidad en las redes sociales gracias a creadores de contenido como Iker, del canal de YouTube Basquecraft, que comparte junto a su familia cómo es vivir en una cabaña aislada en plena naturaleza.

El objetivo de este experimento era comprobar cuál es el ahorro económico real de depender únicamente de la energía solar y qué renuncias implica en el día a día.

Para ello, Iker se trasladó temporalmente junto a su mujer embarazada y su hija pequeña a una cabaña de piedra situada en el monte. Con sus vídeos pretende mostrar una visión realista de este estilo de vida y desmontar algunos mitos sobre la autosuficiencia energética.

La autosuficiencia energética

Según explica el creador de contenido, existen tres formas principales de vivir sin conexión a la red eléctrica.

La más austera consiste en reducir al máximo el consumo energético y adaptarse a los ritmos de la naturaleza, utilizando leña tanto para cocinar como para calentar la vivienda.

La segunda opción, habitual en refugios de montaña, pasa por utilizar generadores de combustible. Aunque ofrecen independencia energética, presentan inconvenientes como el ruido, el humo y la dependencia constante del gasóleo.

La tercera alternativa, cada vez más extendida, consiste en producir electricidad mediante paneles solares y almacenarla en baterías. Se trata de una solución más sostenible y cómoda para quienes buscan autonomía.

Esta es la opción elegida por Iker, que utiliza una estación de carga portátil de 3 kWh capaz de funcionar como una pequeña central eléctrica.

Con esa capacidad puede mantener un frigorífico antiguo en funcionamiento durante más de 48 horas sin recibir energía del sol o utilizar durante varias horas aparatos de uso cotidiano, como un microondas.

Sin embargo, insiste en que la clave no está únicamente en la capacidad de la batería. A su juicio, lo realmente importante es "aprender a tener una casa eficiente" y adaptar el consumo a la energía que generan los paneles cada día.

Reconoce que es posible alimentar una vivienda completamente eléctrica mediante placas solares, vitrocerámica y bomba de calor, pero advierte de que esa opción requiere una inversión mucho mayor en inversores y baterías.

Por ello, recomienda recurrir al gas para cocinar y a una estufa de leña para calentar la vivienda. Con esta combinación asegura que es posible reducir hasta un 80% del consumo energético de un hogar convencional.

De esta forma, la electricidad producida por los paneles solares se reserva para el frigorífico, la iluminación y los equipos de trabajo, como los ordenadores portátiles.

También subraya la importancia de utilizar electrodomésticos de bajo consumo para aprovechar al máximo la energía disponible y reducir aún más el gasto.

El ahorro real de la cabaña

Tras completar el experimento, Iker asegura haber obtenido conclusiones interesantes desde el punto de vista económico.

En una vivienda aislada, el ahorro puede ser considerable, especialmente porque llevar el tendido eléctrico hasta zonas remotas puede suponer un desembolso de decenas de miles de euros.

En el caso de una vivienda conectada a la red, un kit formado por una estación de energía y un panel solar cuesta alrededor de 1.900 euros y permite ahorrar, como mínimo, unos 125 euros al año, aunque la cifra depende de la radiación solar de cada zona.

El ahorro aumenta si, además, se reduce la potencia contratada con la compañía eléctrica, lo que puede rebajar la factura en más de 100 euros adicionales al año.

Sumando ambos conceptos, Iker afirma que una sola placa solar permite cubrir prácticamente todo el consumo eléctrico de su vivienda y ahorrar hasta 236 euros anuales.

Con ese nivel de ahorro, calcula que la inversión podría amortizarse en torno a ocho años de uso continuado. En el caso de viviendas aisladas donde además se evita el coste de llevar la red eléctrica hasta la parcela, la rentabilidad puede alcanzarse en un plazo mucho menor, aunque dependerá de las características de cada instalación.