Sandra y José, en una imagen de redes sociales.

Sandra y José, en una imagen de redes sociales. YouTube.

Estilo de vida

Sandra y José tienen 4 hijos y viven en el bosque desde hace tres años: "Ellos no van al colegio, les educamos en casa"

Tras abandonar la ciudad, los españoles aprendieron a generar su propia electricidad, gestionar el agua y criar animales mientras trabajan en remoto.

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Según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), elaborados a partir de los registros del INE, el medio rural español encadena siete años consecutivos ganando habitantes. Miles de personas que han decidido dejar atrás la ciudad en busca de una vida más tranquila, con un mayor contacto con la naturaleza y un ritmo diferente.

Aunque la mayoría se traslada a pequeños municipios, algunas familias llevan esa decisión mucho más lejos. Optan por reducir su dependencia del consumo, producir parte de sus propios recursos y cambiar por completo la forma en la que organizan su día a día, incluso la educación de sus hijos.

Ese es el caso de Sandra y José, conocidos en redes sociales como Crianza Salvaje y Capitán Salvaje, que hace más de tres años dejaron atrás una empresa de éxito y la vida en la ciudad para instalarse junto a sus cuatro hijos en una masía en medio del bosque.

De una empresa de éxito a una masía en medio del bosque

Sandra y José llevan más de tres años viviendo en plena naturaleza junto a sus cuatro hijos. Durante ese tiempo han pasado por distintos lugares hasta instalarse, hace unos nueve meses, en una pequeña masía en medio del bosque.

Allí producen parte de sus propios alimentos, educan a los niños y compaginan el trabajo con un estilo de vida muy alejado del que tenían antes.

Hasta hace apenas unos años su vida era completamente distinta. Vivían en Girona, dirigían una empresa de programación con trabajadores y disfrutaban de una situación económica cómoda, pero aseguran que, pese a esa estabilidad, sentían que habían perdido el propósito.

Según cuentan en una entrevista para el canal de Arnau Serrado, hubo un momento en el que comprendieron que la vida que habían construido ya no les hacía felices.

Aunque su empresa funcionaba, disfrutaban de estabilidad económica y no tenían jornadas de trabajo excesivas, la sensación de vacío era cada vez mayor y las discusiones empezaron a formar parte de la rutina familiar.

Poco a poco comenzaron a hacerse una pregunta que terminaría cambiándolo todo: "¿Realmente queríamos seguir viviendo así?"

La respuesta llegó casi por casualidad durante una escapada de tres días a un pequeño alojamiento en la montaña. Aquel entorno tranquilo les hizo darse cuenta de que no necesitaban tantas cosas para sentirse bien y, mientras paseaba con el perro, José se sentó sobre una piedra y propuso buscar una forma de dejar atrás la vida que conocían hasta ese momento.

El primer paso fue trasladarse a un cortijo heredado de la abuela de Sandra, con quien ni siquiera mantenía relación. Aun así, buscaron la finca a través de Google Maps y se instauraron en una vivienda de apenas 40 metros cuadrados que llevaba cerca de nueve años cerrada. No tenía ni luz, ni agua ni conexión a internet.

Lejos de echarse atrás, decidieron afrontar cada dificultad según iba apareciendo. José suele decir que no fueron ellos quienes buscaron la autosuficiencia, sino que fue la propia situación la que les obligó a aprender.

Sin apenas experiencia comenzaron a instalar sistemas para generar electricidad, buscar soluciones para disponer de agua y adaptar poco a poco una vivienda que no estaba preparada para ser habitada. Aquella etapa, aunque fue la más complicada, también les sirvió para descubrir que ese modo de vida era el que realmente querían mantener.

Sandra y José en el canal de Arnau Serrado explicando su vida en el bosque.

Después de esa primera experiencia se trasladaron a la masía donde viven actualmente, una casa de unos 80 metros cuadrados construida con piedra y madera que responde a la filosofía con la que entienden su hogar.

Aprovechan al máximo la luz natural gracias a los grandes ventanales y, cuando anochece, utilizan principalmente iluminación roja porque consideran que altera menos el descanso que la luz blanca o azul.

También mantienen la puerta abierta durante buena parte del día, incluso en invierno cuando el sol empieza a calentar, aceptando que insectos y pequeños animales formen parte del entorno.

La calefacción en invierno depende casi por completo de una estufa de leña y toda la familia duerme junta en la planta superior sobre futones elaborados con algodón y lana colocados directamente en el suelo.

Sandra asegura que este cambio incluso le ayudó a aliviar los dolores lumbares durante su último embarazo. Además, han intentado reducir al máximo la presencia de aparatos eléctricos en la zona de descanso, donde no hay enchufes con corriente activa y cada noche apagan el router wifi antes de acostarse.

Una vida organizada entre el trabajo, la crianza y la autosuficiencia

Otro de los aspectos que más llama la atención de su proyecto es la educación de sus hijos. Los cuatro niños no acuden al colegio, sino que reciben toda su formación en casa mediante homeschooling, una decisión que, según explican, encaja mejor con la forma en la que entienden la infancia y el aprendizaje.

Aunque viven rodeados de naturaleza, eso no significa que hayan renunciado a la tecnología. De hecho, sigue siendo la principal herramienta que les permite sostener económicamente el proyecto.

José trabaja como programador por cuenta propia y Sandra desarrolla sus propios proyectos como autónoma. Para poder compaginar el trabajo con la crianza, el cuidado de los animales y el mantenimiento de la finca utilizan herramientas de inteligencia artificial que automatizan parte de las tareas, de manera que José puede supervisarlas desde el teléfono móvil mientras atiende a los niños o realiza otras labores en la masía.

Ellos mismos reconocen que puede parecer una contradicción vivir en medio del bosque dependiendo de la tecnología, aunque lo ven justo al revés: gracias a ese trabajo pueden pasar mucho más tiempo en familia y seguir desarrollando el estilo de vida que buscaban cuando dejaron la ciudad.

En casa también intentan consumir solo lo necesario. Prefieren gastar más en una alimentación de calidad o en calzado respetuoso para sus hijos antes que acumular ropa u otros objetos, por eso cada niño suele tener uno o dos pares de zapatos por temporada y aprovechan al máximo cada prenda, aunque la vida en el campo haga que se desgaste mucho antes.

Uno de los retos más importantes es el agua. La finca no dispone de pozo, río ni conexión a la red de suministro, así que recogen el agua de lluvia de los tejados y la almacenan en varios depósitos repartidos por la propiedad.

Cuando llega el verano y deja de llover, José llena un remolque con unos 400 litros de agua procedente de un arroyo cercano y la transporta hasta la vivienda para cubrir las necesidades del día a día.

Ese agua se utiliza para ducharse, poner la lavadora o limpiar la casa después de pasar por un filtro de impurezas, mientras que el agua para beber la recogen directamente de un manantial natural. Poco a poco también han ido mejorando las instalaciones para disponer de agua caliente mediante un termo eléctrico alimentado por el sistema solar.

La electricidad también depende por completo de las placas fotovoltaicas y de unas baterías que almacenan la energía generada durante las horas de sol.

En invierno o cuando encadenan varios días nublados recurren a un generador de apoyo, una solución que ya tuvieron que utilizar después de que el viento arrancara las placas solares en dos ocasiones. Tras aquel episodio, José ideó un sistema de protección colocando grandes depósitos de agua delante de los paneles para evitar que las fuertes rachas volvieran a levantarlos.

A todo ello se suma una pequeña granja con gallinas, conejos, patos, pollos y tres cabras que pronto empezarán a dar leche. Aun así, reconocen que todavía no son completamente autosuficientes.

Uno de sus grandes objetivos es poner en marcha un huerto, aunque han preferido aplazarlo hasta el próximo año para centrarse primero en adaptar la masía, mejorar el sistema de agua y atender tanto a los animales como a sus cuatro hijos.

Mientras siguen dando pasos en ese camino, Sandra y José muestran su día a día a través de las redes sociales y de su comunidad Sendero Salvaje.

Allí enseñan tanto los avances como los problemas que surgen por el camino, convencidos de que la autosuficiencia no se consigue de un día para otro, sino que es un proceso de aprendizaje continuo en el que todavía, aseguran, les queda mucho por descubrir.