Eva, en una imagen de sus redes sociales.

Eva, en una imagen de sus redes sociales. Redes sociales

Estilo de vida

Eva, cuidadora colombiana: "Ojalá nos dieran ayudas. Los españoles creen que a los inmigrantes nos reciben con un cheque de dinero"

La cuidadora colombiana relata las dificultades de empezar de cero en España, donde vivió dos años con su familia en una habitación compartida.

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Las ayudas sociales forman parte de la red de protección pública con la que España trata de garantizar unos ingresos mínimos a las personas que atraviesan dificultades económicas. Una de las principales es el Ingreso Mínimo Vital (IMV), destinado a hogares que cumplen una serie de requisitos, aunque existen otras ayudas para hacer frente a gastos básicos como la vivienda o la alimentación.

Los datos oficiales muestran que la mayoría de los titulares del IMV son españoles: alrededor del 82% al 83% tiene nacionalidad española, mientras que los extranjeros representan aproximadamente el 17%. Sin embargo y pese a las cifras, persiste la creencia de que los inmigrantes reciben ayudas automáticamente al llegar al país.

La realidad, según el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, es distinta: cada programa establece sus propias condiciones y exige acreditar que se cumplen. Pese a ello, sigue existiendo la percepción de que llegar a España permite acceder fácilmente a las prestaciones públicas. Una idea que Eva, cuidadora y ama de casa colombiana, cuestiona a partir de su propia experiencia como migrante.

"Ojalá nos hubieran echado una mano"

"Yo no me imaginé que hablar del tema de las pagas en España fuera un tabú", dice Eva en uno de sus vídeos de TikTok. "¿Esa gente cree que nos reciben en el aeropuerto con alfombra roja y con un cheque en la mano de bienvenida, así porque sí?", pregunta con ironía.

Para ella, esa imagen está muy alejada de la realidad de quienes emigran para buscar trabajo y construir una vida lejos de su país. Antes de acceder a determinadas prestaciones, explica, hay que reunir documentación, conseguir citas, acreditar una situación económica concreta y cumplir los requisitos que establece cada administración.

El acceso a las ayudas depende del programa al que se quiera optar. En el caso del Ingreso Mínimo Vital, por ejemplo, no basta con encontrarse en una situación económica complicada.

La Seguridad Social exige, con carácter general, haber residido legal y efectivamente en España de forma continuada durante el año anterior, cumplir los límites de ingresos y patrimonio y acreditar las condiciones relativas a la unidad de convivencia.

Estas condiciones son relevantes para entender el debate. La nacionalidad extranjera no concede por sí misma el derecho a cobrar una prestación, del mismo modo que ser español tampoco garantiza recibirla. El sistema atiende a circunstancias económicas, familiares y administrativas, y los requisitos cambian según la ayuda solicitada.

Eva no cuestiona que existan estas prestaciones. De hecho, reconoce que le habría gustado contar con ese respaldo durante los momentos más difíciles de su proceso migratorio.

@creciendoconsamuyeva Para los que se creyeron el vídeo sarcástico de las ayudas y salieron a tirar veneno: la ironía no es para todo el mundo 🤡💸 Aquí les cuento la REALIDAD de salir adelante a puro pulmón, sin paguitas y a punta de trabajo duro 💪🏽🇨🇴🇪🇸 Ojalá los que tanto critican le sumen al país en vez de vivir del cuento 😉👇🏽 ¿A ti también te ha tocado guerrearla? ¡Te leo! #migrantesenespaña #colombianosporelmundo #historiasdemigrantes #familiamigrante #vidaenespaña ♬ Mousse de Minuit - Mildred's Motor Oil

"Yo no critico las ayudas, ojalá nos hubieran echado una mano cuando realmente la pasamos mal", afirma la colombiana, "lo que me ofende es que la gente cree que vivimos del cuento".

Precisamente esta cuestión es la que más ofende a Eva porque su historia está marcada por las dificultades de alguien que llega a un país a empezar de cero, sin ayuda y sin apoyo.

Durante dos años, ella y su familia vivieron en una habitación, compartiendo cocina y ajustándose a un espacio reducido para convivir con sus hijos. No disponían de zonas comunes propias y tenían que organizar su vida cotidiana en función de las limitaciones de la vivienda.

"Nadie ve las renuncias ni las noches apretadas tras la pantalla. Empezar de cero en otro país no es un camino de rosas, pero cada esfuerzo en esa habitación valió la pena para construir lo que tenemos hoy", relata.

Ahora, después de dos años en esa situación, Eva vive en un piso junto a su familia y trata de interpretar las críticas como una forma de desprecio hacia quienes intentan prosperar pese a las dificultades.

"Yo creo que ese odio no es sino admiración solapada. Porque es que ver llegar a alguien con una mano adelante y la otra atrás y aun así salir adelante de trabajo, le duele al que no es capaz", sostiene.

Su reflexión está atravesada por la experiencia personal, por lo que no pretende representar a toda la población española ni atribuir las mismas actitudes a todo el mundo.

De hecho, Eva se encarga de reconocer que también ha encontrado personas que la han tratado con respeto y que valoran el esfuerzo de quienes emigran.

"Y ojo, que tampoco voy a generalizar, porque gracias a Dios también he encontrado españoles hermosos, gente bella, empática y de un corazón gigante, que sí valoran la berraquera del que viene a luchar y que, sobre todo, también viene a sumar", afirma.

Su intención es reivindicar a quienes dejan atrás su entorno familiar y sus referencias habituales para buscar oportunidades en otro país, aun cuando el proceso implique precariedad económica, incertidumbre y sacrificios.

"A esas personas que me insultaron, que me hablaron tan mal de corazón, yo espero que así como tienen la boca grande sean personas supertrabajadoras que de verdad estén sumando a este país y no que se la pasen brincando de paro en paro y viendo ellos sí, de las famosas pagas que tanto le critican a los demás", dice.