Melissa Sánchez, en el canal de YouTube 'Quique Vasquez Historias de Migrantes'

Melissa Sánchez, en el canal de YouTube 'Quique Vasquez Historias de Migrantes' YouTube

Estilo de vida

Melissa, limpiadora hondureña en España: "En Honduras trabajaba en un banco, aquí cobro 1.400 € por fregar suelos y hacer camas"

La falta de oportunidades y de documentación obliga a muchos migrantes a empezar de cero y aceptar empleos alejados de su formación.

Más información: Begoña, camionera en España: "Eso de que faltan camioneros es una mentira de las empresas para no pagar lo que marca la ley"

Publicada

Cada año, cientos de miles de personas llegan a España procedentes de otros países con la esperanza de encontrar aquí las oportunidades que no tuvieron en sus lugares de origen. Solo en 2024, 1.288.562 personas establecieron su residencia en nuestro país procedentes del extranjero, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

El aterrizaje, sin embargo, no siempre se parece a lo que habían imaginado antes de hacer las maletas. La falta de documentación, los empleos informales, los problemas para acceder a una vivienda o la necesidad de aceptar trabajos alejados de su formación forman parte de los primeros años de muchos migrantes.

Y cuando toca empezar desde cero, son determinados sectores los que terminan concentrando buena parte de esta mano de obra, como la limpieza y el empleo doméstico, especialmente entre las mujeres migrantes. Una de ellas es Melissa Sánchez, hondureña, formada en Mercadotecnia y con experiencia en la atención al cliente de un banco, que terminó trabajando como limpiadora en Madrid.

Un oficio diferente a lo que estudiaron

Melissa llegó a España en junio de 2014. En Honduras había estudiado Mercadotecnia, aunque no llegó a terminar la carrera, y trabajaba en la sección de atención al cliente de una entidad bancaria.

Su situación, sin embargo, no le permitía ver con claridad un futuro estable. La falta de oportunidades laborales y, sobre todo, los bajos salarios fueron algunos de los motivos que la llevaron a tomar la decisión de emigrar.

Quería progresar, pero también ayudar a su familia. "Para mejorar, también ayudar a la familia, ya que en Honduras, lastimosamente, tenemos pocas oportunidades", explica en el canal 'Historias de Migrantes'.

Su llegada a España suponía, por tanto, mucho más que cambiar de país: era la apuesta por conseguir unos ingresos que le permitieran construir una vida diferente y enviar dinero a Honduras.

Pero la realidad que encontró al llegar fue muy distinta a la que podía imaginar desde su país. No pudo continuar con una trayectoria profesional vinculada a sus estudios o a su experiencia en el sector bancario y tuvo que aceptar trabajos que nada tenían que ver con aquello a lo que estaba acostumbrada.

"De trabajar en un banco pasé a trabajar con personas mayores", cuenta Melissa. "Cuando hablamos de España pensamos que venimos a darnos la gran vida o a recoger euros, como dicen, pero no es así", añade.

La falta de documentación regularizada condicionó especialmente aquella primera etapa. Como ocurre con otros migrantes que llegan sin una situación administrativa estable, tuvo que pasar un periodo de varios años hasta poder regularizar su situación.

Durante ese tiempo trabajó como interna, viviendo en la misma casa en la que prestaba sus servicios y teniendo únicamente un día libre a la semana. Eran trabajos exigentes, tanto física como emocionalmente, y muy alejados de la experiencia que había acumulado en Honduras.

Imagen de Melissa, en un día de trabajo.

Imagen de Melissa, en un día de trabajo. YouTube

"Uno está expuesto a que lo traten mal", reconoce al recordar aquellos primeros años. Para alguien que acababa de llegar a un país nuevo, sin una red laboral consolidada y sin tener todavía sus papeles en regla, aceptar determinadas condiciones podía convertirse en la única manera de seguir adelante.

No fue hasta tres años después que consiguió regularizar su situación. Ese momento marcó un cambio importante en su vida laboral porque pudo abandonar el régimen de interna y empezar a trabajar por horas.

Con ello ganó algo que hasta entonces había tenido muy poco: autonomía para organizar su tiempo y decidir cómo quería desarrollar su jornada.

La jornada de Melissa

Para cuando Melissa hizo la entrevista, compaginaba dos empleos de limpieza de lunes a viernes. Su jornada comenzaba temprano, cuando entraba a trabajar en una oficina a las 6:30 de la mañana, donde permanecía hasta las 8:30, realizando las tareas de limpieza y mantenimiento de las instalaciones.

Después, su segundo oficio se realizaba en el centro de Madrid, en una vivienda particular en la que llevaba casi cinco años. Es una casa de cuatro plantas con terraza en la que sus funciones iban mucho más allá de pasar una escoba o fregar el suelo.

Melissa se ocupaba de la limpieza general de la vivienda, los baños, la desinfección, recoger y ordenar, planchar y cocinar cuando era necesario. También preparaba comidas especiales y volvía por la noche para encargarse de la cena.

En la práctica, desempeñaba buena parte de las tareas que asumiría una persona encargada del funcionamiento cotidiano de una casa.

"Entré a hacer baños, recoger y ordenar", explica. Con el tiempo, sin embargo, sus responsabilidades se habían ampliado y también había conseguido desarrollar una enorme rapidez a la hora de organizar el trabajo.

Por sus dos trabajos, Melissa ingresaba entre 1.400 y 1.500 euros al mes. En la vivienda particular cobraba 700 euros, una cantidad que había ido aumentando progresivamente desde que comenzó a trabajar allí.

De hecho, cuando empezó, percibía 500 euros por cuatro horas de trabajo y ha ido recibiendo incrementos anuales por parte de su empleadora.

A esa cantidad se sumaban los 760 euros que recibía por su trabajo en la oficina. En total, eran alrededor de siete horas diarias de trabajo repartidas entre ambos empleos.

El dinero que ganaba le permitía pagar el alquiler de su vivienda en España, mantener a su hija y enviar parte de sus ingresos a Honduras.

No solo mejoró su salario, sino que ahora puede disfrutar de dos días completos de descanso. Ello representaba una forma de recuperar parte del tiempo que durante sus primeros años en España prácticamente no tenía.

Por eso, cuando hablaba de su trabajo, Melissa no lo presentaba como una derrota profesional. Lo entendía como la herramienta que le había permitido construir la estabilidad que buscaba cuando decidió abandonar Honduras.