Un gato y un perro.

Un gato y un perro. iStock

Estilo de vida

Confirmado por la ley: el casero no puede prohibirte vivir con tu perro o gato si no lo especifica en el contrato

La normativa no prohíbe de forma general tener mascotas en una vivienda alquilada, aunque existen límites que los inquilinos deben conocer.

Más información: Ya entró en vigor: la Ley de Bienestar Animal prohíbe a los dueños particulares que sus mascotas tengan crías

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Vivir de alquiler con un perro o un gato puede convertirse en una de las cuestiones que más dudas generan antes de firmar un contrato. ¿Puede el propietario impedir que haya animales en la vivienda? ¿Qué ocurre si el contrato no menciona absolutamente nada sobre tener mascotas?

La Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU), que regula buena parte de los alquileres de vivienda en España, no establece una prohibición general sobre la presencia de animales domésticos.

Tampoco reconoce de manera expresa un derecho ilimitado a tenerlos, por lo que resulta fundamental revisar las condiciones acordadas entre propietario e inquilino.

En términos generales, cuando el contrato no contiene ninguna cláusula que prohíba o limite la presencia de mascotas, tener un animal en la vivienda no constituye por sí solo un incumplimiento contractual. La situación cambia cuando ambas partes han firmado expresamente unas condiciones sobre este asunto.

Sobre este tipo de situaciones ha hablado Jorge Fagundo, agente inmobiliario, quien plantea el caso de un propietario que descubre meses después que sus inquilinos han adoptado un perro pese a haber manifestado previamente que no quería animales en la vivienda.

"Alquilas tu casa y además habías dejado claro a los inquilinos de que allí no querías que hubiera ningún animal doméstico como por ejemplo un perro y te enteras de que en un futuro, unos meses después han adoptado un cachorrito. ¿Cómo resolvemos esa situación? No se puede hacer nada", adelanta el experto.

El agente continúa explicando su postura sobre qué margen tendría el propietario ante una situación de este tipo: "No podemos prohibir a unos inquilinos que tengan una mascota, sí que nos deberían haber dicho la intención que tienen de tenerla o si lo tienen ya de por sí pero si lo tienen, no podemos hacer nada".

Cuándo puede reclamar el propietario

Que el contrato permita tener animales o simplemente no haga referencia a ellos no significa que el inquilino quede exento de responsabilidades. Si la mascota ocasiona desperfectos en el inmueble, estos podrán ser reclamados de la misma manera que otros daños imputables al arrendatario.

También pueden surgir problemas cuando el animal provoca molestias reiteradas que afecten a la convivencia, como ruidos continuados u otras situaciones que perjudiquen a los vecinos. En estos casos, la cuestión deja de centrarse únicamente en la presencia de la mascota y pasa a estar relacionada con el cumplimiento de las obligaciones derivadas del alquiler y de las normas de convivencia.

A ello se suma el cambio que ha experimentado la legislación española en materia de protección animal. La normativa reconoce a los animales como seres sintientes, aunque este reconocimiento no elimina por sí mismo las condiciones que propietario e inquilino puedan establecer válidamente en un contrato de arrendamiento.

La importancia de revisar el contrato

Precisamente por ello, cada vez es más habitual encontrar contratos que regulan específicamente la presencia de mascotas. Algunos propietarios establecen una prohibición, mientras que otros permiten animales siempre que exista una autorización previa o se cumplan determinadas condiciones.

Por eso, antes de mudarse con un perro o un gato —o de adoptar uno cuando ya se vive de alquiler— conviene revisar detenidamente lo firmado. Si el documento no establece ninguna restricción, la mera presencia de una mascota no supone por sí sola incumplir el contrato.

La situación es diferente cuando existe una cláusula expresa aceptada por ambas partes. Incumplir una condición incluida en el contrato puede abrir la puerta a reclamaciones y, dependiendo de las circunstancias y de la gravedad del incumplimiento, a otras consecuencias sobre el arrendamiento.

En definitiva, cuando se trata de mascotas y viviendas de alquiler, la clave no está únicamente en que el propietario haya manifestado verbalmente que no quiere animales. Lo verdaderamente importante es revisar qué se acordó y qué quedó reflejado en el contrato firmado por ambas partes.