Sor Marta, monja benedictina de clausura de 29 años, se ha convertido en un fenómeno viral en redes sociales.

Sor Marta, monja benedictina de clausura de 29 años, se ha convertido en un fenómeno viral en redes sociales. E.E.

Estilo de vida

Marta González, 29 años, monja de clausura: "Tenemos teléfono y videollamadas, es como irse a estudiar fuera"

La religiosa explica cómo es realmente la vida dentro de un monasterio y desmonta algunos de los mitos más extendidos.

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Conocer lo que sucede de puertas hacia adentro de un monasterio siempre genera interés, ya que para muchos es todo un misterio la manera en la que viven su día a día las monjas en la era actual, en la que, como en otros ámbitos, todo ha cambiado.

De ello ha hablado Marta González, de 29 años y que es monja de clausura desde que tenía 18, en el podcast de El Director de David Jiménez, donde ha hablado de su experiencia en el monasterio de Santa Cruz, en Sahagún (León).

Su caso es especial, ya que no solo es monja, sino que es una de las religiosas más seguidas en las redes sociales, donde acumula miles de seguidores en su cuenta de TikTok (@sormarta.osb).

Su camino en la fe comenzó cuando tenía solo 16 años, momento en el que una visita familiar a un monasterio benedictino hizo que descubriese una forma de vida que para ella era desconocida y que le llamó la atención.

"Fue como un flechazo", confiesa Marta, que desde que tuvo ese primer contacto, continuó con estudios y visitas periódicas, hasta que con 18 años tomó la decisión de convertirse definitivamente en monja de clausura.

Cómo es vivir como monja de clausura

A pesar de que ser una monja de clausura puede verse como una ruptura radical con respecto a la vida que tenía anteriormente, Marta González ha desmentido esta idea, y asegura que no se encuentra aislada de sus familiares o amigos, con los que mantiene el contacto.

"Es muy parecido a cuando alguien se va a estudiar fuera. Las relaciones cambian, pero no desaparecen", explica la joven en el podcast, que ha asegurado que existe una realidad que es muy diferente a la que muchos piensan.

Un día trabajando en el monasterio supone dedicar tiempo a la oración, trabajo y vida comunitaria, en la que cada una de las monjas tiene asignadas diferentes tareas. Estas van desde la elaboración de dulces o cosmética artesanal hasta crear música, formarse o la gestión de redes sociales, como sucede en su caso.

Marta ha confesado que "no tenemos tiempo para aburrirnos", y a pesar de que reconoce que la rutina en ocasiones puede llegar a hacerse cuesta arriba, en otras ocasiones sirve para sostenerse en este estilo de vida.

La joven explica que en el monasterio conviven monjas de todas las edades, desde algunas jóvenes recién llegadas hasta aquellas que superan los 90 años de edad. Además, sus orígenes son muy diversos.

A la hora de hablar de cómo es el día a día, Marta explica que la convivencia es intensa, pero como sucede en cualquier casa, y que, aunque llegan a generarse conflictos, "se resuelven hablando y perdonando".

El caso de Marta es particular, ya que sorprende su alta actividad en redes sociales, siendo la encargada de gestionar tanto el canal de YouTube del monasterio como sus perfiles de Instagram y TikTok.

En sus redes sociales habla de la fe, del silencio y de la vida cotidiana, y explica que no se trata de ningún tipo de promoción, sino que lo que busca con esos contenidos es "mostrar cómo vivimos y naturalizarlo".

Su comparación con la vida fuera del monasterio

Marta González es consciente de que la vida de la gente de su edad que no vive como monja de clausura es muy diferente a la suya, pero al contrario de lo que se pueda pensar, asegura que no se está perdiendo nada.

"Veo a las chicas de mi edad que tienen novio, salen de fiesta y no puedo evitar pensar que son ellas las que se están perdiendo tener la estabilidad espiritual que tenemos nosotras. O sea, que la envidia, en realidad, la tienen que tener ellas", asegura.

Aunque reconoce que la vida monástica no es para todo el mundo, sí tiene claro que hay personas que sienten envidia por vivir como lo hacen ellas, y es que destaca que la vida en el monasterio no es una renuncia dolorosa, sino un espacio en el que disfrutar de la libertad y felicidad de una manera diferente.

Lo que sí destaca la joven es que una de las claves para ser monja de clausura es no tener problema alguno en pasar tiempo a solas, y lanza una reflexión: "La gente consume podcasts o abre TikTok para llenar silencios y no tener que escucharse. No sabemos estar con nosotros mismos. Deberíamos aprender a vivir la soledad".

Para Marta, aprender a estar con nosotros mismos es clave para poder disfrutar de mayor libertad y tener más fortaleza, y en el caso del silencio, lejos de ser vacío, se puede convertir en un espacio más lleno y vital en nuestra vida.

Por otro lado, confiesa que nunca ha tenido la sensación de renunciar a una relación romántica como tienen otras jóvenes de su edad, ni tampoco por ser madre. "Todos los días se trabaja esa elección por Jesucristo. Nosotras tenemos una maternidad espiritual y velamos por todas las personas por las que rezamos, desde ese ser madre de manera espiritual", asegura.

En cuanto a la sexualidad, considera que existe un estigma hacia las personas que deciden mantener su virginidad hasta el matrimonio, aunque indica que ahora "las personas se casan mucho más mayores", y que invita a reflexionar porque "el objetivo es proteger el amor" y que no sea algo esporádico con la persona inadecuada.