García-Page, Pedro Sánchez y Milagros Tolón en un acto del PSOE. Foto: Óscar Huertas.
Es oficial: estudiantes de FP, Bachillerato y otros cursos matriculados en el año 26/27 tendrán ayudas de hasta 2.700€
La solicitud de estas ayudas podrá realizarse desde el 7 de abril a través de la sede electrónica del Ministerio de Educación.
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El sistema educativo español ha mejorado en los últimos años, pero todavía arrastra una realidad que condiciona el futuro de miles de jóvenes. En 2025, un 12,8% de los jóvenes de entre 18 y 24 años abandonó sus estudios sin completar Bachillerato o Formación Profesional, el dato más bajo registrado hasta ahora, aunque aún significativo.
Detrás de ese porcentaje hay múltiples factores, aunque los expertos coinciden en señalar que el contexto socioeconómico sigue siendo determinante. Los alumnos procedentes de entornos con menos recursos presentan mayores tasas de abandono, lo que evidencia que las dificultades económicas continúan influyendo en la continuidad educativa.
A pesar de que ocho de cada diez jóvenes logran completar al menos la educación obligatoria, todavía existe una parte relevante que no continúa formándose tras esa etapa. En ese escenario, las políticas de becas y ayudas cobran especial importancia como herramienta para evitar que la falta de recursos termine marcando el camino académico de los estudiantes.
Un sistema de ayudas que busca reducir la desigualdad educativa
Precisamente para evitar que esa falta de recursos se traduzca en abandono o en la imposibilidad de continuar estudiando, el sistema de becas para el curso 2026/2027 refuerza su estructura con distintas cuantías adaptadas a cada perfil.
En este marco, la ayuda que más atención ha generado es la vinculada a la residencia, que puede alcanzar los 2.700 euros y que está pensada para quienes deben desplazarse lejos de su entorno habitual para seguir formándose.
Esta cuantía forma parte del programa de becas gestionado por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes y no se concede de forma automática a todos los estudiantes.
Se trata de una ayuda condicionada, que exige acreditar tanto la necesidad real de cambio de domicilio como el cumplimiento de los umbrales económicos establecidos en la convocatoria.
De este modo, el sistema intenta priorizar a quienes se encuentran en una situación más vulnerable.
Más allá de esta ayuda principal, la estructura de las becas incluye otros apoyos que permiten configurar una cuantía final más amplia. La beca básica, situada en 300 euros —o 350 en el caso de la Formación Profesional de Grado Básico—, actúa como punto de partida para muchos estudiantes.
Imagen de archivo de una mujer estudiando.
A esto se suma la ayuda fija ligada a la renta familiar, que puede alcanzar los 1.700 euros, aunque no es compatible con la anterior, lo que obliga a ajustar cada caso de manera individual.
El expediente académico también influye en el resultado final. El sistema contempla una compensación adicional para aquellos alumnos con mejores resultados, que puede oscilar entre los 50 y los 125 euros, una cantidad que, aunque es más limitada, introduce un incentivo que reconoce el esfuerzo y el rendimiento dentro del conjunto de ayudas.
Una vez asignadas todas estas cuantías fijas, entra en juego la parte variable, que se distribuye entre los beneficiarios en función de su situación económica y sus calificaciones.
Esto significa que no todos los estudiantes recibirán la misma cantidad, ya que el reparto busca equilibrar el presupuesto disponible atendiendo a las circunstancias de cada solicitante.
El proceso para acceder a estas ayudas se realiza de forma telemática a través de la sede electrónica del Ministerio, con un plazo que comienza el 7 de abril de 2026.
Este sistema digital permite agilizar la tramitación y facilita que los datos económicos puedan ser verificados antes del inicio del curso, de manera que los estudiantes sepan con antelación a qué apoyo pueden acceder.
El alcance de estas becas va más allá del Bachillerato y la Formación Profesional. También incluyen enseñanzas artísticas, estudios de idiomas en escuelas oficiales, formaciones deportivas y otras enseñanzas no universitarias, lo que amplía el número de beneficiarios potenciales y responde a la diversidad del sistema educativo actual.