Gonzalo Bernardos, economista.

Gonzalo Bernardos, economista.

Interiorismo

Los economistas advierten: "El que quiera comprar una vivienda en España tiene que darse mucha prisa"

Según sus previsiones, el coste de la vivienda seguirá aumentando, con subidas que rondan el 15% en obra nueva y cerca del 9% en el mercado de segunda mano.

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Comprar una vivienda en España se ha convertido en una carrera cada vez más exigente, donde los precios avanzan a mayor velocidad que los salarios. En muchas ciudades, acceder a un piso ya no depende solo de tener estabilidad laboral, sino de contar con ahorros previos y capacidad de endeudamiento.

Los datos más recientes de 2026 reflejan una tendencia clara: los precios siguen al alza y los expertos coinciden en que el margen para encontrar oportunidades a buen precio se está reduciendo. De hecho, hay quienes ya sostienen que el mejor momento para comprar ya quedó atrás, lo que obliga a tomar decisiones con mayor rapidez.

Uno de ellos es Gonzalo Bernardos, el economista que anticipó que 2025 sería el mejor año de la historia del mercado inmobiliario en España, impulsado por una fuerte demanda y subidas generalizadas de precios. Un año después, mantiene un mensaje claro: aunque ese punto álgido ha pasado, todavía estamos en una fase favorable para comprar, pero no por mucho tiempo.

Un mercado que presiona al comprador

El diagnóstico de Bernardos parte de una idea sencilla pero contundente: la demanda supera ampliamente a la oferta y eso empuja los precios hacia arriba.

Según sus previsiones para 2026, el coste de la vivienda seguirá aumentando de forma significativa, con subidas que rondan el 15% en obra nueva y cerca del 9% en el mercado de segunda mano. Esta tendencia, lejos de frenarse, podría prolongarse durante varios años, aunque con incrementos más moderados en el tiempo.

El economista, profesor en la Universidad de Barcelona, sostiene que el mercado está entrando en una nueva fase expansiva que podría calificarse como un "boom inmobiliario", aunque con características distintas al de la burbuja previa a 2008.

A diferencia de entonces, insiste en que la banca actúa con mayor prudencia y no concede crédito de forma indiscriminada, lo que reduce el riesgo de un colapso abrupto.

Uno de los factores que refuerzan esta dinámica es la mejora en las condiciones hipotecarias. Con tipos que podrían situarse en torno al 1,5% y una mayor disposición de los bancos a financiar hasta el 90% o incluso el 100% del valor de la vivienda, el acceso al crédito se está ampliando.

Esto facilita la entrada de nuevos compradores, pero también intensifica la competencia por un stock limitado de inmuebles.

Imagen de ilustración de una pareja firmando una hipoteca.

Imagen de ilustración de una pareja firmando una hipoteca.

En paralelo, el mercado del alquiler ha alcanzado niveles muy elevados en muchas zonas, hasta el punto de que en determinados casos la cuota hipotecaria ya resulta inferior al precio de arrendar una vivienda.

Esta situación está provocando que cada vez más personas consideren la compra como una alternativa más rentable, lo que añade presión adicional a la demanda.

Aunque puede parecer que es nuevo, el origen de este desequilibrio se remonta a años anteriores. Entre 2008 y 2020, la compra de vivienda por parte de los jóvenes se desplomó, lo que ha generado una bolsa acumulada de potenciales compradores.

Las cifras son elocuentes: si en 2007 el 57% de los jóvenes entre 16 y 30 años tenía vivienda en propiedad, en 2024 ese porcentaje cayó hasta el 27%. En la franja de 30 a 44 años, la caída también ha sido notable, pasando del 75% al 57%.

Esa generación que no pudo acceder a la vivienda en su momento está entrando ahora en el mercado, y lo hace con una necesidad acumulada que Bernardos define como "demanda bestial".

Además, el retraso en la emancipación ha cambiado el perfil del comprador, que ya no se sitúa en los 25 años, sino más cerca de los 35 o incluso más.

A pesar de este escenario alcista, el economista descarta una burbuja similar a la de 2007. A su juicio, solo tres factores podrían provocar una caída significativa de los precios: una crisis económica severa, problemas de solvencia en el sistema bancario o un fuerte repunte de los tipos de interés.

Mientras ninguno de estos elementos se materialice, la tendencia seguirá siendo de crecimiento.

Desde el punto de vista práctico, su recomendación es no retrasar la decisión de compra. Considera que esperar puede traducirse en pagar "muchísimo más" en el futuro cercano, especialmente en zonas con alta demanda.

También aconseja a los jóvenes adaptarse a la realidad actual, empezando por viviendas más pequeñas o en ubicaciones periféricas, con la idea de escalar posteriormente.

El planteamiento incluye incluso una estrategia financiera personal bastante estricta. Para alguien con ingresos de unos 1.700 euros mensuales, propone limitar el gasto en vivienda a unos 700 euros, reducir el consumo en ocio y optimizar los gastos básicos para poder ahorrar.

En algunos casos, sugiere continuar viviendo con los padres como vía para acumular capital inicial.