Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. Europa Press.

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La UE cambia las normas: las empresas españolas tendrán que dar un día de teletrabajo a la semana a sus trabajadores

Esta nueva propuesta de la Unión Europea podría poner fin a la jornada totalmente presencial en España, como respuesta al problema energético.

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La jornada laboral completamente presencial podría tener los días contados, al menos de forma temporal, mientras persista el conflicto con Irán y sus consecuencias en el suministro energético. Bruselas trabaja ya en una batería de medidas que tienen como fin contener el impacto de la crisis, que desde hace semanas afecta directamente a las empresas y a los trabajadores en toda Europa.

Entre las iniciativas que se han perfilado destaca la posibilidad de obligar a las empresas y organismos públicos a implantar, como mínimo, un día de teletrabajo semanal, una medida que se aplicaría tanto en España como en el resto de Países de la Unión Europea.

Este plan forma parte del paquete de medidas que la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, presentará la próxima semana a los líderes de los 27 Estados miembro en la cumbre de Chipre, según informaciones de RTVE y El País.

Teletrabajo y transporte público más barato

Con este paquete de actuaciones, Bruselas busca contener el impacto del encarecimiento energético provocado por la tensión en Oriente Próximo, que ha disparado el precio del gas y el petróleo en toda Europa. Además de fomentar el trabajo en remoto, la Comisión Europea plantea medidas para abaratar el transporte público y reducir la presión sobre el consumo de energía.

En este contexto, se plantea que empresas y administraciones públicas implanten, siempre que sea viable, al menos un día de teletrabajo obligatorio a la semana.

El objetivo es disminuir los desplazamientos diarios y con ello, el gasto en combustible. A corto plazo, también se estudia el cierre puntual de algunos edificios públicos en franjas concretas para recortar el consumo energético.

La idea de reducir desplazamientos (y con ello el consumo de combustible), también se complementa con otras medidas como el impulso al transporte público. De hecho, Bruselas estudia fórmulas para abaratar los billetes e incluso facilitar su gratuidad a ciertos colectivos, con la intención de que moverse sea más accesible y sostenible.

Ayudas para hogares vulnerables

En paralelo, también se baraja una reorganización de los espacios de trabajo. Por ejemplo, el cierre puntual de edificios públicos en determinados horarios para ahorrar energía, sin que esto afecte a los servicios esenciales.

El plan europeo pone el foco también en los hogares, especialmente en aquellos más vulnerables. Sobre la mesa hay propuestas como ayudas directas, rebajas fiscales en la factura de la luz o incluso precios regulados temporales para hacer frente a la subida.

Asimismo, desde Bruselas se plantea impedir la interrupción del suministro eléctrico en casos de impago y reforzar la información disponible para los usuarios, con el objetivo de que puedan acceder a tarifas más competitivas y ajustar su consumo a las franjas horarias más económicas.

Impulso de energías limpias

Las empresas tampoco se quedan fuera de este escenario. Sectores como la industria o la agricultura, especialmente golpeados por el aumento de costes, podrían recibir ayudas específicas si finalmente se flexibilizan las normas europeas para facilitar el apoyo a sectores especialmente afectados, que podrían recibir compensaciones de hasta la mitad del sobrecoste energético.

En paralelo, la institución comunitaria insiste en que la respuesta estructural pasa por acelerar el despliegue de energías limpias. Para ello, plantea incentivos orientados a la instalación de paneles solares, la mejora del aislamiento en viviendas o la sustitución de sistemas de calefacción dependientes de combustibles fósiles.

La estrategia combina así medidas urgentes para amortiguar el impacto inmediato con un enfoque a largo plazo que reduzca la dependencia energética exterior de Europa. El impulso al teletrabajo, el abaratamiento del transporte público y las ayudas directas se perfilan como herramientas esenciales ante una crisis que ya repercute de forma directa en la economía del continente.

A partir de ahora, corresponderá a cada Estado miembro, entre ellos España, decidir cómo aplicar estas directrices y en qué medida transformarlas en obligaciones concretas durante los próximos meses.