El impacto directo de la guerra en Irán sobre los mercados energéticos internacionales ha supuesto una escalada del precio de los combustibles en las últimas semanas.
Las tensiones en Oriente Medio, especialmente tras los ataques a infraestructuras clave y el riesgo de bloqueo de rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz, han disparado el coste del petróleo y, con ello, el precio de la gasolina y el diésel en los surtidores.
El aumento ha sido especialmente intenso y en muy poco tiempo, con subidas que recuerdan a las registradas tras el inicio de la guerra en Ucrania.
En apenas días, repostar se ha convertido en uno de los principales motivos de preocupación para los consumidores, en un contexto además marcado por la cercanía de periodos de alta movilidad como la Semana Santa.
Ante esta situación, el Consejo de Ministros extraordinario celebrado este viernes 20 de marzo aprobó una medida urgente: la rebaja del IVA de la gasolina, el diésel, la luz y el gas del 21 % al 10 %.
La decisión, publicada en el BOE este sábado, entró en vigor el domingo 22 de marzo, aunque queda pendiente de convalidación en el Congreso en un plazo de 30 días. Si no obtiene respaldo parlamentario, el decreto ley decaería y el tipo de IVA volvería a su nivel anterior para el futuro.
Golpe fiscal para frenar la escalada de precios
El Gobierno ha activado un paquete de medidas que supera los 5.000 millones de euros con el objetivo de contener el impacto de la crisis energética derivada de la guerra en Irán.
En el centro de este plan se sitúa la rebaja del IVA de los combustibles al 10%, acompañada de una reducción del impuesto sobre hidrocarburos al mínimo permitido por la normativa europea.
La medida busca trasladar un alivio inmediato al consumidor en un momento de fuerte presión inflacionista. Según las estimaciones del Ejecutivo, la combinación de ambas rebajas fiscales puede reducir el precio del combustible hasta en 30 céntimos por litro. Esto se traduce en un ahorro cercano a los 20 euros al llenar un depósito medio.
Los ejemplos concretos reflejan con claridad este impacto. La gasolina sin plomo 95, que rondaba los 1,8 euros por litro, podría bajar hasta aproximadamente 1,51 euros.
En el caso de la gasolina 98, el precio descendería de 1,94 a 1,60 euros. Por su parte, el diésel pasaría de unos 1,9 euros a cerca de 1,67 euros por litro.
Sin embargo, este descenso no implica necesariamente una caída sostenida de los precios. El mercado del petróleo sigue sujeto a una elevada volatilidad, condicionada por la evolución del conflicto en Oriente Medio.
Cualquier agravamiento de la situación o interrupción en el suministro puede provocar nuevas subidas que absorban parcial o totalmente el efecto de la rebaja fiscal.
De hecho, los datos más recientes del Boletín Petrolero de la Unión Europea aún no reflejan plenamente este abaratamiento. En la última semana analizada, la gasolina subió un 1,42% y el diésel un 2,53%, aunque estas cifras incluyen solo dos días con la rebaja en vigor.
La tendencia, no obstante, muestra una clara desaceleración respecto a semanas anteriores, cuando los incrementos superaban el 6% y el 11%, respectivamente.
Qué otras medidas se incluyen en la medida
Más allá de los carburantes, el plan del Ejecutivo también incluye medidas en el ámbito energético doméstico. El IVA de la electricidad y del gas natural se reduce igualmente al 10%, junto con una rebaja del impuesto eléctrico del 5,1% al 0,5% y la suspensión temporal del impuesto sobre la producción eléctrica.
El paquete incorpora, además, ayudas específicas para sectores especialmente afectados, como el transporte o la agricultura. Entre ellas destaca una bonificación de 20 céntimos por litro de gasóleo profesional, destinada a compensar el impacto del encarecimiento del combustible en actividades económicas clave.
A nivel estructural, también se introducen incentivos fiscales para fomentar la transición energética. Se contemplan deducciones en el IRPF por la compra de vehículos eléctricos, beneficios para la instalación de puntos de recarga y bonificaciones vinculadas a la rehabilitación energética de viviendas.
Pese a este conjunto de medidas, el contexto sigue siendo complejo. España se mantiene en una posición intermedia dentro de la Unión Europea en cuanto a precios, con países donde repostar es más caro, pero también otros donde resulta más económico.
Además, factores estructurales como la dependencia europea del diésel siguen presionando al alza este combustible.
En paralelo, el impacto en la inflación comienza a ser evidente. Las previsiones apuntan a que el IPC de marzo superará el 3%, impulsado en gran medida por el encarecimiento de la energía. Un escenario que añade presión al Gobierno y refuerza la importancia de medidas como la rebaja fiscal ahora en vigor.