Salida de humos de un edificio.
Confirmado por la Ley de Propiedad Horizontal: la salida de humos puede prohibirse si causa molestias a algún vecino
Si la salida de humos de un local genera molestias a los vecinos, la comunidad de propietarios puede reclamar legalmente su retirada en estos casos.
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La salida de humos en una comunidad de propietarios suele estar ubicada en zonas comunes, como patios interiores, fachadas o tejados. Se trata de una instalación clave tanto en viviendas como, especialmente, en locales de hostelería, donde resulta imprescindible para cumplir con las normativas de salud y seguridad.
Sin embargo, cuando esta infraestructura de un local atraviesa espacios comunes del edificio, como un patio interior, pueden surgir conflictos entre los intereses del negocio y los derechos del resto de propietarios. Es en este punto donde entran en juego cuestiones como las autorizaciones previas, el diseño de la instalación y si hay o no molestias, así como la postura de la comunidad a este tipo de instalaciones.
La Ley de Propiedad Horizontal es la referencia principal en este tipo de casos, pero no siempre ofrece una respuesta automática. La clave está en analizar si la instalación supone una simple mejora técnica o si, por el contrario, altera la seguridad, la estructura o los derechos de otros propietarios. Por eso, en la práctica, cada caso depende mucho de cómo sea la obra, de por dónde discurra el conducto y de si genera una carga para el resto de vecinos.
Cuándo se puede eliminar una salida de humos
La retirada de una salida de humos es posible en determinados casos, especialmente cuando no cuenta con la autorización necesaria o está generando perjuicios a la comunidad. Por ejemplo, si se demuestra que la instalación se realizó sin el consentimiento de la junta de propietarios cuando era obligatorio (al afectar a elementos comunes como fachadas o patios), los vecinos pueden exigir su retirada.
También puede ordenarse su eliminación si incumple la normativa municipal o el Código Técnico de la Edificación, ya sea por una mala ubicación, una altura inadecuada o por no garantizar una correcta evacuación de humos. En estos casos, el Ayuntamiento puede imponer sanciones e incluso obligar a desmantelar la instalación.
Otro supuesto frecuente se da cuando la salida de humos provoca molestias graves: olores constantes, ruidos, humo en viviendas cercanas o suciedad en fachadas y ropa tendida, según Servilegal Abogados. La Ley de Propiedad Horizontal permite actuar frente a actividades molestas, insalubres o peligrosas, por lo que la comunidad puede iniciar un procedimiento para exigir el cese de la actividad o la retirada de la instalación si no hay solución técnica viable.
Cuándo no se puede eliminar una salida de humos
En cambio, no siempre es posible obligar a retirar una salida de humos. Si la instalación cuenta con todos los permisos (tanto de la comunidad como del Ayuntamiento) y cumple con la normativa vigente, la comunidad no puede eliminarla de forma arbitraria, aunque genere ciertas incomodidades menores.
Tampoco suele prosperar su retirada cuando está amparada por los estatutos de la comunidad o cuando fue aprobada correctamente en junta con las mayorías exigidas. En estos casos, la instalación se considera legal y parte del uso legítimo del local, especialmente si es necesaria para desarrollar una actividad autorizada, como un bar o restaurante.
De hecho, así lo ha reflejado una reciente sentencia del 29 de enero de 2026, en la que los tribunales rechazaron la oposición de una comunidad que, tras años tolerando la salida de humos de un anterior propietario, intentó impedir su uso cuando el local cambió de dueño y ya había sido reformado.
Además, si la salida de humos lleva años instalada sin oposición formal y sin causar problemas relevantes, puede existir una situación de tolerancia que dificulte su eliminación. Aunque esto no equivale a una legalización automática, sí complica que la comunidad pueda actuar, salvo que se demuestre un perjuicio claro o un incumplimiento normativo.
Todo depende de tres factores clave: si la instalación fue autorizada correctamente, si cumple con la normativa técnica y si afecta o no a la convivencia en el edificio. Por eso, antes de iniciar cualquier reclamación, es fundamental analizar cada caso concreto y, si es necesario, contar con asesoramiento profesional.