María Blanco, economista.

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Estilo de vida

María Blanco, economista: "No pagues los cafés con la tarjeta de crédito, te vas a encontrar con deudas a final de mes"

Distintos estudios sobre hábitos de consumo muestran que más de la mitad de los pagos en comercios físicos se realizan ya con tarjeta o dispositivos móviles.

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En España, el dinero en efectivo ya no ocupa el lugar hegemónico que tuvo durante décadas. La digitalización de los pagos, el auge del comercio electrónico y la generalización de las tarjetas y aplicaciones móviles han transformado los hábitos financieros de millones de ciudadanos. 

Los datos respaldan esta tendencia. Según cifras del Banco de España, la preferencia por el efectivo como medio de pago habitual ha descendido del 65% al 57% en el último año. Esto implica que ya hay un 43% de españoles que prioriza otros métodos, fundamentalmente la tarjeta bancaria, ya sea de débito o de crédito.

A pesar de la comodidad de este hábito —no hay que llevar suelto, se puede pagar cualquier cantidad exacta y las operaciones quedan registradas—, el uso continuado de la tarjeta de crédito puede convertirse en un arma de doble filo. Según la economista María Blanco, a final de mes la suma de estos pequeños pagos puede traducirse en una deuda inesperada.

El doble filo de las tarjetas de crédito

María Blanco es doctora en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid y profesora de Historia e Instituciones Económicas en la Universidad CEU-San Pablo, y lleva años analizando cómo los hábitos de consumo afectan a la salud financiera de las familias.

Según explicó a COPE, la tarjeta de crédito no es simplemente un medio de pago más cómodo que el efectivo, sino un instrumento financiero que implica endeudamiento si no somos conscientes de su uso.

Blanco subraya una diferencia fundamental que a menudo se diluye en la práctica cotidiana: no es lo mismo gastar el dinero propio que gastar dinero prestado.

Cuando se utiliza una tarjeta de débito, el cargo se realiza de forma inmediata sobre el saldo disponible en la cuenta corriente. Si el dinero se agota, la operación no se autoriza. Ese límite natural actúa como un mecanismo de disciplina presupuestaria.

En cambio, la tarjeta de crédito funciona como una línea de financiación a corto plazo. Cada pago supone, en términos estrictos, la generación de una deuda con la entidad bancaria que se liquidará a final de mes o se fraccionará, en ocasiones con tipos de interés elevados.

Es ahí donde aparecen los llamados "gastos hormiga", un concepto ampliamente utilizado en educación financiera para describir los pequeños desembolsos diarios que, de forma aislada, parecen insignificantes, pero cuya acumulación puede resultar considerable.

Imagen de ilustración de un pago con tarjeta.

Imagen de ilustración de un pago con tarjeta.

Un café de dos euros, el billete de metro, una botella de agua o una suscripción digital mensual no alteran por sí solos la percepción de solvencia.

El problema, explica Blanco, es psicológico: al no salir el dinero inmediatamente de la cuenta —como ocurre con el efectivo o el débito— se pierde la noción real del gasto acumulado.

La sensación es la de estar pagando poco, cuando en realidad se está construyendo una factura global que llegará días después.

"Para un café, el metro o la máquina de agua, es preferible utilizar la tarjeta de débito", explica Blanco. De lo contrario, el consumidor puede encontrarse con una deuda a final de mes que no estaba en sus cálculos.

El riesgo no reside en el importe individual, sino en la suma de transacciones diarias realizadas con dinero prestado. Cuando el banco pasa el cargo total, el sueldo puede no ser suficiente para absorberlo sin tensiones.

A su juicio, el débito debe reservarse para el día a día: transporte, cafeterías, supermercado, pequeños pagos recurrentes. El crédito, en cambio, tiene sentido en compras excepcionales o de mayor cuantía, como un ordenador, un electrodoméstico o un mueble.

En estos casos, la tarjeta de crédito puede aportar ventajas adicionales, como seguros asociados o protección frente a incidencias, y permite adelantar una cantidad relevante de dinero de forma puntual.

Pero incluso entonces, la economista recomienda acudir al banco, revisar los límites asignados y, si es necesario, establecer topes específicos para compras online.

Más allá del debate ideológico, la cuestión central sigue siendo la salud financiera individual. Las tarjetas de crédito son herramientas útiles y versátiles, pero exigen una gestión consciente.

Expertos citados por Europa Press recomiendan revisar los extractos al menos una vez al mes para tener un control real de los gastos acumulados. Este hábito, aparentemente sencillo, permite detectar desviaciones antes de que se conviertan en un problema estructural.

También resulta clave prestar atención a posibles cargos indebidos o fraudulentos y comunicarlos de inmediato a la entidad bancaria. La digitalización ha multiplicado la comodidad, pero también los riesgos asociados a la seguridad informática.

Asimismo, conviene leer con detenimiento las condiciones de promociones y descuentos vinculados a tarjetas de crédito, ya que en ocasiones incluyen requisitos o costes adicionales que pueden pasar desapercibidos.