María en un reportaje de Espejo Público.

María en un reportaje de Espejo Público.

Estilo de vida

María está jubilada y su pensión no llega a los 700 euros: "Me alimento a base de sopa de ajo, no puedo ir ni al teatro"

En muchas ocasiones, vivir con una pensión que obliga a priorizar necesidades básicas, a renunciar a planes y a construir estrategias cotidianas para sobrevivir.

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La jubilación en España pretende que, tras décadas de trabajo, las personas puedan retirarse con un ingreso que sustituya su salario. Para lograrlo, existe un sistema público de pensiones basado en cotizaciones: a lo largo de su vida laboral, los trabajadores aportan una parte de su sueldo para asegurar su prestación futura.

Hoy la pensión media de jubilación se mueve alrededor de los 1.500 euros al mes, aunque la cantidad final depende mucho de la trayectoria laboral y de lo cotizado. Con todas ellas se logra el mismo objetivo, que el ingreso sirva como base de su economía diaria al terminar su etapa laboral.

Sin embargo, no todos logran esa estabilidad. Los empleos precarios, las lagunas de cotización y los años dedicados a cuidados reducen muchas pensiones, algo que afecta especialmente a las mujeres, que cobran de media más de un 30 % menos que los hombres, y hace que muchas de ellas vivan al límite, como María.

Las pensiones y la precariedad en España

En España, las mujeres suelen tener carreras de cotización más cortas y discontinuas, con más contratos a tiempo parcial y salarios inferiores.

A eso se suman los años dedicados al cuidado de hijos o familiares dependientes, tareas que durante décadas no generaron cotización, pero que, sin embargo, muchas mujeres asumieron de forma casi obligada.

Todo ello reduce la base reguladora con la que luego se calcula la pensión y explica por qué, de media, ellas cobran más de un 30 % menos que los hombres al jubilarse.

En ese contexto se sitúan muchas jubiladas que han trabajado toda su vida, pero no han logrado pensiones altas. Sus ingresos obligan a ajustar cada gasto y a renunciar a parte del ocio o del consumo que se asocia a una jubilación tranquila.

María cobra alrededor de 700 euros al mes en concepto de pensión, una cuantía que la coloca muy por debajo de la media nacional y que limita de forma clara su rutina del día a día.

Según le cuenta en un reportaje a Espejo Público, al teatro no puede ir. "Son 60 euros que no puedo permitirme, al cine sí puedo ir porque cuesta dos".

Imagen de ilustración de una mujer organizando su dinero.

Imagen de ilustración de una mujer organizando su dinero.

Esta diferencia entre experiencias culturales no es casualidad. Muchas salas de cine ofrecen entradas a precios reducidos —con promociones especiales o en sesiones matinales, especialmente para jubilados— que hacen que este tipo de ocio sea mínimamente accesible para personas con ingresos muy limitados.

El teatro, en cambio, suele tener entradas mucho más caras, sin tarifas sociales generalizadas, lo que excluye casi por completo a quienes viven con pensiones bajas como la de María.

No obstante, estas no son las únicas limitaciones de María. La española no puede asumir el coste de un viaje y, cuando puede darse "el lujo", va a aquellos sitios en los que ya cuenta con una vivienda, en este caso, de sus amigas.

Para llegar a fin de mes, ha creado su propia economía doméstica ajustada al máximo. Habla de la "sopa de ajo" como un símbolo de ese ajuste: simple, cálida, nutritiva y muy barata, forma parte de su repertorio culinario para estirar al máximo cada euro.

A pesar de la precariedad de su pensión, María dedica un énfasis especial a mantener su autonomía: no pide ayuda económica ni a sus hijos ni a nadie, y ello la enorgullece.

La historia de María no es única. Al igual que ella, otras mujeres que han participado en este reportaje viven con cuantías de pensión reducidas como consecuencia de empleos con bajas remuneraciones y periodos sin cotización.

Beatriz, por ejemplo, con 32 años cotizados limpiando colegios, percibe una pensión de 840 €, mientras que Carmen, cuya vida laboral comenzó a los 11 años, combina su pensión con la de viudedad para llegar a 980 € mensuales, aunque su pensión contributiva sea de menos de 300 €.

Según datos recientes, aproximadamente el 35 % de las pensiones se sitúan por debajo del umbral de pobreza, fijado en torno a 827 € mensuales, lo que pone de manifiesto que muchas personas mayores sobreviven con ingresos que no cubren ni siquiera sus necesidades básicas.

No solo las cuantías son bajas, sino que la vida cotidiana de quienes reciben estas pensiones exige renuncias continuas: renunciar a planes culturales, a viajes, a comidas en restaurantes o compra de bienes no esenciales.