Ana Torroja. Gtres.
Ana Torroja (66), sobre cómo mantiene su figura: "Las pesas son mi secreto. A esta edad el músculo se despega de la piel"
La cantante prioriza ejercicios que generen tensión muscular real, combinados con movimientos como el remo, que activan grandes grupos musculares.
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Hay pocas cantantes tan prolíficas y queridas en la industria musical española como Ana Torroja. Su voz forma parte de la memoria colectiva de varias generaciones y su figura pública ha sabido mantenerse vigente con el paso de los años, con una naturalidad que hoy resulta casi excepcional.
Su importancia en España y en la historia del pop es inseparable de su papel como vocalista de Mecano, una banda que redefinió el sonido de toda una época y que supo evolucionar sin perder identidad. Ya en el nuevo milenio, Ana continuó explorando nuevos registros, demostrando que adaptarse a los tiempos no implica renunciar a la esencia.
Esa misma capacidad de adaptación es, precisamente, la que explica que a sus 66 años conserve un físico muy similar al de aquella joven que conocimos junto a Nacho y José María Cano. Sin embargo, lejos de ser fruto del azar o de una genética privilegiada, su estado físico responde a una rutina muy cuidada.
La rutina de Ana Torroja
En una reciente entrevista en La Revuelta, la cantante fue clara al señalar que el ejercicio físico, y en especial el trabajo con pesas, es el secreto de su bienestar actual. Un misterio que, en realidad, se ve a simple vista, según David Broncano.
Cuando se le pregunta por sus brazos definidos o por la firmeza de su espalda, Torroja confiesa que no hace deportes extremos, sino que prioriza las pesas y el remo: dos disciplinas clásicas, eficaces y, sobre todo, sostenibles a largo plazo.
La artista explica que con el paso del tiempo el cuerpo cambia de forma inevitable: se pierde masa muscular y esa pérdida provoca que el músculo "se despegue" de la piel, generando flacidez incluso en personas delgadas.
Su objetivo, insiste, no es la delgadez, sino volver a "pegar" ese músculo para que el cuerpo se sostenga desde dentro. Un razonamiento que, de hecho, conecta de lleno con lo que la ciencia lleva años advirtiendo sobre la sarcopenia.
La sarcopenia es la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular que se acelera a partir de los 50 años, especialmente en las mujeres. Durante esta etapa, el entrenamiento de fuerza deja de ser una opción estética para convertirse en una herramienta de salud integral.
Levantar peso de forma controlada no solo mejora el aspecto de brazos y hombros, sino que protege las articulaciones, fortalece los huesos, mejora el metabolismo y reduce el riesgo de caídas. En esta etapa de la vida, el músculo actúa como un auténtico andamiaje que mantiene la piel firme y el cuerpo funcional.
Es por todos estos motivos por los que la cantante prioriza ejercicios que generen tensión muscular real, combinados con movimientos como el remo, que activan grandes grupos musculares y refuerzan la espalda, una zona especialmente vulnerable con la edad.
A este trabajo añade ejercicios de equilibrio y propiocepción que, aunque sencillos en apariencia, resultan muy exigentes a nivel neuromuscular. Uno de ellos es mantener el equilibrio a una pierna con la ayuda de una pelota de pilates.
Este sencillo ejercicio activa abdomen, glúteos y piernas, y mejora la estabilidad sin someter al cuerpo a impactos innecesarios. "Podéis empezar con 3 minutos por pierna, alternando 1 min con cada pierna", explica en sus redes sociales.
Aunque estos ejercicios sean verdaderamente eficaces, el cuidado físico de la cantante no se limita al gimnasio. El descanso ocupa un lugar central en su rutina diaria.
Ana Torroja. Gtres.
Torroja se define como una persona diurna, amante de madrugar y de aprovechar las horas de luz. Acostarse antes de las once de la noche no es una excepción, sino una norma casi inquebrantable.
Para ella, el sueño es una de las herramientas más poderosas para que el cuerpo se recupere, la piel se regenere y el sistema nervioso se mantenga en equilibrio.
En cuanto a la alimentación, la cantante no sigue dietas de moda. Come equilibrado, escucha a su cuerpo y evita aquello que le genera malestar digestivo, una prioridad que ha ido ganando peso con los años.
Su estómago, reconoce, ya no tolera los excesos como antes, y eso la ha llevado a simplificar su forma de comer y a apostar por alimentos que no le inflamen.
Aun así, su disciplina no está reñida con el placer. Existe un capricho al que no renuncia cuando tiene ocasión: el suspiro limeño.
Cada vez que viaja a Perú, este postre tradicional se convierte en su excepción, un pequeño placer que disfruta sin culpa y que, precisamente por no estar al alcance diario, no interfiere en su equilibrio general.