Andrea y Abril, empresarias, en una foto de sus redes sociales.

Andrea y Abril, empresarias, en una foto de sus redes sociales.

Estilo de vida

Andrea y Abril, empresarias, sobre tributar en Andorra: "En España los emprendedores son los malos, pero trabajan más que nadie"

Las creadoras de contenido y empresarias tienen un negocio en el país pirenaico que consiste en una cafetería con un centro de pilates.

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Cada vez son más los españoles que deciden trasladar su residencia fiscal a Andorra. El país pirenaico se ha convertido en un foco de atracción no solo por su seguridad, su estabilidad institucional o la calidad de sus servicios públicos, sino también por ofrecer un entorno que muchos consideran favorable para desarrollar proyectos empresariales a largo plazo.

El sistema fiscal andorrano, con un IRPF máximo del 10% y un impuesto indirecto general del 4,5%, contrasta de forma evidente con el marco español, donde la presión fiscal sobre rentas medias y altas puede superar el 45%. Una diferencia que se convierte en un elemento determinante para perfiles que asumen riesgos empresariales elevados.

Andrea Garte y Abril Cols son dos de las españolas que han elegido Andorra para emprender. Ambas sostienen que su decisión ha estado marcada tanto por motivos personales como profesionales y aseguran que, lejos de la imagen que a menudo se proyecta, emprender fuera de España no implica desentenderse del esfuerzo, sino asumirlo en condiciones que consideran más justas.

Emprender (y tributar) en Andorra

Abrir una empresa en Andorra supone, para muchos emprendedores, operar en un entorno con menor carga burocrática, impuestos más bajos y una mayor facilidad para planificar a medio y largo plazo.

De acuerdo con los expertos, el proceso de constitución de sociedades es más ágil en el país pirenaico, los costes asociados son más previsibles y la fiscalidad permite que una mayor parte de los ingresos se destine a inversión, contratación o mejora del servicio.

Frente a ello, en España muchos empresarios denuncian un exceso de trámites, cambios normativos constantes y una sensación de desconfianza estructural hacia quien decide crear empresa.

Un contraste que, a su juicio, explica por qué cada vez más perfiles emprendedores optan por desarrollar su actividad fuera, sin que ello implique necesariamente una ruptura emocional con su país de origen.

Entre quienes han tomado esa decisión se encuentran Andrea Garte y Abril Cols, dos creadoras de contenido de 28 años que han sabido transformar su visibilidad en redes sociales en proyectos empresariales, uno de ellos ubicado en Andorra.

Aunque se conocieron hace cinco años en un evento, su vínculo se consolidó al descubrir que vivían en el mismo edificio en Andorra. A partir de ahí, la convivencia diaria, las conversaciones y una visión compartida del trabajo las llevaron a convertirse no solo en mejores amigas, sino también en socias.

Andrea Garte y Abril Cols en el pódcast de Ac2ality.

Precisamente de esa relación nace Balanzen, su proyecto empresarial conjunto, ubicado en Andorra y concebido como una combinación de cafetería y centro de pilates.

La idea surgió de una necesidad cotidiana: entrenaban juntas y después buscaban un lugar agradable donde desayunar, hasta que decidieron integrar ambas experiencias en un único espacio.

Balanzen ha supuesto una apuesta económica mucho más ambiciosa de lo que inicialmente habían previsto. Lo que comenzó como una inversión estimada en unos 160.000 euros, terminó superando los 300.000, debido a que el local necesitó una reforma integral desde cero.

Aun así, el riesgo asumido ha tenido una respuesta inmediata por parte del público. En apenas mes y medio de actividad, el negocio ha registrado colas de hasta hora y media y un margen de beneficio del 54% en su primer mes, una cifra excepcional dentro del sector, explican en el videopódcast de Ac2ality.

Actualmente, cuentan con quince empleados en plantilla y los fines de semana el ritmo de trabajo se intensifica hasta el punto de requerir cinco personas solo en la barra. El éxito inicial ha llevado a Andrea y Abril a plantearse ya un segundo local y una futura expansión a España.

Es justamente la ubicación de Balanzen uno de los aspectos que más controversia genera en torno a ellas. Ambas explican que su mudanza a Andorra estuvo motivada en primer lugar por vínculos personales, parejas y amistades que ya residían allí, y reconocen sin rodeos que el factor fiscal también influye.

"Sería ridículo decir que no, pero no sé, pienso que hemos encontrado nuestro espacio en Andorra y estamos felices. Si no, no estaría allí", afirman. Desde su punto de vista, el problema no es que el país resulte atractivo, sino que España no ofrece suficientes incentivos para retener a quienes quieren emprender.

Ambas empresarias consideran que en España el emprendedor está socialmente estigmatizado y que se le percibe como "el malo de la película", alguien a quien se le presupone riqueza y privilegio sin tener en cuenta el riesgo y la presión que asume.

También señalan la falta de ayudas reales y el exceso de trabas administrativas en España, un contexto que, según ellas, explica por qué muchas personas optan por la estabilidad del empleo público.

A su juicio, la polémica en torno a Andorra actúa como una cortina de humo que desvía la atención del problema de fondo: la dificultad estructural para emprender.

A todo ello se suma la experiencia de ambas en otros negocios, especialmente en el sector de la moda, donde los márgenes son mucho más ajustados debido a aduanas, devoluciones y costes de stock.

Andrea reconoce haber atravesado momentos muy complicados con su anterior marca y explica que este tipo de proyectos funcionan como una "bola de nieve" que obliga a reinvertir constantemente, incluso a costa de entrar temporalmente en números rojos.