Silvia, vive en una furgoneta camper desde hace 3 años.

Silvia, vive en una furgoneta camper desde hace 3 años. Instagram @unpalodevida

Estilo de vida

Silvia, vive en una furgoneta camper desde hace 3 años: "Supone un gasto fijo total de unos 935 euros al mes"

La joven tiene unos ingresos fijos que le permiten viajar por toda España y vivir en su residencia habitual, aunque poco común.

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Silvia, junto a su pareja Carlos no pagan alquiler. Tampoco hipoteca. Su casa tiene ruedas, un depósito de agua y otro de gasóleo. Y, sobre todo, una hoja de Excel mental donde cada euro cuenta. Desde hace meses recorren España en una furgoneta camperizada y han decidido poner cifras a una pregunta que muchos se hacen: cuánto cuesta realmente vivir viajando.

La respuesta, al menos en su caso, es concreta: unos 935 euros al mes. Una cifra que incluye no solo lo imprescindible para moverse y comer, sino también el ocio, los pequeños caprichos y los gastos cotidianos que cualquier persona tiene, aunque no cambie de provincia cada semana.

Lejos del ideal romántico de la vida nómada como algo casi gratuito, su presupuesto demuestra que la libertad también se paga. La diferencia es en qué se paga. La furgoneta, al final, es su casa. Y como cualquier casa, necesita cuidados constantes, aunque en este caso las paredes vibren cuando el motor arranca.

No pagar alquiler

El mayor bloque de gasto de Silvia y Carlos es el más obvio: comer. El supermercado se lleva 360 euros al mes. A eso se suman otros 160 euros en bares y restaurantes, una partida que ellos mismos dicen entre risas que podrían recortar, pero que forma parte de su manera de disfrutar el viaje.

En total, más de la mitad del presupuesto mensual se va en alimentación y ocio. No es muy distinto a lo que ocurre en muchos hogares convencionales. La diferencia es que aquí la cocina cambia de vistas cada pocos días.

El segundo gran pilar es el movimiento. Viajar implica repostar, y en su caso la gasolina supone unos 210 euros mensuales. Recorren miles de kilómetros, cada uno de ellos, pensados minuciosamente para evitar imprevistos desagradables porque saben que cada desplazamiento es una pequeña inversión en paisaje.

A esto hay que añadir los costes fijos del vehículo, que sustituyen al alquiler o la hipoteca de una vivienda tradicional. El seguro y el permiso de circulación suman 38 euros al mes. El mantenimiento básico, como aceite o aditivos, otros 20 euros. No son grandes cifras, pero están ahí, esperando cada mes.

El precio de lo cotidiano

Vivir en una camper no elimina los gastos pequeños, solo los transforma. La ropa hay que lavarla, aunque no haya lavadora en casa. La lavandería se lleva unos 18 euros al mes. El agua hay que llenarla, vaciarla y, a veces, pagar por los servicios de limpieza que suponen unos 15 euros más.

La conexión a internet es otro gasto fijo de 35 euros mensuales. Para muchos viajeros ya no es un lujo, sino una necesidad, ya sea para trabajar, organizar rutas o simplemente seguir conectados con el mundo.

Luego están los "extras", esa categoría imprecisa donde caben las compras online, algún accesorio inesperado o pequeños caprichos. En su presupuesto, 44 euros al mes. También añaden una partida de unos 35 euros para gastos personales o de salud, que ellos mencionan medio en broma, pero que forma parte de cualquier economía realista.

Sumando todo, el resultado son unos 935 euros al mes. Hay meses en los que gastan algo menos y otros en los que la cifra sube. Y, como reconocen, aquí no están incluidos los grandes imprevistos, como una avería seria.

Ahorrar viajando

Comparado con la vida en una ciudad, el presupuesto de Silvia y Carlos tiene una lectura clara. No pagan por estar quietos, pagan por moverse. Donde otros destinan 700 u 800 euros a un alquiler, ellos los reparten entre gasolina, comida y mantenimiento de su casa con ruedas.

La clave está en el equilibrio. No viven al límite, pero tampoco derrochan. Se permiten bares y restaurantes, mantienen una conexión a internet estable y no renuncian a ciertos caprichos. A cambio, controlan cada gasto con precisión casi quirúrgica.

Su economía es, en el fondo, una economía de decisiones. Cada kilómetro recorrido es una elección. Cada parada, también. Viajar más significa gastar más en combustible. Quedarse más tiempo en un sitio reduce costes, pero también cambia el ritmo de la aventura.

El número final, esos 935 euros, funciona como una especie de cuota mensual por una vida distinta. No es gratis, pero tampoco es inalcanzable. Y, sobre todo, es transparente.