Imagen de una de las veladas para desconocidas.

Imagen de una de las veladas para desconocidas.

Estilo de vida

Las cenas 'solo para mujeres': entramos en una de las citas privadas que reúne a más de 12.000 en el mundo

La plataforma Timeleft organiza veladas en diferentes ciudades para acabar con la soledad urbana y generar nuevos vínculos.

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Irene Molina
Londres
Publicada

Confieso que cuando me descargué la aplicación de Timeleft lo hice con una mezcla de entusiasmo y desconfianza. El entusiasmo venía de la promesa de conocer gente nueva en una ciudad donde es más fácil cruzarse con un zorro en plena madrugada que con una amiga disponible para cenar. La desconfianza, de la sospecha de que aquello fuese otra aplicación de citas disfrazada de networking.

Lo primero: para apuntarte tienes que registrarte, rellenar un minitest de personalidad. ¿Más lógica o más creativa?, ¿qué industria? ¿introvertida, extrovertida o ‘mejor no lo pienso demasiado’? Empieza como un juego de BuzzFeed. pero rápidamente me lanza a una crisis de autoconocimiento.

Decido que soy más creativa (porque suena mejor) y más introvertida (porque la idea de cenar con desconocidas me produce en el mejor de los casos nervios, y en el peor rechazo). Reservar la cita me cuesta unos 13 euros por un ticket, que es básicamente la llave de entrada a la experiencia.

La cena en sí la pagas luego, claro. Seleccionas un rango de presupuesto, la zona de la ciudad que prefieres —yo elegí Shoreditch, el barrio londinense lleno de cafés de especialidad y almacenes reconvertidos en galerías — y esperas a que la aplicación decida con qué desconocidas te va a sentar a la mesa.

Solo te adelanta dos datos: la nacionalidad y el sector laboral de tus futuras comensales. El resto, sorpresa.

La llegada tardía

Y así, un martes cualquiera, terminé caminando deprisa (y 15 minutos tarde, como siempre) hacia un restaurante mexicano que ya me sonaba. Al entrar me encontré con ocho mujeres de entre 20 y 26 años, todas ya sentadas. Sonrisas congeladas, miradas inquisitivas. Me senté torpemente cuando una de ellas, valiente, rompió el hielo: “¿Tú eres la periodista? Nos habían dicho que venía alguien y estábamos intentando adivinar quién era.”

Misterio resuelto y silencio roto. El “¿a qué te dedicas?” inicial dio paso, casi sin darnos cuenta, a lo que solo puedo describir como un club improvisado de experiencias compartidas. Algunas venían por primera vez, otras repetían y había incluso quienes se habían encontrado antes en otra cena. Un par callaban más, otras eran pura extroversión, pero todas se miraban con una curiosidad genuina.

¿Qué es Timeleft realmente?

Nació en Lisboa en mayo de 2023 con una idea sencilla pero ambiciosa: combatir la soledad urbana reuniendo a seis completos desconocidos. La primera cena fueron apenas 24 invitados repartidos en cuatro mesas. Hoy, poco más de un año y medio después, la cosa se ha disparado: más de 200 ciudades, un millón de personas apuntadas, y cada semana miles de encuentros. Martes, solo para mujeres; miércoles, el formato original; jueves, copas.

Detrás del invento están Maxime Barbier y Adrien de Oliveira, dos franceses que decidieron abordar lo que llaman la “epidemia de soledad” en las grandes ciudades. Desde el inicio, explican, observaron que “alrededor del 65% de los participantes eran mujeres” y quisieron ir más allá: “Crear un espacio dedicado para ellas, que fomentase la libertad, la autoexpresión y la autenticidad”.

El resultado fue inmediato: cada martes, más de 2.000 féminas entre 20 y 75 años se sientan a cenar en docenas de ciudades del mundo.

¿Por qué solo mujeres?

Una de mis compañeras de velada lo explicó sin rodeos: “Probé a ir a una cena mixta, pero muchos hombres lo usan como una especie de app de citas. Acaba siendo incómodo, pasas la cita rechazando indirectamente en lugar de, simplemente, hacer amigas".

La intuición de los fundadores, y la experiencia acumulada, confirmaron que no era un caso aislado. “Desde la primera cena vimos que ellas son más abiertas a nuevos encuentros”, cuenta Barbier.

La cena

De mis ocho acompañantes londinenses, apenas dos habían nacido en Inglaterra. El resto venía de Nueva Zelanda, Hong Kong, Bombay, Canadá, Texas… Todas con un sentimiento en común: lo difícil que es, en una ciudad gigante y caótica, encontrar gente con intereses parecidos.

Natalia, criada en la capital china y mudada a Birmingham para estudiar, ahora trabaja en marketing digital: “En mi empresa todos son mayores que yo. Entre el trabajo y el cansancio, es difícil hacer nuevas amistades, y parece que todo el mundo ya tiene un grupo cerrado".

Los encuentros se dan cada semana y se mezclan personas de diferentes lugares.

Los encuentros se dan cada semana y se mezclan personas de diferentes lugares. Cedida

Sammy, trabajadora social nacida en el sur de Londres, aportó el contrapunto local: “He crecido rodeada de la misma gente desde primaria. Son como mi familia, pero inevitablemente te encierras en tu burbuja. Esto me permite conocer a gente fuera de ella".

Y así, entre tacos y margaritas, la conversación fue saltando con naturalidad: avistamientos de famosos (muy comunes en la ciudad, al parecer), diferencias culturales, transporte público, política, shocks migratorios, aplicaciones de citas (odiadas unánimemente).

Laura, texana de 24 años, nos dejó boquiabiertas al contar que se mudó a Londres “literalmente el día que Kamala Harris perdió las elecciones”. Lo dijo entre risas, aunque con el deje de quien ha dejado atrás algo más que un código postal.

Sneha, de la India, explicó que esperaba encontrar compañeras de piso con las que hacerse amiga. Acabó, sin embargo, en un piso de frat boys, como ella los describió, por haber tomado la decisión demasiado deprisa en un mercado de vivienda “brutal”. El resultado: más ganas todavía de salir a cenar con desconocidas.

La receta de su éxito

Les pregunté a los creadores de Timeleft cómo habían conseguido convertir algo tan simple en un fenómeno global. De Oliveira lo resumió como una especie de fórmula mágica de tres pasos: “Los invitados no eligen el restaurante, eso elimina prejuicios. No saben quién vendrá, lo cual abre la mente. Y usamos preguntas rompehielos para arrancar la charla”.

El resto es boca a boca. “No hace falta mucha gente para que funcione, solo seis personas dispuestas a salir de su zona de confort. La magia ocurre sola”, cuentan. Y sí, han comprobado esa magia en persona: “He asistido a más de 70 cenas, casi siempre de incógnito admite Barbier. Siempre vuelvo con la misma certeza: tenemos mucho más en común de lo que pensamos”.

También han visto surgir de estas veladas alianzas inesperadas. “Hemos escuchado muchas historias dicendesde nuevas colaboraciones empresariales entre mujeres hasta compañeras de viaje que se conocieron por primera vez en una de estas mesas”. Si tuvieran que definir la atmósfera en tres palabras, no dudan: “Segura, apoyada, auténtica”.

Quizá fue la ausencia de móviles (Timeleft anima a dejarlos en el bolso), o quizá el hecho de que nadie tenía expectativas románticas, pero la mesa se animaba sola. Reíamos de lo malas que son las apps de citas, compartíamos tips de transporte (todos coincidiendo en lo horroroso que es el Overground los domingos), y hasta debatimos sobre la conveniencia de mudarse por motivos políticos.

Y lo curioso es que, en medio de las diferencias culturales, siempre aparecía un punto común. “Seguimos siendo animales sociales dicen los fundadores. El problema no es que hayamos perdido la capacidad de socializar, sino los espacios físicos donde hacerlo”.

Lo que me llevé de la cena

Éramos nueve mujeres sin apenas nada en común, salvo la cena mexicana y la aplicación en el móvil, y, sin embargo, salimos del restaurante como si fuéramos amigas de toda la vida,

Y al final, cuando ya nos poníamos los abrigos, una de ellas se atrevió tímidamente: “Tengo mi primer bolo como DJ en Londres este viernes… estáis más que invitadas".

Quizá no volveré a verlas a todas, quizá a ninguna, pero la certeza de que puedes entrar sola en un restaurante y salir con un puñado de anécdotas, y hasta una invitación a un concierto, es ya un lujo.

Al final, esa es la moraleja de Timeleft: no se trata de encontrar a tu media naranja ni de hacer networking como en una aburrida conferencia. Se trata, simplemente, de cenar.

Y recordar que, por mucho que Londres, Madrid, Barcelona, Ámsterdam, Nueva York, Lisboa o Roma nos haga sentir pequeñas, seguimos siendo animales sociales, y que hay pocas cosas más humanas que compartir un plato de nachos con una desconocida que, por un rato, se convierte en amiga.