Cofrades a su llegada de la Cofradía de la Purísima Sangre de Sagunto tras el veto.

Cofrades a su llegada de la Cofradía de la Purísima Sangre de Sagunto tras el veto. Kai Forsterling EFE

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Sagunto veta a las cofrades y Huelva celebra una procesión sólo de hombres: la igualdad en Semana Santa, a debate

En España hay localidades donde ellas aún viven esta festividad en segundo plano porque así lo dictan las tradiciones o estatutos de las hermandades.

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Estos días, las calles españolas huelen a cera e incienso. La Semana Santa, que este año tiene lugar entre el 29 de marzo y el 5 de abril, recorre la geografía nacional mientras creyentes —y fanáticos de la festividad que no necesariamente lo son— conmemoran la pasión de Jesús siguiendo y formando parte de hermandades y cofradías.

Profundamente arraigada en la tradición de muchos pueblos, esta ha ido evolucionando con el paso de los siglos para adaptarse a los cambios sociales. Y las mujeres no han sido ajenas a esta modernización: la presencia femenina ha crecido paulatinamente, desempeñándose como manolas, bordadoras, pregoneras, costaleras, camareras, hermanas...

Sin embargo, esta misma visibilidad también ha llevado a que se palpe más la brecha en aquellos lugares en los que todavía siguen ausentes. Por ejemplo, en la localidad de Sagunto (Valencia), la decisión de la Cofradía de la Purísima Sangre de Jesús de vetar su incorporación ha dado la vuelta al país.

La hermandad fue fundada en torno a 1492 y el arraigo de los capuchinos —transmitido de abuelos a padres y de estos a sus hijos— ha permitido que se mantenga viva más de cinco siglos después. Sin embargo, sus estatutos actuales impiden a la mitad de la población formar parte de ella, pues la entidad sólo contempla la entrada de miembros "varones".

En las últimas décadas, se han llevado a cabo votaciones con el objetivo de sustituir ese término por el de "individuos", como ocurría en un reglamento anterior que data de 1874. La última, celebrada en la ermita de la Puríssima Sang del Nostre Senyor Jesucrist, concluyó con 267 votos en contra frente a 114 a favor, por lo que ellas seguirán, de momento, excluidas.

La Cofradía de la Sangre de Sagunto trasladando al Ecce Homo este Viernes de Dolores.

La Cofradía de la Sangre de Sagunto trasladando al Ecce Homo este Viernes de Dolores. Kai Forsterling EFE

"Se aferran al 'no' por el miedo al cambio", lamenta Blanca Ribelles, portavoz de la Asamblea Semana Santa Inclusiva y uno de los principales nombres que lideran la defensa de incluir a las vecinas saguntinas. "La fiesta es del pueblo y sólo queremos llamar a la igualdad; no se trata de un nosotras contra ellos porque en el colectivo hay hombres y mujeres", dice.

En los últimos días, el caso ha causado tal revuelo que incluso el Ministerio de Igualdad ha tomado cartas en el asunto y ha hecho pública su intención de llegar hasta la Fiscalía ante lo que consideran, en palabras de la ministra Ana Redondo, un "anacronismo" y un "reducto machista y de desigualdad".

Por otra parte, ha asegurado haber incoado el expediente para retirar a la Semana Santa de Sagunto el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Nacional que ostenta desde 2004. "Es una pena... pero me parece normal; no puede ser considerada como tal cuando se discrimina a la gente", valora Ribelles, explicando que no descartan "ir por la vía judicial".

Lo harían confiando en un precedente poderoso, eso sí. En La Laguna (Tenerife), Teresita Laborda pasó años litigando contra la Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo después de que la hermandad le negara el ingreso por definirse como asociación de "caballeros". En 2020, un juzgado de Santa Cruz le dio la razón.

Consideró que el veto vulneraba sus derechos y obligó a la cofradía a borrar de sus estatutos la exclusión de las mujeres. Y así, tras un recorrido judicial que incluyó un revés en el Supremo, en 2024, el Tribunal Constitucional fijó que una institución de este tipo no puede ampararse en la tradición para discriminar si ocupa una posición de dominio en la vida religiosa y social de un lugar.

El Obispado de Tenerife y la hermandad llevaron el pasado noviembre esa sentencia a Estrasburgo y ahora el Tribunal Europeo de Derechos Humanos deberá pronunciarse en los próximos meses sobre hasta dónde pueden llegar los Estados a la hora de imponer la igualdad dentro de asociaciones religiosas.

Ni lo de Sagunto ni lo de La Laguna son casos aislados. Incluso en grandes ciudades como León el veto persiste en cinco cofradías aunque en una de ellas, la de Minerva y Veracruz, se aprobó el año pasado la inclusión de las mujeres, aunque no se ha aplicado en igualdad de condiciones porque ellas sólo pueden participar de luto riguroso, sin portar ni empujar los pasos.

Otro ejemplo paradigmático es el de Zalamea la Real. Desde hace justo 250 años, la histórica Vía Sacra recorre este municipio onubense en la madrugada del Viernes Santo... pero con la particularidad de que esta se reserva a los hombres: son ellos los que caminan en silencio tras la cruz y los faroles, mientras ellas quedan fuera del cortejo.

Antaño, cuentan las crónicas locales, ellas tenían prohibido incluso salir de casa durante la procesión. Hoy no existe esa imposición sobre el papel, pero sí se mantiene como norma social: muchas vecinas optan por no acudir por respeto a una tradición nacida en el siglo XVIII que consideran una pieza de su patrimonio antropológico.

Las reivindicaciones para ganar presencia en el escenario cofrade no son nuevas y, gracias a ellas, regiones como Málaga viven estas festividades con normalidad. Allí se ubica la sede de La Mujer Cofrade del Siglo XXI, una asociación dedicada a promover la igualdad y el trabajo femenino que se realiza para que estas intensas jornadas salgan adelante.

Nazarenas procesionan por las calles de Málaga acompañando al Cristo El Rico.

Nazarenas procesionan por las calles de Málaga acompañando al Cristo El Rico. Álex Zea Europa Press

Gracia Aragón, su presidenta, atiende a esta revista en medio de los preparativos. "Aquí desde 2003 no tenemos ese problema", arranca. Ese año, Adela Utrera se convirtió en el detonante del cambio: se celebró un cabildo —las reuniones en las que las hermandades votan sobre sus asuntos— para decidir si podía salir en el trono, y ganó el sí.

"A raíz de eso se abrieron las puertas para todas las demás que queríamos sacar tronos y no nos daban opción a incorporarnos", recuerda. Aunque esa apertura no ha sido ni uniforme ni definitiva. Reconoce que sigue habiendo una minoría que se niegan a que la mujer entre a la actividad. Lo hacen, eso sí, sin decirlo abiertamente.

"Como no pueden negarse, usan otras herramientas", denuncia. Y pone como ejemplo el momento del tallaje, que, especialmente en cofradías con alta demanda, suele implicar la inscripción en lista de espera si las plazas están cubiertas. "Pasan años y sigues ahí mientras ves a nuevos que entran en el trono de primeras. Quien hace la ley hace la trampa", dice.

El caso va más allá de la anécdota. Aragón refiere que algunas integrantes de su asociación han tenido que someterse a tratamiento psicológico "por la negativa y el bullying que han recibido por querer salir bajo un paso". El problema, insiste, no es de fe ni de preparación: "No se cuestiona que un hombre no esté capacitado por el mero hecho de serlo".

Los datos respaldan que la integración de la mujer en el mundo cofrade se ha producido de manera sostenida. Un estudio de la Universidad Pablo de Olavide publicado este mismo mes de marzo detecta ya un "proceso de feminización" en la base social de las hermandades andaluzas: representan el 54,1% de quienes pertenecen o han pertenecido a una de ellas.

Sin embargo, el mismo informe advierte que esa mayor presencia "no implica igualdad plena en la participación ni en el acceso a los espacios de mayor visibilidad y responsabilidad".

En las cuadrillas, la transformación también avanza, y los datos lo demuestran. Una investigación realizada por los doctores en Psicología Rafael Moreno y María Jesús Cala documenta la existencia de 421 pasos con participación femenina distribuidos en 159 municipios españoles, el 61% de ellos en Andalucía.

Costaleras llevan la Imagen de Nuestra Señora de los Dolores, en la parroquia de San Raimundo de Peñafort, a 31 de marzo de 2023, en Madrid (España).

Costaleras llevan la Imagen de Nuestra Señora de los Dolores, en la parroquia de San Raimundo de Peñafort, a 31 de marzo de 2023, en Madrid (España). Fernando Sánchez Europa Press

De esos, 320 funcionan con cuadrillas mixtas que, en palabras de los propios capataces entrevistados, "no suponen ningún problema". El fenómeno, además, no es tan reciente como a veces se presenta: se remonta, al menos, a finales de los años 80, lo que convierte a las costaleras en una realidad con casi cuatro décadas de historia.

También cabe destacar que existe justo lo contrario: procesiones portadas exclusivamente por mujeres. En muchos de estos casos, su incorporación no nació de una reivindicación sino de una necesidad práctica: el declive progresivo en el número de hombres disponibles abrió una puerta que la tradición mantenía cerrada.

En Zaragoza, por ejemplo, una congregación femenina lleva saliendo a la calle desde 1866, vestidas de luto y con el rosario en la mano, acompañando a la Virgen de la Soledad. A más de 500 kilómetros, en Salamanca, varios pasos —entre ellos el de la Virgen de la Amargura— los llevan solo y exclusivamente ellas.

En León ocurre lo mismo con la Cofradía de María del Dulce Nombre, que cuenta con 1.300 participantes. Y en Gran Canaria, 24 costaleras cargan el Cristo de la Buena Muerte, un trono de 800 kilos. Algunas son hijas o nietas de españolas que, décadas antes, salían con el capirote puesto desde casa para que nadie las reconociera.

Tradición o modernidad

Volviendo a Sagunto, la Semana Santa de este año está marcada por la tensión, pero los dos centenares de personas que se concentraron el Martes Santo frente a la ermita se sentían más respaldadas que nunca. "Incluso una hermandad de Teruel nos ha propuesto procesionar con ellos; hemos recibido mensajes muy bonitos", dice Ribelles.

Sin embargo, son escépticas sobre la posibilidad de que el cambio venga desde dentro. "Soy positiva, pero ya no sé qué va a pasar. Después de los últimos acontecimientos, dudo de que la iniciativa salga de la propia cofradía. Me da mucha pena que en esta última consulta hayan salido más votos en contra de nuestra inclusión que en la anterior", reconoce.

Entre los argumentos que circulan en el seno de los contrarios al cambio figura uno muy concreto: la lista de espera para acceder a la mayoralía anual, que se extiende ya de manera no oficial hasta 2063. El temor es que la entrada de las mujeres altere ese orden. "Eso es una tontería, porque cualquier modificación tiene que ser votada en asamblea", zanja.

La protesta también ha resonado a pie de calle. Esta semana, dos jóvenes artistas, Rocío y María, empapelaron los muros de Sagunto con el lema 'Sin santas no hay Semana Santa' y publicaron imágenes intervenidas en las que eliminaban digitalmente la figura de la Virgen de los pasos, dejándolos prácticamente vacíos.

En una de las composiciones, reescribieron un versículo del Evangelio: donde dice "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen", pusieron "Madre, perdónalos porque no saben lo que hacen". El objetivo de estas era reivindicar, basándose en la misma norma que acepta sólo a varones, lo que ocurriría si las cofradías no contasen con mujeres.

Desde Semana Santa Inclusiva reconocen que habrían preferido que el cambio naciera desde dentro, mientras que el Gobierno, al margen de haber comenzado los trámites para revocar la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional y llevar el caso a la Fiscalía, estudia recurrir los estatutos de la cofradía en el Registro de Entidades Religiosas.

Redondo ha subrayado que "el derecho a la igualdad es un límite a cualquier derecho organizativo" y que "cabe la organización interna, pero no la discriminación cuando esta influye en el ámbito público". Por otro lado, el silencio del Arzobispado de Valencia en todo este proceso resulta llamativo, a la luz de lo que establece el ordenamiento canónico.

Este, reformado en 1983, define las cofradías como asociaciones públicas de fieles sin distinción de sexo y somete sus estatutos a la vigilancia de la autoridad eclesiástica, que está obligada a velar por que se redacten teniendo en cuenta la necesidad o conveniencia del tiempo y del lugar.

"Hemos destapado la olla de la igualdad", dice Ribelles, agradecida por la atención recibida en las últimas semanas. "Se han puesto sobre la mesa situaciones de exclusión que se estaban viviendo en silencio. No son temas privados de Sagunto; es algo que nos afecta a todos como sociedad", concluye.