Imagen de archivo de una manifestación del 8-M.

Imagen de archivo de una manifestación del 8-M. EFE

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La 'ola morada' tropieza con la polarización: por qué un 12% de jóvenes ha dejado de llamarse feminista en sólo cuatro años

El porcentaje de quienes se identifican con el movimiento descendió de casi el 50% en 2021 al 38% en 2025, según el último barómetro publicado al respecto.

Más información: Políticas públicas, educación y 'tolerancia cero' a la violencia: la hoja de ruta para cerrar la brecha de género en la región

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Las nuevas generaciones españolas parecen seguir creyendo en la igualdad, pero cada vez les incomoda más llamarse feministas. Esa es la paradoja que dibuja el Barómetro Juventud y Género 2025 de Fad Juventud: los principios del movimiento han calado, pero la etiqueta se ha convertido en un terreno minado, atravesado por la fatiga y los discursos reaccionarios.

El informe, que ve la luz esta semana, muestra cómo, mientras se consolida un suelo igualitario en el que la mayoría de chicos y chicas consideran grave la violencia y respaldan avances legales que protejan a colectivos LGTBI+, también se extienden marcos que presentan el concepto como exagerado, injusto o incluso como un arma de manipulación política.

El resultado no es tanto un retroceso tajante y uniforme como una juventud partida en dos narrativas opuestas sobre qué ha sido y qué significa hoy la lucha por la paridad, cuyo 'sentir' entre las nuevas generaciones queda reflejado en el Barómetro que se realiza de forma bienal desde el año 2017.

Los primeros cortes captan el ascenso del ciclo 8M: en 2017, un 34% de jóvenes se definía como feminista; en 2019, esa proporción rozaba ya el 50%, superando por primera vez al grupo que rechazaba la etiqueta. En 2021, las cifras se estabilizaron en torno a ese techo, coincidiendo con la institucionalización de muchas demandas.

Leyes de igualdad, debates sobre consentimiento, campañas masivas contra la violencia... Es precisamente en ese contexto y a partir de 2023, cuando el gráfico se dobla hacia abajo. El porcentaje bajó al 41,8% y dos años después al 38,4%, mientras el bloque de quienes no se identifican como tales vuelve a ser mayoritario.

Paralelamente, crece de forma sostenida el grupo del 'no sabe/no contesta': del 9,7% en 2019 al 15,5% en 2025, un salto de casi seis puntos que sugiere no solamente rechazo, sino también desorientación e incertidumbre respecto a un término que, coinciden los expertos consultados en este reportaje, ha sido "castigado" por la polarización.

El propio informe de Fad Juventud ofrece algunas claves contextuales para entender ese giro. Entre 2017 y 2021, la extensión del #MeToo, las huelgas del 8 de marzo y casos paradigmáticos de violencia sexual colocaron la agenda de género en el centro del debate público y normalizaron las reivindicaciones de igualdad en la juventud.

En cambio, la identificación del 8M de 2020 con la crisis sanitaria, el desgaste de algunas leyes impulsadas desde el feminismo institucional y la intensificación de discursos negacionistas habrían contribuido a erosionar ese consenso inicial, según se extrae del documento en cuya elaboración ha participado el investigador Roberto Sánchez.

Manifestación del 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, de 2023.

Manifestación del 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, de 2023. Juan Carlos Hidalgo EFE

"Lo primero es asumir el dato: ha bajado la proporción de personas que se identifican como tales", admite el profesional del Centro Reina Sofía de Fad Juventud, si bien "a partir de ahí hay que reflexionar, porque lo que vemos no es una disrupción, sino una ambivalencia: hay menos que se ponen la etiqueta, pero las visiones igualitarias de la pareja han crecido".

En su lectura, el Barómetro confirma dos cosas a la vez. Por un lado, que el movimiento "ha dado sus frutos" y ha calado en los imaginarios colectivos, dejando instalados principios de corresponsabilidad y autonomía que hoy están interiorizados entre jóvenes y adultos. Por otro, que ha cobrado fuerza a escala global la visión de que la 'marea morada' ha ido demasiado lejos.

Esa tensión, provocada por la sensación de parte de los encuestados de que el feminismo ha querido hacer un ambiente tan igualitario para las mujeres que ahora discrimina a los hombres, hasta convertirse en un arma de manipulación —cerca del 49,2% comparte esta percepción—, recorre buena parte del informe.

Un ejemplo de ello: mientras el 67,7% de la juventud cree que la violencia de género es un problema social muy grave, la mitad está de acuerdo con que los hombres están desprotegidos ante las denuncias falsas y un 44,6% cree que se ha perdido la presunción de inocencia para ellos.

"Hay una polarización muy clara" subraya Sánchez. Y observa que "las mujeres adoptan posturas mucho más progresistas e igualitarias que los hombres en la mayoría de las cuestiones; en la percepción de la violencia, ellas están entre 10 y 30 puntos por encima porque la viven, porque tienen herramientas de sensibilidad desarrolladas con los años".

El investigador pide, en todo caso, no leer los datos en clave apocalíptica: "No hay que ser alarmistas”, dice. Recuerda que el apoyo aumenta con la edad: "La franja donde más feministas hay es entre 30 y 40 años, justo la generación que más se movilizó en el ciclo 2017–2021", mientras que los adolescentes de 15 a 19 son más volátiles.

Silvia Claveria, politóloga y experta en Estudios de Género, apunta sobre esa variable: "No es algo nuevo: a esas edades, muchos aún no tienen una conceptualización clara del término ni han experimentado ámbitos donde las brechas son más visibles, como el mercado laboral o las tareas domésticas. Esta percepción aumenta con la edad por la experiencia vital".

Al ser consultada sobre su lectura del informe, destaca que la caída del sentir feminista tiene que ver con un proceso de politización del propio concepto. "Siempre ha sido un término controvertido, pero en los últimos años, con el auge de partidos de extrema derecha y discursos que cuestionan abiertamente la agenda de igualdad, se ha intensificado", dice.

A su juicio, el movimiento genera rechazo en ciertos sectores, algo que avalan investigaciones como la que ella misma elaboró junto al también politólogo Pablo Simón y otros expertos hace seis años: el informe Juventud en España 2020. "A una parte de la muestra le preguntamos si se consideraba feminista y a otra hasta qué punto apoyaba la igualdad", recuerda.

"La diferencia fue clara: el apoyo a lo segundo era más de 10 puntos superior a la identificación como feminista. Teóricamente, ambos conceptos remiten a lo mismo, pero el término está mucho más politizado", recuerda la politóloga, quien conecta la brecha con el auge de los discursos reaccionarios y la 'manosfera' en redes.

"Estos discursos han ganado legitimidad y altavoces públicos", señala, y destaca que estudios como Sexism and the Far-Right Vote: The Individual Dynamics of Gender Backlash (Anduiza y Rico, 2022) muestran que el sexismo y las actitudes en cuestiones de género pueden activarse o desactivarse en función del contexto político.

Claveria se detiene también en la letra pequeña. Cuando la encuesta consulta si "el feminismo actual" es una forma de manipulación, advierte, hay que matizar. "La etiqueta 'actual' puede activar vínculos partidistas y sesgar las respuestas", explica. De ahí que insista en distinguir entre la percepción del movimiento como ideología y su asociación con actores concretos.

La ministra de Igualdad, Ana Redondo, en el Congreso de los Diputados.

La ministra de Igualdad, Ana Redondo, en el Congreso de los Diputados. Europa Press

La dimensión ideológica aparece en otro posible ángulo ciego del Barómetro. "Sería interesante desagregar los resultados. En los últimos años se ha producido cierta 'derechización' entre parte de la juventud, lo que podría ayudar a explicar una creciente desidentificación, especialmente tras el ciclo de movilización de 2018".

Para el sociólogo Álvaro Soler, lo que está ocurriendo en la juventud no puede entenderse al margen de un contexto global de crisis de modelo. "Hay una tendencia de partidos reaccionarios y una de sus puntas de lanza ha sido el discurso antifeminista", señala, situando a España en un mapa más amplio donde las corrientes se retroalimentan con lo que viven otros países.

Este recuerda que internet arrancó como un espacio democratizador, clave para articular movimientos como el 15M, pero hoy está dominado por grandes plataformas tecnológicas que concentran prácticamente toda la comunicación a nivel mundial. "Construimos grandes monopolios mediáticos dentro del ciberespacio", resume.

Empresas y algoritmos que deciden qué contenidos se viralizan y qué relatos quedan en la sombra. En ese ecosistema, las narrativas anti —desde la 'manosfera' a determinados influencers y gurús de la nueva masculinidad a emular— encuentran una autopista directa hacia los nativos digitales.

Preguntado por los riesgos de futuro, Soler advierte de que estos jóvenes que hoy consumen contenidos que presentan el feminismo como arma de manipulación serán mañana votantes, cargos y diseñadores de políticas públicas. La polarización podría traducirse, a medio plazo, en una mayor inestabilidad institucional y en retrocesos bruscos en materia de igualdad.

Frente a ese escenario, el sociólogo sugiere pensar el movimiento no sólo como algo sectorial, sino como parte de un proyecto más amplio de democratización y redistribución, capaz de conectar con "las crisis ecológicas, económicas o del Estado del bienestar" que atraviesan a las nuevas generaciones.

La lectura que trae 2026

El desgaste de la etiqueta convive con un panorama de violencia que no remite. En 2025, 48 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas en España y se confirmaron tres crímenes vicarios, según el balance del año. En 2026, el arranque ha sido más duro: a 26 de febrero se cuentan al menos 10 mujeres y dos menores asesinados.

En seis casos hubo denuncias previas, lo que ha reabierto el debate sobre los fallos del sistema de protección. A esto se suma un aumento de los hábitos de control que retrata el Barómetro: entre 2019 y 2025, aumentaron en casi un 7% los jóvenes que han sufrido o ejercido conductas como revisar el móvil, exigir respuestas inmediatas o controlar la ubicación.

"Llama soberanamente la atención que hayan aumentado tanto estas manifestaciones de la violencia", admite Sánchez, que las vincula con una generación que "tiene muy interiorizada" la vida digital.

Imagen de archivo de una mujer mirando su teléfono.

Imagen de archivo de una mujer mirando su teléfono. Freepik

El contraste se agrava si se mira fuera: el país asiste a casos como el del ex número uno de la Policía Nacional investigado por presuntamente violar a una agente, la publicación de nuevos documentos del caso Epstein o las memorias de mujeres como Gisèle Pelicot, que visibilizan experiencias de violencia sexual que no entienden de fronteras.

Mientras tanto, una parte de los chicos afirma que las políticas de igualdad les perjudican y que se ha ido demasiado lejos, en plena escalada de casos. En este sentido, otra encuesta de SocioMétrica para Magas con motivo del 25N de 2025 ya mostraba que casi el 60% de los jóvenes aseguraban haber presenciado algún acto de violencia machista.

Sin embargo, sólo un 17,9% de las mujeres y un 11,1% de los hombres creían haberla sufrido alguna vez, y un 42,9% consideraba que la violencia en pareja se ejerce por igual entre ambos sexos. Tres meses tras su publicación, el Barómetro de Fad Juventud confirma que esa discusión sobre simetría o desigualdad sigue abierta.

También el 8M refleja ese momento ambiguo. En 2025, la manifestación de Madrid reunió a decenas de miles de personas, pero con cifras inferiores a las mareas de años anteriores. Varios medios hablaron de 'pinchazos' condicionados por el mal tiempo, pero, pese al temporal, por todo el país se organizaron marchas multitudinarias en apoyo al lema de 'ni una menos'.

De cara a 2026, la Comisión 8M adelanta que la marcha de Madrid volverá a tener un marcado carácter antifascista. Saldrá a las 12:00 horas desde Atocha y llegará hasta el metro de Sevilla, en una convocatoria enmarcada "en un contexto de respuesta global por los derechos y libertades desde múltiples territorios", con especial foco en Palestina.

En paralelo, el Movimiento Feminista marchará ese mismo día y justamente a la misma hora, desde Cibeles hasta Plaza de España con el lema 'Frente a la barbarie patriarcal, feminismo internacionalista. Ni veladas, ni explotadas, ni prostituidas', con una agenda abolicionista y de denuncia de las distintas formas de explotación y control sobre las mujeres.

Más allá de la capital, colectivos de las principales ciudades —de Barcelona a Valencia, Sevilla, Bilbao o Zaragoza— preparan también manifestaciones y actos durante toda la jornada del 8M, que volverá a concentrar el grueso de las movilizaciones del año en todo el territorio estatal.