Señora saludando en el aeropuerto

Señora saludando en el aeropuerto IStock

Mujer

Kandy García, la jubilada que recorre el mundo a los 91 años: "Nunca facturo, como en la calle y uso el transporte público"

Esta aventurera asegura que "no tiene tiempo para envejecer" mientras planea su siguiente viaje fuera de España.

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Mientras muchas personas imaginan la jubilación como una etapa de descanso y rutina, Kandy García, una española que decidió convertirla en el comienzo de la mayor aventura de su vida.

A sus 91 años, esta vasca afincada durante décadas en Granada ha recorrido más de 70 países, viaja sola por el mundo y sigue organizando nuevas escapadas con la misma ilusión que el primer día.

Conocida en redes sociales como "Abuelita Mochilera", acumula miles de seguidores que siguen sus peripecias por Asia, América Latina o Europa.

Sin embargo, detrás de esa popularidad hay una filosofía de vida sencilla: viajar con poco equipaje, gastar lo necesario y aprovechar cada experiencia al máximo.

"Prefiero cansarme que oxidarme", resume con una sonrisa una mujer que asegura tener tantos planes pendientes que ni siquiera encuentra tiempo para pensar en la edad.

Qué cambió su vida

Kandy siempre tuvo claro que, cuando terminara su etapa profesional, cumpliría un sueño que llevaba décadas guardando: dar la vuelta al mundo.

Tras estudiar Derecho a los 30 años y ejercer como abogada durante buena parte de su vida, decidió que había llegado el momento de cambiar los juzgados por los aeropuertos.

"Me prometí que cuando me jubilara viajaría por todo el mundo. No sabía exactamente cómo hacerlo, pero apareció delante de mí una oportunidad para comprar un billete de vuelta al mundo y no lo dudé", recuerda.

Comenzó su aventura en Argentina y regresó meses después desde la India. Lo que inicialmente iba a ser un gran viaje terminó convirtiéndose en un estilo de vida. Desde entonces ha visitado más de setenta países y ha pasado cerca de un tercio de su vida explorando nuevos destinos.

Siempre viaja sola

"Aunque viajes sola, nunca vas sola. Siempre aparecen personas maravillosas por el camino. He hecho amistades en todos los continentes", explica.

Su historia empezó a llamar la atención mucho antes de la llegada de las redes sociales. Los periódicos se interesaban por aquella jubilada que recorría el mundo con una mochila al hombro mientras compartía habitación con jóvenes mochileros de veinte años.

A diferencia de muchos viajeros que buscan hoteles exclusivos o experiencias de lujo, Kandy apuesta por una forma de viajar sencilla y cercana. Su equipaje nunca supera los cinco kilos.

"Nunca facturo. Aprendí que no debes cargar más del 10% de tu peso corporal. Además, al final del día lavo yo misma la ropa y vuelvo a utilizarla", cuenta.

La comodidad, asegura, no depende del tamaño de la maleta. "¿Qué más da repetir vestido en las fotos? Esto no es un desfile de modelos", bromea.

Tampoco utiliza transportes privados siempre que puede evitarlos. Su forma favorita de descubrir un destino es moverse como lo hacen sus habitantes. "Uso el transporte público de cada lugar porque es la mejor forma de conocer cómo vive la gente", afirma.

La misma filosofía aplica a la gastronomía. "Para saborear la comida local, como en la calle. Quien quiera ir a restaurantes con estrellas Michelin que vaya. Yo prefiero probar lo que comen los vecinos del lugar", explica.

Viajar o hacer turismo

"Ser mochilero es una actitud. Significa adaptarte a lo que venga. Si la cama del hostal no es cómoda, pues duermes en el suelo. Lo importante es disfrutar del camino".

Esa capacidad de adaptación le ha permitido convivir con comunidades indígenas, alojarse en pequeños pueblos remotos y descubrir rincones que rara vez aparecen en las guías de viaje. "La vida empieza cuando te jubilas", asegura.

Con el paso de los años, Kandy no solo ha seguido viajando, sino que también ha animado a otras mujeres mayores a hacerlo. Desde los 80 años organiza escapadas para grupos de mujeres que desean lanzarse a la aventura pero no se atreven a hacerlo solas.

Según cuenta, algunas experiencias han sido profundamente transformadoras. Por eso insiste en que la jubilación puede convertirse en una de las etapas más enriquecedoras de la vida.

"Cuando trabajas vives pendiente del reloj. Todo son horarios, obligaciones y prisas. Ahora tengo tiempo para hacer lo que realmente me apetece", reflexiona.

Lejos de acumular objetos materiales, asegura que los viajes le han enseñado a valorar otras cosas. "He aprendido que vivimos en una sociedad donde siempre queremos más. Antes también me pasaba. Ahora prefiero llenar mi pasaporte de sellos antes que mi joyero".

Mientras tanto, aprovecha los meses de verano para ordenar recuerdos, escribir sus diarios de viaje y trabajar en un libro sobre todas las experiencias acumuladas durante décadas de mochilera. "Tengo tantas cosas que hacer que no me da tiempo a envejecer", asegura.