Santuario de la Mare de Déu de Montserrat.

Santuario de la Mare de Déu de Montserrat.

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Confirmado: parece la Sagrada Familia, pero este santuario oculto en un entorno único fue obra de un discípulo de Gaudí

Esta joya modernista escondida en España es uno de los destinos más sorprendentes para una escapada con encanto, entre viñedos y naturaleza.

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Rodeada de viñedos infinitos y envuelta en la calma de un paisaje que invita a bajar el ritmo, Montferri guarda uno de esos secretos que parecen detenidos en el tiempo.

Es en este pequeño y curioso pueblo de la comarca de Tarragona, donde la naturaleza y la tradición conviven en perfecta armonía y donde emerge una construcción inesperada que sorprende al viajero desde la distancia.

Elevado sobre un promontorio rocoso a unos 300 metros del casco urbano, este templo modernista no solo domina el paisaje, sino que lo transforma. Se trata del Santuario de Montserrat de Montferri.

Sin embargo, hay quienes al contemplarlo por primera vez, no pueden evitar recordar las formas orgánicas y soñadoras de la Sagrada Familia de Gaudí. Y no es casualidad. Su creador, el arquitecto catalán Josep Maria Jujol —discípulo aventajado del genio—, concibió esta obra como un homenaje a la espiritualidad y a la tierra que la rodea.

Construido a partir de 1925 con la ayuda de los propios labradores de la zona, este santuario y joya modernista es mucho más que un edificio. Sus cúpulas redondeadas, que parecen surgir de la roca como si siempre hubieran estado allí, evocan la inconfundible silueta de la montaña de Montserrat.

Historia del Santuario de Montserrat de Montferri

Pero para entender el origen de este singular santuario hay que viajar atrás en el tiempo, hasta finales del siglo XIX. Por entonces, los vecinos de Montferri y de otras localidades cercanas compartían una tradición profundamente arraigada. Tras la vendimia, cuando el esfuerzo del campo daba sus frutos, emprendían una peregrinación hasta el monasterio de Montserrat, en Barcelona.

Cada mes de octubre recorrían los cerca de 75 kilómetros que los separaban de la montaña para agradecer a la Virgen (la “Moreneta”) las cosechas recibidas. Durante años, esta costumbre se mantuvo intacta, como tantas otras tradiciones rurales. Sin embargo, todo cambió con Daniel Vives, jesuita nacido en el propio Montferri.

Iglesia de la Mare de Déu de Montserrat de Montferri.

Iglesia de la Mare de Déu de Montserrat de Montferri.

Y es que, se preguntó por qué no acercar ese lugar de devoción a quienes, año tras año, realizaban el largo desplazamiento. Su familia poseía una pequeña colina en el municipio, un enclave privilegiado que pronto empezó a perfilarse como el escenario perfecto para levantar un santuario dedicado a la Virgen.

El proyecto, además, contaba con un aliado inesperado y decisivo. Josep Maria Jujol, primo de Vives, arquitecto y discípulo de Gaudí que aceptó dar forma a la idea. Los trabajos arrancaron el 15 de noviembre de 1925. Vecinos y agricultores se implicaron de manera altruista en la construcción, convirtiendo el santuario en un auténtico proyecto comunitario.

Pero el impulso inicial no fue suficiente para sortear las dificultades: la falta de recursos obligó a paralizar las obras y poco después, el estallido de la Guerra Civil terminó de frenar cualquier avance.

Hubo que esperar décadas para que aquel sueño inacabado volviera a cobrar vida. No fue hasta 1989 cuando se retomaron los trabajos, esta vez con la determinación de concluir lo que generaciones anteriores habían iniciado.

Diez años más tarde, el santuario abría por fin sus puertas. Habían pasado 74 años desde la colocación de la primera piedra. Casi un siglo de historia condensado en una obra que hoy sigue sorprendiendo a quienes la descubren.

Qué ver cerca del Santuario

Tras empaparse de la historia y la singular belleza del santuario, el viaje no termina ahí, sino que invita a seguir explorando con calma los alrededores. A apenas medio kilómetro se encuentra el propio Montferri, un pequeño núcleo que concentra la esencia de la escapada y que se recorre sin prisas, dejándose llevar por su atmósfera tranquila y auténtica.

Fuera del casco urbano, uno de los puntos más interesantes es el Castillo de Rocamora, una construcción con raíces que se remontan al siglo XI y que en su origen tuvo un marcado carácter defensivo en la zona del río Gaià.

Tras años de abandono y deterioro, este enclave histórico fue recuperado por iniciativa privada y hoy ha encontrado una segunda vida como restaurante. Es especialmente conocido por sus calçotadas, por lo que visitarlo en temporada puede convertirse en el complemento perfecto.

Para quienes deseen ampliar la ruta, los alrededores ofrecen pequeñas joyas que bien merecen una parada. Localidades como Valls (considerada una de las más bonitas de la provincia), El Pla de Santa María o Puigpelat permiten descubrir otros rincones con historia y tradición.

De vuelta en Montferri, el paseo por su casco antiguo se convierte en una experiencia en sí misma. Calles empedradas, construcciones tradicionales y una sensación de calma que invita a detenerse sin rumbo fijo.

En el pueblo sobreviven también bodegas familiares que mantienen viva la tradición vinícola de la zona, con cavas y productos locales. Algunas de ellas incluso ofrecen visitas guiadas, una oportunidad perfecta para conocer de cerca el proceso y el carácter de estos vinos.

Entre viñedos, historia y arquitectura única, este rincón de Tarragona ofrece una escapada diferente, tranquila y auténtica, perfecta para quienes buscan un viaje sin prisas, donde reconectar con el paisaje, la cultura y el placer de descubrir lugares aún poco conocidos.