Una pequeña Angelica con mi gato Nick, encima de la mesa.

Una pequeña Angelica con mi gato Nick, encima de la mesa. Archivo redacción

Mascotario

Los veterinarios coinciden: los gatos naranjas son cariñosos, torpes, bastante altivos y el 80% son machos

Te desvelamos la fascinante genética tras estos felinos de pelaje anaranjado: singularidad, mitos y el enigma de sus rayas

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Convivir con un felino de tono cobrizo equivale a disponer de un protector devoto que vela por tu sosiego, a la par que de un ser distante que te observa con cierta altivez desde las alturas. Un contraste de matices permanente.

Quienes hemos compartido hogar con uno de ellos comprendemos bien que su temperamento no destaca por la simplicidad. Multitud de cuidadores coinciden en que los felinos naranjas (o gingers) acostumbran a manifestar una naturaleza más afectuosa y demandante de mimos, destacando además por su faceta abierta, incluso ante desconocidos.

En ocasiones resultan algo patosos o cómicos en su desenvolverse, luciendo una actitud más apacible o bonachona en comparación con ejemplares de otras pigmentaciones.

Esta serie de apreciaciones ha contribuido a cimentar una suerte de creencia popular en torno al gato anaranjado afable, una imagen consolidada por iconos como Garfield, el Gato con Botas o Croqueta, que encarnan precisamente ese perfil.

Constituyen una de las variedades estéticas más singulares y jamás pasan desapercibidos. Debido a ello, resulta oportuno desglosar las particularidades que rodean a estos felinos rojizos.

Un factor genético singular

A lo largo de décadas, la comunidad científica era consciente de que la tonalidad anaranjada en los felinos dependía de una secuencia localizada en el cromosoma X, si bien se desconocía con exactitud la identidad del componente responsable y su mecanismo de acción.

Recientemente, dos grupos de investigación —uno ubicado en Estados Unidos y otro en Japón— han logrado desentrañar la incógnita.

Liderados por el especialista en genética Christopher Kaelin y el académico Hiroyuki Sasaki, descubrieron que el elemento determinante se denomina gen ARHGAP36. A raíz de una ligera variación, en lugar de sintetizar pigmentación oscura, dichas estructuras celulares generan matices anaranjados.

¿Por qué prevalecen los machos?

Dado que esta secuencia se ubica en el cromosoma X, su manifestación difiere entre ejemplares masculinos y femeninos. Los machos, al disponer de un único cromosoma de esta tipología, lucirán un manto íntegramente anaranjado si reciben dicha alteración.

Las hembras, dotadas de dos cromosomas X, precisan heredar la modificación de ambos progenitores para que su manto adopte esa tonalidad de forma homogénea. Una coincidencia estadística sensiblemente menos habitual.

Si únicamente reciben la variante por una de las vías, desarrollan el característico manto tricolor (naranja, negro y blanco), debido a que en ciertas células se expresa un cromosoma X y en otras el alternativo. Este proceso se conoce clínicamente como inactivación del cromosoma X.

Por esta razón biológica, aproximadamente el 80% de los ejemplares anaranjados son machos, convirtiendo a las hembras de pelaje rojizo uniforme en una rareza.

Es de esta misma alteración de donde emergen las gatas de patrón tricolor o calicó. Cuando las hembras reciben la variación únicamente en uno de sus cromosomas X, su organismo se articula como un mosaico genético.

Determinadas áreas quedan teñidas de naranja mientras otras no. El manto se combina con manchas oscuras y, de intervenir un tercer factor genético, se añaden superficies blancas.

La omnipresencia del dibujo atigrado

¿A qué responde que prácticamente la totalidad de los gatos anaranjados exhiban un patrón atigrado? El motivo reside en la interacción entre dos componentes hereditarios. El gen Orange (O) es el encargado de transformar el pigmento oscuro en tonos rojizos. Si el animal presenta esta secuencia activa, su manto lucirá matices cobrizos.

El gen Tabby (T) es el que determina la presencia de franjas o motas en la piel, fijando si el animal luce un acabado atigrado. Este dibujo puede adoptar diversas manifestaciones: líneas paralelas, espirales o manchas discontinuas.

Lo que sucede es que el gen Orange carece de la capacidad de enmascarar el patrón atigrado. A diferencia de lo que ocurre con otras tonalidades, la pigmentación anaranjada no puede ocultar la presencia del gen Tabby.

Por ello, todo felino de esta tonalidad evidencia algún tipo de dibujo veteado. Incluso en aquellos casos donde con otra pigmentación el manto luciría liso, la tonalidad cobriza revela inevitablemente las franjas, aunque sea de forma atenuada.

Casi todos los ejemplares de este color son atigrados porque el factor Orange permite vislumbrar el patrón del gen Tabby. Es la causa por la cual resulta casi imposible observar un felino naranja de manto absolutamente uniforme.

Nuevas perspectivas

La hipótesis de que el color del pelaje condiciona la conducta felina goza de amplio arraigo; aunque abundan los testimonios de cuidadores que respaldan esta percepción, la ciencia aún no ha hallado una vinculación directa y categórica.

De hecho, la alteración genética actúa exclusivamente sobre las células cutáneas, sin incidir en la estructura cerebral ni en otros sistemas orgánicos. Con todo, es posible que no se trate de una simple apreciación subjetiva. No obstante, como en todo lo relativo al comportamiento animal, el carácter depende de múltiples variables y cada felino representa un caso único.

Este hallazgo resuelve un enigmático dilema genético con más de un siglo de antigüedad. Y no solo permite comprender el origen de los gatos anaranjados, sino que nos invita a profundizar en el conocimiento de su naturaleza.