Evita exponer a tu perro a situaciones que les puedan incomodar.

Evita exponer a tu perro a situaciones que les puedan incomodar. Cristina Villarino

Mascotario

Los veterinarios coinciden: "Obligar a tu perro a saludar a todo el mundo puede generar estrés y malestar"

Forzar a una mascota a interactuar cuando muestra señales de incomodidad, como bostezos o rigidez corporal, puede elevar su estrés.

Más información: Los veterinarios lo tienen claro: "Para ganarte el amor de un gato tienes que aprender a ignorarlo y respetar su espacio"

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La idea de que un perro educado debe ser exuberante y dejarse acariciar por cualquier desconocido en la calle es un mito tan extendido como perjudicial para el bienestar animal.

Al igual que las personas, cada perro posee una personalidad única, y forzarlos a interactuar en contra de su voluntad puede desencadenar episodios severos de estrés o problemas de conducta a largo plazo.

No todos los canes disfrutan por igual del contacto con extraños. Mientras algunos corren entusiasmados hacia cualquier transeúnte, otros prefieren observar la situación desde la distancia o, simplemente, ignorar a quienes los rodean.

Tal como destacan los especialistas en comportamiento canino: "si tu perro no quiere saludar a todo el mundo no significa que sea maleducado quizás solo está pidiendo espacio".

Hay perros que se acercan felices a cualquier persona y hay otros que prefieren observar, mantener distancia o evitar el contacto con desconocidos. Esto puede incomodar a algunos tutores, sobre todo cuando alguien intenta acariciarlo y el perro no responde como se espera.

Sin embargo, obligarlo a saludar no siempre es buena idea. Cada perro tiene su propio carácter, algunos son muy sociables, otros son más reservados y otros necesitan más tiempo para confiar.

"Que un perro no quiera saludar a cualquiera no lo convierte en un perro agresivo ni maleducado, simplemente puede estar marcando sus límites".

El lenguaje sutil del estrés

Antes de que un perro recurra al gruñido o al ladrido para pedir espacio, emite una serie de señales corporales sutiles que suelen pasar desapercibidas para la mayoría de los tutores.

Los expertos recuerdan la importancia de estar atentos a esta comunicación no verbal: "antes de insistir observa cómo se comunica: si gira la cabeza, se aparta, baja la cola, se queda rígido, se esconde detrás de ti, se lame el hocico, bosteza o evita la mirada".

Como señalan los expertos, el animal puede estar diciendo que no se siente cómodo. Estas señales suelen aparecer antes de ladridos, gruñidos o intentos de huida.

"Forzar a un perro a saludar puede aumentar su estrés o puede hacer que aprenda que sus señales no sirven y que tenga que reaccionar con más intensidad para que lo dejen en paz. Por eso, si tu perro no quiere acercarse respeta su distancia, no pasa nada por decir 'Mejor no lo acaricies ahora'".

Errores comunes en la interacción

En muchas ocasiones, la incomodidad del perro no proviene de la persona en sí, sino de la forma en que esta se aproxima a él. Acercamientos invasivos o gestos muy efusivos son percibidos como amenazas directas.

Según detallan los educadores: "a veces el problema no es la persona, sino cómo se acerca. Mirarlo fijamente, inclinarse encima, tocarle la cabeza, hablarle muy fuerte o invadir su espacio puede resultar intimidante para muchos animales".

De hecho, lo mejor es acercarse de lado sin presión dejando que sea el perro quien decida si quiere interactuar. Los animales pueden vivir sustos por manipulaciones bruscas o encuentros incómodos y, por eso, pueden mostrarse más prudentes.

Acompañar sin forzar

Aprender a gestionar estas situaciones implica dar al perro la seguridad necesaria para que pueda desenvolverse sin angustia. La clave radica en respetar sus tiempos y buscar ayuda cualificada si el temor condiciona su día a día.

Los profesionales aconsejan: "Ayúdalo creando encuentros tranquilos y sin presión. Premia la calma, mantén distancia si lo necesita y evita exponerlo de golpe a muchas personas. La idea no es obligarlo a ser sociable, sino darle seguridad para que pueda gestionar mejor esas situaciones".

Si tu perro tiene miedo intenso, ladra, gruñe, intenta morder o cada vez tolera peor la presencia de personas conviene pedir ayuda profesional, de un veterinario especializado en comportamiento o un educador canino que trabaje en positivo.

Respetar las decisiones de tu compañero canino fortalece el vínculo afectivo y le demuestra que eres un referente de protección en el que siempre puede confiar.