Un perro y un gato encima de una alfombra.

Un perro y un gato encima de una alfombra. istock

Mascotario

Los expertos coinciden: el 82% de los españoles considera a su perro un miembro más de la familia y lo incluye en las fotos

El último Barómetro de la Fundación Affinity confirma que la integración cotidiana de los animales refleja la evolución del propio concepto de familia.

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Angelica Rimini
Publicada

La estampa de la foto familiar en España ha cambiado drásticamente de encuadre. Lo que antes era una simple anécdota o un posado ocasional se ha convertido en la norma: hoy en día, el perro posa junto al resto de la familia como un miembro con pleno derecho.

Así lo revelan los datos del reciente Barómetro de los Petparents y Petfriendly en España, que certifican la consolidación de un fenómeno social sin retorno: el 83,2% de los españoles incluye a su perro al retratar momentos familiares importantes, y un 82% lo considera un miembro más de su núcleo familiar.

Un reflejo de la nueva estructura social

El hecho de que más de 8 de cada 10 personas sientan a su perro como parte indispensable del hogar no es casualidad, sino el reflejo de una transformación social profunda.

Los modelos de convivencia en España han mutado en las últimas décadas hacia hogares unipersonales, parejas sin hijos, familias reconstituidas y proyectos de vida muy diversos.

En este mapa cambiante, los afectos tejidos con las mascotas han ganado un peso determinante.

El perro ha dejado de ser aquel animal que simplemente "guardaba la casa" o hacía compañía de forma secundaria, para convertirse en una figura central en la toma de decisiones diarias, desde cómo se organiza el ocio del fin de semana hasta la planificación de las vacaciones.

"En los últimos años hemos visto cómo el concepto de familia se ha ido ampliando para dar cabida a nuevas formas de convivencia", explica Loreto Sánchez, psicóloga colaboradora de la Fundación Affinity.

"En ese contexto, para muchas personas su perro ya no es solo un animal de compañía, sino una figura significativa dentro de su vida familiar. Y eso se refleja en algo muy sencillo: empezamos a tenerlo en cuenta cuando organizamos nuestra vida".

Catalizadores sociales y bienestar emocional

Aparte del valor afectivo íntimo, la inclusión de los perros en el día a día genera un impacto muy positivo en el entorno. Desde la Fundación Affinity recuerdan que los animales de compañía actúan como auténticos catalizadores sociales.

Salir a pasear o integrar al perro en actividades cotidianas facilita la interacción espontánea con vecinos y otros tutores, reduciendo el aislamiento urbano y promoviendo que las personas se sientan más relajadas y conectadas.

Esta nueva empatía nace también de una mayor conciencia sobre el bienestar animal: la sociedad actual entiende a los perros como seres sintientes, con necesidades físicas y emocionales complejas, capaces de entablar vínculos recíprocos de enorme profundidad.

"Cada vez más hablamos de perros y gatos como animales de familia. La diferencia no es solo terminológica, sino que refleja un cambio profundo en nuestra manera de entender la relación con ellos", detalla el Dr. Jaume Fatjó, director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud en la Universitat Autònoma de Barcelona.

Integración con cabeza

Sin embargo, los expertos hacen un llamamiento a la prudencia: integrar al perro en la vida familiar no significa humanizarlo ni obligarlo a participar en todos los planes a los que acudimos.

Aunque para el perro acompañar a su grupo humano aporta seguridad, ejercicio y estimulación mental, no todos los entornos ni actividades son adecuados para todos los animales.

Lo que para una persona resulta una jornada festiva o divertida, para un perro sensible puede suponer una fuente de estrés e hiperestimulación. Por ello, la verdadera integración pasa por comprender la naturaleza canina y adaptar las actividades a sus necesidades individuales. Claves para una integración saludable:

  • Espacio y descanso: Garantizar que el perro disponga de un rincón propio y tranquilo donde descansar sin ser molestado.
  • Aprender su lenguaje: Saber identificar las señales corporales de calma o estrés para intervenir si el animal se siente incómodo.
  • Rutinas estables: Mantener momentos de certidumbre diaria en cuanto a paseos, alimentación y descanso.
  • Expectativas realistas: Aceptar que no siempre es necesario que nos acompañe a todos los sitios; su bienestar debe estar por encima del postureo o de la foto.

En definitiva, la incorporación del perro a la foto de familia es la cara visible de una transformación más profunda: una sociedad más empática que reconoce en sus animales a verdaderos compañeros de vida.