Un gato.

Un gato.

Mascotario

Los veterinarios coinciden: los gatos no calculan bien las distancias cuando su instinto se activa al ver un pájaro

Adaptar el entorno previene el estrés y enfermedades en los felinos y los propietarios demuestran que no hace falta taladrar paredes ni gastar una fortuna.

Más información: Los veterinarios coinciden: si alimentas a tu perro con buen pienso y le atiendes cuando tiene un problema, vivirá más

Publicada

Los expertos en comportamiento animal y los etólogos clínicos son claros: un gato que vive en el interior necesita un entorno enriquecido para estar física y mentalmente sano.

La teoría exige proporcionarles alturas, zonas de refugio y estimulación, un proceso conocido como "gatificación".

Pero, ¿cómo se traduce esto a la vida real? A través del análisis de Carlos, en su canal de Youtube Mascotas y Familias Felices, descubrimos cómo la ciencia felina se aplica de forma casera y económica gracias a la imaginación de cuidadores reales.

La necesidad clínica de las alturas (sin hacer agujeros)

"Los gatos perciben el mundo en tres dimensiones. Necesitan dominar el territorio desde lo alto para sentirse seguros, controlar su entorno y reducir sus niveles de cortisol", explica Carlos.

Sin embargo, muchas personas que viven de alquiler no pueden perforar las paredes.

Covadonga solucionó este obstáculo comprando estanterías metálicas económicas y sujetándolas a una puerta utilizando simples bridas. Forró las baldas con vinilo en forma de escalera y les añadió hamacas y cunas.

Por su parte, Dionisio optó por rascadores de columna que van de suelo a techo sujetos por presión. Tal y como aplauden los expertos, usando estos postes y los propios muebles, logró crear un gran circuito para que sus gatos se muevan por las alturas libremente y sin hacer obras.

Refugios contra la ansiedad y el estrés

Carlos advierte sobre la importancia de las zonas seguras: "Un gato sin opciones para esconderse o aislarse es muy propenso a sufrir problemas de comportamiento, ansiedad o enfermedades como la cistitis idiopática provocada por el estrés".

Además, los gatos sufren de FOMO (el miedo a perderse lo que ocurre en casa).

Paula Jiménez resolvió esto ubicando un árbol rascador junto a la mesa de oficina para que descansen junto a ella.

Para proteger los muebles sin regañar al animal, Paula tuvo la ingeniosa idea de reciclar un cesto de ropa flexible, poniéndole cartón en la base, para convertirlo en una cueva debajo del asiento, brindando ese refugio oscuro y cercano que la etología recomienda.

En espacios pequeños, dueñas como Mercedes aprovechan la parte alta de los armarios poniéndoles una simple mantita para que practiquen el juego de acecho.

Estimulación ambiental y los "Catios"

Los etólogos recuerdan que un hogar sin estímulos de caza fomenta la obesidad y la apatía.

Carlos valora muy positivamente las estrategias low-cost de dueños como Nicole, que mueve una silla a los lugares donde da el sol a lo largo del día y usa platos interactivos que esconden comida, rotándolos por temporadas para mantener el instinto de exploración.

Javier apostó por el reciclaje integrando en la pared una rama de árbol real forrada con cartón.

Cuando hay perros de por medio, el consejo veterinario es crear zonas exclusivas.

Marco y Sagra, que conviven con su perro Pike, instalaron vallas protectoras.

Su gran logro es un "Catio", un recinto exterior cerrado y seguro en el jardín con cajas nido colgadas fuera para atraer pájaros. "Poder observar a las presas de forma segura es un excelente enriquecimiento visual para ellos", apunta Carlos.

El 'Síndrome del gato paracaidista': la regla innegociable

Si bien el diseño del hogar admite creatividad, hay un punto donde Carlos y la comunidad veterinaria no admiten debate: la instalación de redes en ventanas y balcones.

Los veterinarios se enfrentan a diario al 'Síndrome del gato paracaidista', una de las principales causas de mortalidad.

"Los felinos no calculan bien las distancias cuando su instinto se activa al ver un pájaro o se asustan", recuerda el veterinario.

La historia de Pilar en el vídeo es el ejemplo perfecto: su gato Coco, de 19 años, cayó desde un piso 11 porque retiraron la red temporalmente por unas obras, al intentar saludar a la gata de la vecina.

Aunque Coco sobrevivió tras pasar por la UCI veterinaria, el mensaje de Carlos es tajante: la protección de las ventanas nunca es opcional. Hasta el gato más mayor o experimentado puede sufrir un accidente fatal si no se toman medidas.