La gata Rosi, en la clínica veterinaria.

La gata Rosi, en la clínica veterinaria.

Mascotario

Italia exige endurecer las leyes: la historia de la gata Rosi, víctima de un abuso sexual, sacude las calles de Roma

La capital italiana acogió una manifestación que pide justicia para Rosi, políticas más duras contra la violencia hacia los animales y que se depuren responsabilidades.

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Estaban volviendo a casa, Simona y su hijo, cuando empezaron a escuchar unos quejidos y lamentos ahogados que venían del jardín comunitario del edificio. No pudieron seguir adelante.

Al acercarse, encontraron a Rosi tirada en el suelo, agonizando, incapaz de moverse y con signos evidentes de haber sufrido daños intencionados. No cualquier tipo de tortura: hablamos de violencia sexual.

Fue encontrada con heridas muy graves en la zona genital y, aunque la veterinaria que la atendió, Daniela Mignacca, afirmó en una entrevista que no se puede asegurar con certeza que hubiera violencia sexual, todo apunta a que sea así.

Todos la conocían: era una gata de la colonia del barrio Tor Tre Teste, en la periferia de Roma. Como en otras colonias felinas, los vecinos y voluntarios la cuidaban, la alimentaban y la tenían controlada desde hacía tiempo. Sin embargo, ese 23 de marzo la encontraron al borde de la muerte.

Simona y su hijo la recogieron de inmediato y la llevaron al Centro Veterinario Specialistico de Roma. Rosi ingresó en la clínica en condiciones gravísimas, con riesgo real de morir.

Una violencia brutal

Al poco de ser ingresada, la Lega Nazionale per la Difesa del Cane y otras asociaciones publicaron vídeos y notas hablando de una "violencia brutal" y pidiendo ayuda para pagar las curas y encontrar donantes de sangre.

Tuvieron que colocarle una sonda gástrica porque no podía alimentarse sola. Según los informes de la clínica, presentaba una infección muy fuerte, un recuento alto de glóbulos blancos y graves daños intestinales. Durante varios días su pronóstico fue "reservado" y se informó de que, aunque estaba estable, no mejoraba como se esperaba.

La ola de indignación en internet facilitó la organización de un movimiento colectivo y, el 3 de abril, las calles de Roma se llenaron de gritos contra la violencia hacia los animales. "Justicia para Rosi", se leía en los carteles que avanzaban en el cortejo.

La manifestación se celebró en el mismo lugar donde se encontró a Rosi agonizando, porque no se puede mirar hacia otro lado.

El caso llega a la Cámara de Diputados

El diputado Francesco Emilio Borrelli (Alleanza Verdi–Sinistra) llevó el caso de Rosi a la Cámara de Diputados, con un discurso duro en el que habló de "crueldad inaudita" y de fracaso de las políticas actuales contra el maltrato animal.

En su intervención dijo que lo ocurrido a Rosi no es solo un acto contra un animal, sino un "síntoma de una deriva social peligrosa", y pidió leyes más severas, más personal preparado y que los casos de maltrato no se archiven con facilidad.

En redes y en sus declaraciones, Borrelli insistió en que "están aumentando los casos de violencia contra los animales" y que esto debe tratarse como una emergencia real, no como un tema menor.

Asociaciones como LNDC y OIPA reforzaron esa idea: señalaron que lo de Rosi no es un caso aislado, sino la punta del iceberg de un problema estructural, y que quien es capaz de hacer esto a un animal puede ser peligroso también para las personas.

Una nueva vida

Hoy, después de 13 días de ingreso, se informó de que Rosi está fuera de peligro, con evolución positiva y comiendo sola. Desde todo el mundo llegaron solicitudes para adoptarla, pero su cuidado le pertenecía a otras personas. Ahora descansa, lejos del ruido violento del mundo ahí fuera, en casa de Simona y su hijo.

El caso fue denunciado por la Lega Nazionale per la Difesa del Cane (LNDC) y por el consejero de Medio Ambiente y Bienestar Animal de la Ciudad Metropolitana de Roma, Rocco Ferraro, ante la Fiscalía.

Los carabinieri han adquirido las imágenes de las cámaras de vigilancia de la zona de Tor Tre Teste y están recogiendo testimonios de vecinos y posibles testigos. La persona que ha cometido esta violencia sigue libre, y esto no es solo una responsabilidad "animal".

Las asociaciones piden que, una vez identificado el autor, se le acuse de maltrato animal agravado y se reconozca su peligrosidad social, lo que podría implicar penas de cárcel de 6 meses a 2 años y multas de 5.000 a 30.000 euros.

El abogado de LNDC, Michele Pezone, advierte que, con penas tan bajas, es relativamente fácil evitar la cárcel mediante mecanismos de suspensión del proceso con trabajos o medidas alternativas.

Reforzar las leyes

Con la llamada "Legge Brambilla" se han endurecido varias normas; sin embargo, todavía no es suficiente. Sigue faltando un delito autónomo de violencia sexual contra los animales, que reconozca específicamente la gravedad de estos actos, y un aumento de las penas mínimas.

En los últimos días, algunos políticos italianos, como Michela Vittoria Brambilla y Francesco Emilio Borrelli, han alzado la voz, justificando la necesidad de reforzar estas leyes y tratar la violencia contra los animales como una emergencia penal y social.

El caso de Rosi se ha convertido en un emblema, como la perra Orelha, cuya muerte movió las calles de Brasil, Bob, Benji y todos los demás animales que cada día necesitan amparo frente a las manos humanas.

La situación es urgente. No se puede permanecer en silencio ni ser indiferente ante estas situaciones. Todas las víctimas de violencia, abusos y malos tratos necesitan una voz que grite fuerte.