Dos perritos jugando en el agua.

Dos perritos jugando en el agua. Cristina Villarino

Mascotario

Entra en vigor: la Ley de Bienestar Animal multa con 50.000 euros si no denuncias la pérdida de tu mascota en 48 horas

Si tu mascota se escapa y no actúas como exige la ley, ya no se considera solo “un despiste”: puede ser tratado como abandono.

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En algunas ciudades más pequeñas, muchos animales están acostumbrados a entrar y salir de las casas cuando quieren. Sin embargo, los dueños de animales no son tan conscientes de lo que puede suponer que tu gato no vuelva.

Que un perro o un gato se escape puede ocurrirle a cualquiera: un portón mal cerrado, un susto por un petardo, una correa que se suelta. La Ley de Bienestar Animal no te sanciona por el simple hecho de que haya una fuga puntual, pero sí es muy estricta con lo que haces a continuación.

La legislación es clara: si tu animal desaparece, tienes la obligación legal de moverte para encontrarlo y, sobre todo, de comunicar la pérdida a las autoridades en un plazo concreto. Establece que debes denunciar la pérdida o sustracción de tu animal en un máximo de 48 horas desde que te das cuenta de que ha desaparecido.

Esta comunicación sirve para que el animal quede registrado como perdido, activar los protocolos de recogida y evitar que, si aparece sin identificar o en la calle, se interprete que ha sido abandonado. No hacerlo es lo que convierte una fuga en un problema jurídico serio.

De fuga a abandono

Cuando el propietario no avisa en ese plazo, la Ley 7/2023 permite encajar la situación dentro de las infracciones graves, equiparando la omisión a una forma de abandono.

A ojos de la norma, si no comunicas que el animal se ha perdido ni haces lo razonable por recuperarlo, estás renunciando de facto a tu obligación de cuidado. Esa es la frontera entre "mi perro se ha escapado y lo estoy buscando" y "mi perro se ha ido y no me importa".

Ya ha entrado en vigor la posibilidad de multar a los dueños cuya mascota se fuga y no presentan denuncia o aviso dentro de ese plazo. La administración puede interpretar entonces que se trata de un abandono encubierto, aunque el propietario alegue después que "no sabía" que debía comunicarlo.

La multa

Las infracciones graves de la Ley de Bienestar Animal se sancionan con multas de entre 10.001 y 50.000 euros. Dentro de ese rango se mueve el castigo por no denunciar la pérdida o sustracción del animal, cuando se considera que se ha producido un abandono o una dejación grave de responsabilidades.

La cuantía exacta depende de factores como la reiteración, el daño causado, las circunstancias del caso y si se aprecia especial desinterés o despreocupación por el bienestar del animal.

Aunque en la práctica muchas sanciones puedan situarse en la parte baja del tramo, el techo de 50.000 euros muestra hasta qué punto el legislador quiere disuadir de conductas que se parezcan a abandonar a una mascota.

No es una simple multa administrativa menor, sino una respuesta pensada para remarcar que perder un animal y "mirar hacia otro lado" es inaceptable.

Qué deberías hacer si tu mascota se escapa

A efectos legales, lo más importante es actuar rápido. En cuanto detectes la fuga, lo recomendable es:

  • Avisar a tu veterinario o al registro donde está dado de alta el microchip, para que conste como animal perdido.

  • Presentar una denuncia o comunicación de pérdida ante la policía local, Guardia Civil (Seprona) o el servicio autonómico/municipal competente en bienestar animal.

Con esos pasos demuestras que no hay intención de abandono, que asumes tu responsabilidad y que colaboras con las autoridades para recuperar al animal. Eso no solo te protege jurídicamente, también aumenta las posibilidades reales de encontrarlo si alguien lo recoge o lo lleva a un centro.

La Ley de Bienestar Animal obliga a cambiar la forma de pensar de muchos propietarios. Antes, algunas personas dejaban pasar días sin hacer nada cuando su gato o su perro desaparecía, confiando en que "ya volverá" o resignándose.

Ahora, esa pasividad tiene consecuencias legales claras. La fuga de una mascota deja de ser un asunto privado y pasa a ser una cuestión en la que la administración exige una mínima diligencia: comunicar, buscar y asumir la responsabilidad.