Dos delfines en medio del mar.

Dos delfines en medio del mar. Istock

Mascotario

Venn Watson, científica estadounidense: "Los delfines también padecen Alzheimer pero con otros síntomas"

En 2025, un estudio analizó 68 muestras de cerebro de 19 delfines mular de la Marina, para cuantificar cómo cambian con la edad.

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Ya se sabía que los delfines son mamíferos con cualidades muy parecidas a las nuestras: se reconocen a sí mismos, tienen una autoconciencia temprana, tienen amistades y relaciones jerárquicas y comparten los cuidados de crías.

Además, es sorprendente cómo usan vocalizaciones complejas con silbidos individuales, que funcionan como nombres, permitiendo llamarse unos a otros de forma específica. También muestran dialectos de grupo y aprendizaje vocal, y sus patrones acústicos se ajustan a leyes estadísticas que también aparecen en lenguajes humanos.

Ahora están empezando a revelar algo aún más increíble e inquietante a la vez: sus cerebros viejos muestran marcas muy parecidas a las del alzhéimer humano. Esto los convierte en un espejo incómodo de cómo la contaminación y el envejecimiento pueden dañar a los mamíferos de larga vida.

El cerebro del delfín

Durante décadas, se pensaba que la enfermedad de Alzheimer era casi exclusiva del ser humano, pero estudios recientes han cambiado ese paradigma al examinar cerebros de delfines varados y de delfines de la Marina estadounidense.

En 2023, un trabajo en European Journal of Neuroscience analizó los cerebros de 22 odontocetos (incluyendo varias especies de delfín oceánico) y detectó en todos los animales viejos placas de beta‑amiloide, una de las señas histológicas del alzhéimer.

En tres de esos animales se observó la combinación completa de rasgos "tipo Alzheimer": placas de beta‑amiloide, acumulación intraneuronal de tau hiperfosforilada, hilos neuríticos y gliosis, es decir, una respuesta inflamatoria de microglía y astrocitos en el tejido cerebral.

Los autores concluyeron que estas especies de delfín desarrollan de forma espontánea una neuropatología parecida a la del alzhéimer humano, aunque no podamos afirmar que sufran exactamente los mismos síntomas cognitivos y conductuales que vemos en pacientes humanos.

Un nuevo estudio

En 2025, un estudio liderado por Stephanie Venn‑Watson analizó 68 muestras de cerebro de 19 delfines mular de la Marina, con el objetivo de cuantificar cómo cambian las placas de beta‑amiloide y la neuroinflamación con la edad.

Los resultados mostraron que, al igual que en humanos, la región del hipocampo —clave para la memoria— es donde se acumula la mayor densidad de placas, y que esa carga aumenta con la edad de los delfines.

El trabajo también midió marcadores de inflamación, encontrando microglía activada (CD68 positiva) en el hipocampo, lo que indica un entorno inflamatorio crónico asociado al envejecimiento cerebral.

Además, el estudio ligó estos hallazgos a factores metabólicos compartidos con los humanos, como la diabetes tipo 2, la ferroptosis y la sobrecarga de hierro, y exploró el papel potencial de un ácido graso (C15:0) con efectos neuroprotectores frente a placas y neuroinflamación.

Resistencia a la insulina humana

Los delfines comparten con los humanos varias características biológicas. En revisiones sobre su metabolismo de carbohidratos ya se ha mostrado que los delfines pueden desarrollar alteraciones similares a la resistencia a la insulina humana, algo que hoy se sabe que eleva el riesgo de deterioro cognitivo y alzhéimer.

Sin embargo, los expertos insisten en un matiz esencial: hablar de "alzhéimer en delfines" es una simplificación, porque, aunque veamos las mismas huellas histológicas (placas, ovillos, inflamación, TDP‑43), no disponemos de pruebas conductuales y cognitivas equivalentes a las pruebas neuropsicológicas humanas.

Lo prudente es decir que los delfines desarrollan neuropatología tipo Alzheimer y que eso ofrece una ventana única para estudiar cómo factores ambientales y metabólicos pueden converger en la degeneración cerebral de mamíferos inteligentes.

Más que una anécdota biológica, los delfines funcionan como especies centinela: si ellos, con cerebros grandes y longevos, empiezan a mostrar patrones de daño similares a los del alzhéimer en ambientes cargados de contaminantes, es razonable preocuparnos por lo que podría ocurrirnos a nosotros en un océano cada vez más alterado.

Lejos de ser un simple titular alarmista, la investigación en neuropatología de delfines está convirtiéndose en un campo clave para entender cómo el cambio climático, la eutrofización y la contaminación química se traducen en un "envejecimiento tóxico" del cerebro de los mamíferos que dependen del mar.